El “viaje” irremediable de la fiesta a la muerte

Cada día, temprano, Samir desayunaba con su padre Darío en el hogar de barrio Lamadrid y juntos repasaban el plan de parquizaciones para ese día. El hombre, que también trabaja en Defensa Civil, hacía meses que lograba que su hijo mayor se compenetrara con ese trabajo que la mayoría de las veces los llevaba a…

El “viaje” irremediable de la fiesta a la muerte

Cada día, temprano, Samir desayunaba con su padre Darío en el hogar de barrio Lamadrid y juntos repasaban el plan de parquizaciones para ese día. El hombre, que también trabaja en Defensa Civil, hacía meses que lograba que su hijo mayor se compenetrara con ese trabajo que la mayoría de las veces los llevaba a distintos domicilios ubicados en countries de la ciudad de Córdoba.

Samir Andrés Velázquez tenía 20 años, y si bien había terminado de cursar el secundario en la escuela William Morris, aún debía algunas materias que le habían quedado “colgadas”.

Hace un tiempo, recuerda su padre, el joven comenzó a tener problemas con el consumo de drogas. “Al principio yo no quería saber nada. Pero, como continuaba, comencé a escucharlo sin escandalizarme”, recuerda hoy Darío.

Víctima fatal. Samir Andrés Velázquez tenía 20 años. (Facebook)

“Mi hijo estaba en un pozo, sin trabajo”. Hace dos años, fue demorado durante algunas horas luego de que intentó evitar un control policial callejero. Para su familia, tocó fondo.

De a poco, el padre comenzó a ayudarlo. Samir era muy amiguero, le gustaba la música de todo tipo y había comenzado a ir al gimnasio detrás del crossfit. La idea de trabajar junto con su padre en la parquización lo fue entusiasmando cada vez más.

Ya en los últimos meses, salía de noche cada vez menos. De lunes a sábado, temprano, tenía que ir a plantar flores, retocar plantas y árboles y dejar el pasto en condiciones. Ya esquivaba hasta salir tarde los viernes. Y en una cuenta bancaria depositaba a modo de ahorro el 30 por ciento de cada paga.

Las fiestas electrónicas eran su predilección. Más de una vez le dijo a su padre cómo conseguía allí éxtasis y los “viajes” que se daba. El hombre, cuando podía, intentaba disuadirlo. Él le replicaba que no pasaba nada, que era una sola vez cada tanto.

Pero Darío no dormía. Siempre esperaba que su hijo, el mayor de cuatro hermanos, le avisara cuando regresaba.

Teléfono

El domingo último a la madrugada, un familiar lo llamó. “Samir está muy grave”, le dijo. El papá llegó en contados minutos al hospital Florencio Díaz, de barrio José Ignacio Díaz, donde su hijo ya estaba muerto. Habían pasado pocos minutos de las 4 y Darío aún no lograba descifrar lo que estaba ocurriendo.

Esa noche, Samir, un familiar y un amigo en común se habían subido a un auto para ir a una fiesta electrónica ilegal en barrio Los Boulevares. Pero cuando estaban cerca, por WhatsApp les avisaron que el after se cambiaba de domicilio.

No necesitaron preguntar más, ya sabían cómo llegar al nuevo destino: una casona ubicada en Camino a 60 Cuadras, en la periferia sur de la ciudad. No era la primera vez que iban hasta ahí.

Llegaron temprano para la dinámica allí propuesta. Samir pronto se encontró con dos grupos de amigos entre los 200 asistentes que a esa hora ya habían ingresado. Recién después de las 5 iba a llegar el grueso de la concurrencia.

Samir se separó de su familiar y del amigo en común que se quedaron sobre una barra. El joven iba y volvía.

Darío asegura que fue entonces cuando se acercó a su familiar y le dijo: “Mirá lo que conseguí, me vendieron dos”. Les mostraba pastillas de éxtasis.

Consumió una y guardó la otra en su billetera.

Cerca de las 4, el familiar dijo que era hora de volver. Buscó a Samir y lo encontró ya con la mirada perdida. Tuvo convulsiones y cayó al suelo. Alguien que parecía médico (ahora se sospecha que no lo era) intentó reanimarlo.

Todo surge de acuerdo con el relato que Darío y la Justicia están aún reconstruyendo a partir de diversos testigos.

Samir nunca más regresó de aquel “viaje”. “Al hospital llegó muerto”, remarca su padre.

En la fiesta rápido corrió la noticia de su muerte.

En el Florencio Díaz, en medio del estupor, Darío comenzó a pedirles a los policías que fueran hasta la casona de Camino a 60 Cuadras. “Me dijeron que no sabían llegar”.

Junto al familiar, se subieron a un auto y les dijeron a los agentes que los siguieran. Cuando llegaron al lugar, aún estaba oscuro. Eran las 5, pero ya no había música y todo estaba en silencio y cerrado. Como vacío. Detrás de ellos llegaron unos 10 autos repletos de jóvenes que pensaban seguir la noche en el after. Lo clandestino a la vista de cualquiera… que quisiera ver. “Es muy fácil descubrir dónde están estas fiestas ilegales, dónde se hacen”, denuncia Darío, y deja toda una interpelación a quienes deben controlar y hacer tareas de inteligencia.

El martes el joven fue enterrado en el cementerio La Floresta, camino a Alta Gracia. Esa noche, mirando entre las pertenencias de Samir, el papá encontró una entrada para el encuentro de música electrónica que este fin de semana encabezará el dee jay Hernán Cattáneo en Forja.

Peritajes

Ayer, el resultado de la autopsia llegó a las manos del fiscal Pedro Caballero, quien confirmó que el joven murió a causa de una insuficiencia cardiorrespiratoria.

Para hoy, el funcionario judicial aguarda la devolución oficial de un peritaje clave: el toxicológico, que permitirá establecer qué droga había ingerido Samir la madrugada en la que murió. También se cotejará con la pastilla que quedó en su billetera.

Cada nuevo indicio que se agrega al expediente fortalece aún más la presunción del domingo a la madrugada: murió a causa de la ingesta de éxtasis. Aunque tampoco se descarta un cóctel de policonsumo.

En paralelo, el fiscal del fuero de Narcomenudeo Carlos Cornejo intenta establecer si en la fiesta ilegal se comercializaron drogas.

Entre hoy y mañana serán trasladados desde la Cárcel de Bouwer hacia la fiscalía de Tribunales 2 los cuatro imputados que por el momento tienen las dos causas: Ricardo Marconi (56), Alejandro César Aguirre (36) y Gonzalo Omar Ortiz (35) están acusados de homicidio culposo y facilitación de lugar para el consumo de estupefacientes, mientras que Ariel Antonio Carlettini (49) fue imputado del delito de homicidio simple con dolo eventual y ejercicio ilegal de la medicina.

En la causa se sostiene que la productora que organizó la fiesta ilegal fue Jounery y que el evento se denominó “Peca2”.

Pero en ambas fiscalías todavía no han logrado determinar quién es el actual dueño de la casona donde se realizó la rave.

El exfuncionario delasotista y actual diputado por el Parlasur, Herman Olivero, asegura que la vendió hace siete años. Fuentes de la investigación indicaron que se trata de establecer si fue el Sindicato Gastronómico en Córdoba el que la compró, algo que todavía, a más de 90 horas de la tragedia, no se ha logrado precisar.

Mientras tanto, en medio de su conmoción, a Darío se le amontonan las preguntas y las suspicacias. Y piensa cómo él desde el dolor puede comenzar a organizarse para que ningún padre sea despertado de nuevo, de madrugada, con la noticia de que su hijo acaba de viajar de manera irremediable desde la fiesta hasta la muerte.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 10/10/2019 en nuestra edición impresa.

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