El Frente de Todos no logra sellar la unidad en el Senado

Un grupo de senadores del PJ se resiste a seguir la conducción de Cristina, quien presidirá la Cámara; la falta de directivas de Fernández aumentó la tensión; podrían quedar dos bloques Fuente: Archivo – Crédito: Hernán Zenteno La fuerte resistencia de un amplio sector de senadores peronistas a someterse a la conducción de Cristina Kirchner…

El Frente de Todos no logra sellar la unidad en el Senado

Un grupo de senadores del PJ se resiste a seguir la conducción de Cristina, quien presidirá la Cámara; la falta de directivas de Fernández aumentó la tensión; podrían quedar dos bloques Fuente: Archivo – Crédito: Hernán Zenteno

La fuerte resistencia de un amplio sector de senadores peronistas a someterse a la conducción de
Cristina Kirchner amenaza fracturar al
Frente de Todos aún antes de que pueda llegar a constituirse como la bancada oficialista en la Cámara alta.

La crisis se agudiza cada día más a medida que se acerca el 10 de diciembre y en el Bloque Justicialista, que preside
Carlos Caserio (Córdoba), siguen sin tener una definición de
Alberto Fernández sobre cómo se vertebrará el conglomerado oficialista en el
Senado.

En este escenario, y de no mediar un acuerdo político en los próximos días, Fernández podría iniciar su gobierno con dos bloques autónomos que respondan a las políticas oficialistas. “Si nadie nos dice nada, vamos a tener dos bloques”, advirtió un experimentado senador, tratando de llamar la atención sobre la creciente tensión interna en el PJ del Senado.

Si bien entienden que en este momento el armado legislativo no es prioridad en la agenda de Fernández, la falta de una directiva del presidente electo no hace más que alimentar el convencimiento de los legisladores del
Bloque Justicialista de que quien tomará las decisiones, al menos en el ámbito parlamentario, será
Cristina Kirchner.

Para colmo de males, la expresidenta decidió postergar su regreso de Cuba, previsto para ayer, hasta el próximo domingo. Muchos senadores, incluidos los kirchneristas, esperaban el retorno de la vicepresidenta electa para empezar a hablar del armado legislativo en el Senado, cámara que presidirá la todavía senadora a partir del próximo 10 de diciembre.

Al menos esa era la ilusión que se habían hecho en el bloque que conduce Caserio, que había convocado a sus senadores a una reunión para mañana con la idea de que, con la expresidenta ya en el país, tendrían algunas precisiones sobre el futuro.

“Cada vez veo más difícil que haya ni siquiera un interbloque, aunque sabemos que las definiciones van a venir de arriba”, le dijo a
LA NACION otro senador. De esta manera, negó la posibilidad de que la solución la encuentren los propios senadores.


El cordobés Caserio se reunió con Fernández Fuente: Archivo

Señales inquietantes

“Marcelo no tiene ninguna autonomía”, sostienen en el Bloque Justicialista sobre el papel de Marcelo Fuentes, senador por Neuquén y presidente del bloque del Frente para la Victoria, como interlocutor con la otra mitad del conglomerado peronista de la Cámara alta.

Si bien reivindican su apoyo a Fernández, la mayoría de los senadores que integran el Bloque Justicialista son sucesores de la política de resistencia a los dictados de Cristina Kirchner, que fue la génesis de la bancada que creó Miguel Pichetto para escindir a los kirchneristas del bloque peronista a su mando.

Para este sector, desde la victoria del 27 de octubre las señales que llegan desde el kirchnerismo no dejan de ser inquietantes.

A la postergación del regreso de la expresidenta se suman los rumores que indican que la mendocina Anabel Fernández Sagasti sería la elegida para presidir el eventual bloque oficialista del Senado.

Ese lugar es codiciado por Caserio, quien no dudó en afirmar, en declaraciones públicas, que “va a haber dos bloques grandes, Unidad Ciudadana y nosotros, con números similares y entre los que estaremos cerca del
quorum propio”.

El senador cordobés viajó a Tucumán hace dos semanas con Fernández al acto de reasunción de Juan Manzur en la gobernación. Esperaba volver con instrucciones sobre cómo se organizará el futuro oficialismo en la Cámara alta, pero regresó con las manos vacías.

A esto se sumó otra señal inquietante que en el Congreso se leyó como una muestra de poder del kirchnerismo. Ocurrió hace diez días, cuando Sergio Massa organizó una jugada para iniciar el proceso de designación del presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, como defensor del Pueblo.

Una charla telefónica entre Fuentes y su par de la Cámara baja, Agustín Rossi, bastó para hacer fracasar los planes y marcarle a Massa cuáles serán los límites cuando asuma, dentro de un mes, la conducción de Diputados.

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