La vuelta de Soda Stereo: sí, se puede, el tema siempre es el cómo

¿Se puede volver de la muerte el mismo día que esta ocurre? Sí, se puede. Por alguna conjunción que se dio a concretar el domingo pasado, cuando en horas de la mañana local se conoció la noticia del fallecimiento de uno de los grandes bateristas de la historia del rock (Ginger Baker), aquellos que concurrimos…

La vuelta de Soda Stereo: sí, se puede, el tema siempre es el cómo

¿Se puede volver de la muerte el mismo día que esta ocurre? Sí, se puede. Por alguna conjunción que se dio a concretar el domingo pasado, cuando en horas de la mañana local se conoció la noticia del fallecimiento de uno de los grandes bateristas de la historia del rock (Ginger Baker), aquellos que concurrimos a ver alguna función de Joker en la misma jornada fuimos sacudidos por la inclusión de White Room, clásico de Cream, en una escena clave de la película. Ahí, los palillos se mueven en un ritmo de 5/4 adaptado por el brillante e irascible Baker, entre la voz del bajista Jack Bruce, el wah wah de Eric Clapton y la letra del poeta Pete Brown sobre alguien que espera en una habitación blanca “donde las sombras huyen de sí mismas”. Escalofriante.

Pese a las ganas de Miles Copeland, Cerati se largó como solista. Foto: Fernando de la Orden.

¿Se puede componer, interpretar y grabar música luego de la pérdida de un hijo? Sí, se puede. Nick Cave ya lo había hecho en Skeleton Tree (2016) y no deja de hacerlo en Ghosteen, otro álbum-réquiem dedicado a su hijo Arthur, subido la semana pasada. En todo el mundo, de Cochabamba a Jakarta, desde Borneo a Catamarca, críticos y fans se dan la mano para adjetivar y ponerle un “10” a una música que sólo podría ser juzgada en su propio subgénero (elegía) y contexto. Siento que esta versión musical de La habitación del hijo (la película de Nani Moretti, 2001) inhabilita cualquier calificación y me recuerda al lungo australiano, un elegante junco humano ostentando una amabilidad infrecuente, intentando incorporarse para hablar de Arthur en una sala de conferencias del Four Seasons porteño, hace un año ya. Esa suerte de templanza que sólo genera lo irreversible: esa resignación de artista-Sísifo, intentando llevar a diario su dolor cuesta arriba, adivinando el desenlace de todo optimismo al respecto.

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¿Se puede volver al ruedo sin la presencia del compositor/cantante/líder/alma? Sí, se puede. Es legal. Soda Stereo ya anunció las fechas de su regreso, con una serie de cantantes, y la presencia de Zeta Bosio y Charly Alberti, más la anuencia (y participación) de Benito Cerati, con una demanda de venta de tickets que certifica el atractivo de la oferta. Así, los indignados patalearán y los interesados comprarán, como es lógico.

Veintiún años atrás me tocó estar en una sala del Sheraton Hotel donde un hombre vestido de policía intentaba seducir a una estrella de rock en estado absolutamente casual, tanto de look (el outfit de la foto que acompaña culminaba en llamativas bermudas) como de intenciones. Miles Copeland, mánager histórico de The Police, quería que de alguna manera Gustavo Cerati reemplazara a Sting en una nueva versión de la banda inglesa, para una gira Latinoamericana.

Gustavo había participado, junto al guitarrista Andy Summers, del disco tributo Outlandos D’Americas, con una versión castiza de Bring on the Night. “Bueno, ya sé que depende de los músicos y los tiempos, ¿no Gustavo?”, tiraba anzuelos Copeland, mientras el ya entonces ex Soda (había pasado un año desde el “gracias totales”) fumaba y ponía las zapatillas sobre una ovalada mesa de cedro.

Era, en todo caso, una suerte de reality de la no-noticia. Cerati, mientras tanto, contaba que no tenía ganas de impulsar un probable tributo a su ex banda y seguía sonriéndole como Garfield a los guiños del empresario. Cuando el hermano de Stewart Copeland dejó la sala, Cerati soltó el off the record: “Estoy en otra, muy entusiasmado con hacer mi propia historia, y no está en mis planes ser otra cosa que yo mismo”. Que conste en actas, entonces, qué podría pensar el hoy ausente sobre su propia ausencia.

JB

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