Lorena Paola, la que se negó a besar a Adrián Suar: historia de la ex niña que hoy prueba con la radio

La primera vez que viajó en avión fue para cantar ante 8.000 personas en el Coloso Clemente de San Juan de Puerto Rico. La acompañó en el vuelo Héctor Larrea, a quien escuchaba de fondo cada mañana en Rapidísimo. Tenía nueve años y ni bien aterrizó en la Isla del Caribe, hizo lo suyo sin…

Lorena Paola, la que se negó a besar a Adrián Suar: historia de la ex niña que hoy prueba con la radio

La primera vez que viajó en avión fue para cantar ante 8.000 personas en el Coloso Clemente de San Juan de Puerto Rico. La acompañó en el vuelo Héctor Larrea, a quien escuchaba de fondo cada mañana en Rapidísimo. Tenía nueve años y ni bien aterrizó en la Isla del Caribe, hizo lo suyo sin dolor de estómago ni temblores. “Buenas tardes, mucho gusto”, dijo al público. Las 16 mil palmas sonaron como 200 mil. Cantó El rock del sustantivo y ganó el concurso.

Desde ese triunfo boricua, Lorena Paola está como eternizada por los medios. Y por parte del imaginario colectivo. Quedó como presa involuntaria de esa niñita, de aquel envase, de aquella edad blanca. Como si vieran a la mujer bien plantada, pero les costara soltar esa primera imagen de Shirley Temple criolla. “No hay año en que no titulen: ‘La vuelta de Lorena Paola’. ‘El retorno de Lorena Paola?’. ‘¿Qué fue de la vida de Lorena Paola’, despotrica con humor. “Nunca me fui, nunca dejé de trabajar en esto, con más o menos prensa. Es un cliché que le pasa a muchos. Una fantasía, un mal dato que se viraliza. En casi 40 años nunca paré”. Tal vez así funcione “la negación popular del tiempo”. Si el reflejo de ella está crecido, su público también deberá admitir que ha envejecido.

Como Luis Miguel. Como Roberto Carlos. Su destino es sonar en boca de todos sin apellido, a fuerza de sus primeros dos nombres. Lorena Paola Losavio cumplirá en unos días 46. En su vida se cruzó Santiago del Moro para proponerle otro rumbo. Desde hace unos días es la voz con la que se despiertan millones de oyentes. Se sumó a El club del Moro (de 6 a 10, La 100). Sólo tiene que dar rienda suelta a su máquina parlanchina. Lo demás, puro juego en el programa más escuchado de la FM.

Lorena Paola disfruta de su vida radial. Hace aire desde las 6 en La 100. (Foto: Constanza Niscovolos).

-A veces me desdoblo. Me veo chiquita.

-¿Y qué ves? ¿Qué pensás?

-Qué hermosa era. Esa nena enfrentó a 8.000 personas como si nada.

-¿Del Moro vio en vos ese recuerdo? ¿O qué captó para sumarte a un mundo radial al que eras ajena?

-Le pregunté. Supongo que el hecho de que nunca estoy en silencio.

-¿Y cómo se le ocurrió llamarte?

-En octubre me había convocado para ¿Quién quiere ser millonario? y hubo feedback. A los 20 días, me invitó a la radio, cuando ya se sabía que se iba Lizy Tagliani y había un hueco. Ese mismo día me habló de esta posibilidad. “La radio es magia. Te va a cambiar la vida, Lore”.

-¿Y te la cambió?

-Al día siguiente del debut, en la calle ya me daban la bienvenida. Podría arriesgarme a decir que el rating de una radio así es televisivo. Definen al programa como “la topadora del aire”. Y es así. Yo vivo aclarando que nunca me retiré.

La adorable Lorena Paola en los ’80.

Lorena Paola en Pumper Nic. Lorena Paola en un Torino. Lorena Paola en el Italpark. El ejercicio de revolver en el archivo físico, el que no está en Google, es ver más allá de la nena de enterito de jean. La foto de un país y de un periodismo cruel: “La niña del proceso”, titulaba la revista Libre de 1987. 

Se llama Lorena por el nombre de un personaje telenovelesco que encarnaba Alicia Bruzzo. Nació en el Hospital Israelita, el 20 de diciembre de 1973, a las 8.45. Estudiosa de la astrología, sabe de los eventos celestes y de la ubicación de las constelaciones aquel día: “luna en Escorpio, ascendente en Acuario”, explica. En sus primeros años, el mundo se reducía a Villa del Parque. Su mamá era peluquera, su papá, fotocromista. A sus seis años, mientras merendaba mirando Patolandia, “Pato” Carret anunció un casting para Festilindo. “Lolo”, como la llaman, sintió que desde el aparato en blanco y negro le hablaban a ella.

Jura que fue ella quien pidió que la anotaran. Y que fue la tía la que tranquilizó a la madre: “Llevala para darle el gusto. Total, eligen por acomodo”. Capítulo siguiente, LP llegó a un teatro al que recuerda gigante y quedó última en la fila. Hasta que alguien vio a una enrulada bajita última y pidió que la probaran cantar. Un rock “enchufada a 220” terminó por convencer a la producción. La ganadora estaba frente a sus narices, con poco más de un metro de altura. Debía viajar a Puerto Rico.

Lorena Paola y Alberto Martin en 1982, en “Crecer con papá”.

A su llegada, ya era una figura mediática en miniatura. La entrevistó en el aeropuerto Jorge Jacobson y Mónica y César la invitaron a su programa. Después de Festilindo, en 1982, protagonizó Crecer con papá, con Alberto Martín, la idea original de lo que luego sería ¡Grande, pá! Su padre seguía trabajando como fotocromista y abrió una caja de ahorro para depositar los sueldos de la actriz infantil. Años después le compró a Lorena una casa.

Su madre abandonó el oficio de peluquera y se encargó que la pequeña no se montara en “el barrilete de la fama”. Difícil tarea para quien era la dulzura más disputada de la televisión. “Yo seguía jugando al ring raje en el barrio, una más de la barra”, asegura. Pero no era una más: antes de los diez Paola ya cumplía a la perfección el rol de presentadora de microprogramas junto a la perra Karina.

Ex Pelito, ex De carne somos, ex Festilindo. Ahora, prueba con la radio. (Foto: Constanza Niscovolos).

En 1983 le preguntaban sobre el Presidente Raúl Alfonsín: “Me gusta mucho ese señor, fui al centro a festejar cuando ganó”, decía tierna. Llegó la democracia, poco sabía de la dictadura, pero sí de lo que era una rutina laboral. Ese año cuerpeó el protagónico en cine, junto a Juan Carlos Calabró, Cristina del Valle y Marcos Zucker, Diablito de barrio, y una serie en coproducción con Puerto Rico, con Cristina Alberó y Enzo Viena, Una chispa de amor.

No todos eran aplausos en esa transición democrática. La Liga de Madres de Familia, por ejemplo, salió a opinar con indignación cuando a Lorena la vistieron de mini-vedette para una producción. A medida que se quintuplicaban los contratos, tenía que lidiar con demasiadas expectativas y con el mote de “niña prodigio”: “No era el modelo de niño engominado y académico que tocaba el piano”, aclara. “Lo mío era hacer divertir, desfachatada”.

Pelito, De carne somos, Las comedias de Darío Vittori… Irrumpía la adolescencia y su imagen cambiaba.

Hoy en La 100, en la mañana más escuchada de la FM. (Foto: Constanza Niscovolos).

-¿El público tuvo conflicto con tu crecimiento?

-No uso la palabra conflicto. Con ellos en la calle hay una relación mágica intacta. Tal vez el medio necesitaba de otra gente, pero el conflicto no era con el público. Crecimos juntos, por eso en la calle me siento acompañada.

-¿Cómo fue el tránsito hacia la adolescencia? 

-Yo era gordita, chiquita, y al día de hoy me preguntan: “¿Cómo hiciste para adelgazar?” No sé por qué se vivió el cambio así. No entendieron que yo crecí, me estilicé, me desarrollé, pegué un pequeño estirón y cambió mi cuerpo. Como le pasa a todos. A los 15 empecé a entrenar fitness y a los 20 tenía mi propio gimnasio. Hace 20 años que tengo mi emprendimiento, Entrenarte.  

-¿El primer beso estuviste obligada a darlo en un set de TV?

-No. Resulta que en De carne somos yo tenía 14 y Adrián Suar era mi noviecito. Y no le quise dar un beso. Dije: “Voy a ser como Lolita Torres, que no besaba en ficción por contrato”.

-Pudiste imponerte en un medio tirano…

-Sí. En la escena pareció que nos besamos, pero no. No lo di. Recién di un primer beso a los 17, a un noviecito en Mar del Plata.

Lorena Paola se sumó al ciclo de Del Moro junto a Catherine Fulop.

-¿Alguna experiencia radial que te avale?

-En 2014, de 7 a 12, en Cadena 1 hice una columna de humor que matizaba la densidad política. Y en 2015 pasé por La 100 desde Mar del Plata.

-¿Fuiste como la excepción de esa supuesta regla: “Niño en la tele, adulto traumado e infeliz después”?

-No todo es así. No me gusta generalizar. Depende de las personas. Mirá a Luisana Lopilato, mirá a Eleonora Wexler, mirá a Andrea del Boca. No sé por qué existe ese mito. Así como existe esa tendencia a hacerme volver cuando no me fui. A forzar títulos. Todos los años leo, “¿Te acordás de Lorena Paola?”. Siempre estoy volviendo para ellos. En su momento giré con un musical infantil durante 12 años. Si no voy por un camino, me paso a otro. Pero yo siempre laburé.

Ahora el que habla es Del Moro, su flamante impulsor. ¿Por qué el ojo en ella? ¿Qué fortaleza detectó? No hay demasiada teoría para una corazonada: “Lorena Paola es buena gente”.

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