Un mensaje político al tribunal: no es la única sentada en el banquillo

Al margen del tono aguerrido y los detalles anecdóticos, el descargo que hizo ayer Cristina Kirchner en los tribunales de Comodoro Py dejó un mensaje muy fuerte: la vicepresidenta electa no es la principal acusada en el juicio por presuntas irregularidades en el reparto de obras viales entre 2003 y 2015. El Tribunal Oral Federal…

Un mensaje político al tribunal: no es la única sentada en el banquillo

Al margen del tono aguerrido y los detalles anecdóticos, el descargo que hizo ayer
Cristina Kirchner en los
tribunales de Comodoro Py dejó un mensaje muy fuerte: la vicepresidenta electa no es la principal acusada en el juicio por presuntas irregularidades en el reparto de obras viales entre 2003 y 2015. El Tribunal Oral Federal (TOF) N° 2 está juzgando a una fuerza política que acaba de ganar las elecciones.
En el banquillo de los acusados, dejó claro ella,
está, entre otros, Alberto Fernández, presidente electo, ganador en primera vuelta, con el 48 por ciento de los votos.

Después de desmenuzar su defensa técnica, Cristina resumió esa construcción de sentido en unas pocas frases. “El responsable en materia administrativa y penal es el
jefe de Gabinete, porque es quien ejecuta el presupuesto de la Nación Argentina. Van a tener un problema, porque van a tener que citar al presidente de la República. Pero será interesante escuchar lo que tiene para decirles”, les dijo a los magistrados, a los que obligó a un intercambio de roles.
Ella asumió el papel de acusadora y les cedió a ellos el de acusados.

No es la primera vez que Cristina utiliza el argumento sobre la ejecución presupuestaria en esta causa. La idea no sorprendió a Alberto Fernández. Él mismo se la sugirió, poco después de su reconciliación política. Pero nunca antes lo había hecho en un juicio. Aunque no lo mencionó, el razonamiento de la vicepresidenta electa se aplica también a Sergio Massa, jefe de Gabinete entre 2008 y 2009 y futuro presidente de la Cámara de Diputados. Es con todos.

La estrategia inquieta a algunos dirigentes cercanos a Fernández, que advierten que las batallas judiciales de Cristina serán un condicionante para el gobierno que arranca dentro de una semana. Pero no preocupa al presidente electo. Él sabe desde hace mucho tiempo que defender la inocencia de Cristina es parte de la tarea que se comprometió a llevar adelante al aceptar la candidatura presidencial.

La denuncia de que el juicio es “una obra maestra de
lawfare“, definido por Cristina como una maniobra urdida entre un grupo de jueces y un sector de la prensa para perseguir a líderes de “gobiernos populares”, refuerza la idea de que lo que está en juego desborda por mucho la inocencia o culpabilidad de la expresidenta.

“Cristina es Evo, Cristina es Lula, es Correa”, argumentó un diputado que acompañó a la vicepresidenta electa durante su declaración indagatoria. El razonamiento va incluso más allá: las víctimas no son los líderes de “gobiernos populares”, sino lo que ellos representan. El juicio a Cristina es, de acuerdo con esa interpretación, una batalla por las ideas y por el poder. Lo que digan los jueces es una parte de esa disputa.

Convencida de eso y con el triunfo electoral en la cartera, la vicepresidenta electa da la pelea por el sentido común. “Ella se resiste a la idea de que hay una sola usina de verdad, la del poder real, y por el solo hecho de dar esa pelea la está ganando”, se entusiasmó otro de los dirigentes que la admira. Para librar esta batalla Cristina necesitaba que su descargo se hiciera público. Llegar a la gente sin intermediarios es su fórmula para, ahora como vencedora, escribir parte de la historia.

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