Y un día Taylor Swift volvió a ver la luz y creó Lover, el mejor disco de su carrera

Primera certeza: a Taylor Swift le queda mejor el perfil luminoso de Lover que el oscuro de otros trabajos suyos.Segunda certeza: cuanto más simples y directas son sus canciones, como ocurre con muchas de Lover, mejor luce su calidad de intérprete. Newsletters Clarín Lo más leído del día | Enterate de qué se habló hoy para no quedarte…

Y un día Taylor Swift volvió a ver la luz y creó Lover, el mejor disco de su carrera

Primera certeza: a Taylor Swift le queda mejor el perfil luminoso de Lover que el oscuro de otros trabajos suyos.

Segunda certeza: cuanto más simples y directas son sus canciones, como ocurre con muchas de Lover, mejor luce su calidad de intérprete.

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Tercera certeza: en Lover, la cantante y compositora encontró inmejorables compañeros de ruta -fundamentalmente en Jack Antonoff-para su nueva aventura.

Cuarta certeza y definitiva: Lover es el mejor disco que haya hecho Taylor Swift desde su debut, con Taylor Swift, hasta la fecha. Y eso quiere decir que se trata de un muy buen disco.

La vida color de rosa. Así es la tapa de “Lover”, el nuevo álbum de Taylor Swift.

Lover son 18 canciones con las que Taylor Swift parece haber dejado atrás los ánimos de vengaza y el estado de dolor, para concentrarse en sus luchas en el aquí y ahora, con una buena carga de optimismo y en un registro musical tan profundo como cristalino y accesible, con exclente resultado.

De alguna manera, Lover marca también el cierre de un recorrido que a partir de 2014 la llevó a recorrer diferentes formas del pop, para reconcoliarse con su esencia country, ahora enriquecida por toda esa cosecha de información.

Y en ese marco, los puntos muy altos son muchos. Desde la tríada inicial I Forgot The You Existed/Cruel Summer/Lover a Daylight, la bellísima balada que cierra el álbum, Swift combina equilibradas dosis de frescura, madurez, aparente ingenuidad y, definitivamente, una clara decisión de ocuparse de lo importante. Entre otras cosas, de ella y los suyos.

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“Olvidé que existís/No es amor. No es odio/Es ólo indiferencia”, canta en I Forgot…, una especie de declaración unilateral del fin de hostilidades con todo lo que le hizo mal alguna vez. Y lo hace con tanto desenfado que da ganas de felicitarla por haber dado ese paso

Cruel Summer, para la que sumó a Annie Clark (St. Vincent), además de Antonoff, es una historia desamorada condensada en el formato de una canción sin fisuras; Lover, en cambio, es una deliciosa declaración de amor que Swift potencia de manera exponencial; Swift despliega una contundente poética feminista feminista en The Man -“estoy enferma de correr tan rápido como puedo/preguntándome si sería más rápida si fuera un hombre”.    

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“La gloria (norte)americana se destiñó frente a mí/Ahora me siento desesperanzada”, canta en Miss Americana & The Heartbreak Prince, mientras un colchón sonoro de múltiples texturas es atravezado por un beat en mid-tempo y voces que son somo destellos. Y cuando una apenas perceptible amenaza de amesetamiento sobrevuela la escucha, Paper Rings la disipa de inmediato, en una especie de pop ramonero, con varios “Hey! Ho!” y un “1 – 2 – 3 – 4” que le queda bárbaro al plan.

Otra tríada fantástica: London Boy, con la voz de Paul McCartney invitando a dar una vuelta en su scooter, y su tempo ni muy rápido ni muy lento que admite el reemplazo de sus programaciones y capas sonoras por una guitarra de fogón; la preciosa y conmovedora Soon You’ll Get Better, en la que canta a guitarra y apenas algo más, junto a las Dixie Chicks, su esperanza frente a la lucha que su madre mantiene contra el cáncer; el sonido de la voz de Taylor en diálogo con un saxo que suena puro, cantando en False God que “la religión está en tus labios/aún si es un falso Dios”, todavía lo adorarían. 

Estrenada el pasado 14 de junio como adelanto del disco, You Need to Calm Down no necesita presentación. Es, por construcción de sonido; por temática, ahí donde la diversidad talla en el álbum; por letra e interpretación, una obra maestra pop por donde se lo escuche, y mire.

De lo que resta para llegar al final, posiblemente Afterglow y ME! sea de lo menos atractivo del viaje. Pero no pasa lo mismo con el regreso a su infancia que la artista plantea en It’s Nice to Have a Friend. Otra vez, con los sentimientos ahí, apenas cubiertos por un drum steel, un corno y un coro que flota en el aire y hace eco.  

Y mucho menos con Daylight, acaso una declaración de principios con forma de balada. “Quiero ser definida por las cosas que amo/No las que odio/No las que temo/Las que me obsesionan en el medio de la noche./Sólo creo que sos lo que amás”, recita sobre el final.

Y todo indica que en Lover Taylor Swift encontró cómo lograrlo.  

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