La Argentina es el país de la región que más limita el acceso a los datos educativos

¿Estigmatiza o no estigmatiza? ¿Está bien que los resultados de la prueba Aprender de todas las escuelas se hagan públicos y se pueda armar, así, un ranking de colegios? ¿Los padres tienen derecho a acceder a esta información para “decidir mejor” a qué escuela mandan a sus hijos? ¿O, por el contrario, se corre el…

La Argentina es el país de la región que más limita el acceso a los datos educativos

¿Estigmatiza o no estigmatiza? ¿Está bien que los resultados de la prueba Aprender de todas las escuelas se hagan públicos y se pueda armar, así, un ranking de colegios? ¿Los padres tienen derecho a acceder a esta información para “decidir mejor” a qué escuela mandan a sus hijos? ¿O, por el contrario, se corre el riesgo de señalar y discriminar a los alumnos de los sectores más desfavorecidos?

Todas estas preguntas volvieron a ponerse en debate público la semana pasada, cuando Clarín informó que un fallo de la Cámara Federal de Salta exigió al Ministerio de Educación nacional que entregue a un particular todos los resultados por escuela de esa provincia. La Ley Nacional de Educación lo prohíbe taxativamente. El Ministerio de Educación apeló y ahora es la Corte Suprema la que tiene la palabra.

Más allá de lo que finalmente decida la Justicia, desde el Observatorio Argentinos por la Educación quisieron “contribuir” a este debate y presentaron un informe, cuyo autor es el especialista Mariano Narodowski, del que se desprenden dos cosas relevantes. Primero, que la Argentina es, junto a Paraguay, el país de la región que más limita por ley el acceso a estos datos.

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Segundo, que este debate es bastante más complejo. El informe muestra que, según las investigaciones internacionales, publicar la información por escuela puede tener beneficios (por ejemplo, alentar mejoras escolares), pero también riesgos (como estigmatizar escuelas de bajos resultados). Pero al mismo tiempo que hay soluciones o fórmulas para publicar la información sin discriminar.

Es sabido que los resultados de los alumnos dependen directamente del nivel socioeconómico y de escolarización alcanzado por sus familias. Por lo tanto, bajos niveles de desempeño en una escuela no necesariamente implican una mala gestión pedagógica de esa institución.

Narodowski propone, entones, que al comparar los resultados de las escuelas se tenga en cuenta los contextos sociales y de recursos de cada institución. Y dice que, en ese sentido, el mejor modelo es el creado por Brasil en 2007 -presidencia de Lula- cuando se implementó el Índice de Desarrollo de la Educación Básica (IDEB), que sigue hasta la actualidad.

El IDEB corrige los resultados de las evaluaciones por el nivel socioeconómico de los alumnos y las características sociales de la escuela. Y así lo que refleja son los logros y aprendizajes de los alumnos en cada colegio.

En cuanto a las limitaciones de datos por país, el informe del Observatorio muestra que en la Argentina y el Paraguay sólo los directores y docentes de una escuela tienen acceso a los datos que surgen de esa escuela. En el país reciben la información en un informe que comparada los resultados de ese colegio con el promedio de su zona, provincia y país.

En Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y México, en tanto, el público general sí puede acceder a los datos por escuela. Es lo que pidió la persona que fue a la Justicia en Salta. En estos países y en Perú, las familias y los estudiantes (la comunidad educativa) también tienen acceso a los datos de su escuela. Ecuador es el único país de la región que publica información de los estudiantes, pero solo de aquellos cuya calificación sea sobresaliente.

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“En este escenario, lo peor que puede pasar es que la publicación o no de los datos de Aprender quede reducida a una decisión de los tribunales, sin intervención superadora de la política educativa”, dice el documento del Observatorio.

“Una porción de la literatura especializada muestra mejoras de aprendizaje de los alumnos luego de implementar políticas de difusión de resultados por escuela. Otra porción encuentra algunos efectos no deseados. En otras palabras: no hay soluciones mágicas y hace falta un enorme trabajo de la política pública basada en la seriedad y el rigor técnico”, concluye.

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