Cumplen 20 en el 2020: qué tienen en la cabeza los chicos del milenio que entran al mundo adulto

Tienen algunas preocupaciones casi idénticas: el cambio climático tal vez sea la más unánime. Algunos depositan sus esperanzas -aunque no sin miedos- en la conducción de Alberto Fernández que acaba de empezar. Otros dicen que lamentan ser tan jóvenes para decir que creen que ningún político hará algo más que una gestión mediocre. Todos creen…

Cumplen 20 en el 2020: qué tienen en la cabeza los chicos del milenio que entran al mundo adulto

Tienen algunas preocupaciones casi idénticas: el cambio climático tal vez sea la más unánime. Algunos depositan sus esperanzas -aunque no sin miedos- en la conducción de Alberto Fernández que acaba de empezar. Otros dicen que lamentan ser tan jóvenes para decir que creen que ningún político hará algo más que una gestión mediocre. Todos creen ser parte de una generación que está decidida a participar, a involucrarse. “A revolucionar”, dirá una de ellas. No usan el lenguaje inclusivo​, pero lo “bancan”. Sí nombran a mujeres y a varones cuando enuncian: el género masculino ya no es suficiente para decir lo que tengan para decir.

Todos tienen el año 2000 en la partida de nacimiento: fueron bebés cuando el (ya no tan) nuevo milenio despuntaba y ahora, en las vísperas de cumplir 20, empiezan a convertirse en adultos. Clarín reunió a cinco de esos jóvenes: hablaron de sus entusiasmos, de sus proyectos, de sus miedos, y de cómo es tener su edad en un país en el que uno de cada dos niñas, niños o adolescentes vive debajo de la línea de pobreza.  

Candelaria García es de Flores y egresó del Lenguas Vivas en 2018. Empezará a estudiar el profesorado de Inglés en 2020. Fue a entrevistas para trabajos que no consiguió porque le pedían tener experiencia previa. “Es un requisito casi constante y por algún trabajo hay que empezar: todo eso me desmotivó y me costó seguir buscando”, dice. Milita en la agrupación VAMOS: en uno de sus locales, en Chacarita, da apoyo escolar a estudiantes de primaria, un taller de youtubers para chicos de esa misma edad, y uno de rap para adolescentes y jóvenes.

Candelaria García se desmotivó a la hora de buscar trabajo. Da talleres de rap para adolescentes y apoyo escolar para alumnos de primaria. // Germán García Adrasti

Julián Masliah estudia Matemática en la UBA: cursó el CBC de esa licenciatura en sólo un cuatrimestre y ya aprobó también algunas materias de primer año. Había ganado medallas en Olimpíadas internacionales de esa disciplina científica cuando cursaba la secundaria y ahora, ad honorem, participa en la organización de esos certámenes en distintas ciudades argentinas. Aplicó para estudiar en el MIT, de Boston, pero no entró: “Finalmente creo que salió bien lo de quedarme acá: la UBA te da más libertad que otras universidades para ir armando el modo en que querés cursar y estudiar. Te deja un poco solo en eso, pero a la vez es más libertad“, dice. También da clases particulares a estudiantes que se preparan para competencias olímpicas.

Julián Masliah aplicó para estudiar en Estados Unidos, pero se quedó en la UBA: “Creo que resultó bien: la universidad acá te manda a arreglarte solo y eso te da libertad”. // Germán García Adrasti

Selena Rolón vive en Tigre y estudia Psicopedagogía en la Universidad Nacional de San Martín. Dice que le interesa trabajar con niños: “Mi proyecto para el futuro es ser parte de un cambio que pueda dar más oportunidades, que tienda a la equidad contemplando a la educación como un transformador individual y colectivo”, describe. Desde hace un año participa en campañas organizadas por Red Solidaria: una vez por semana les lleva la cena a familias en situación de calle que viven en Plaza de Mayo o sus alrededores. “Yo siempre estoy con los más chicos, es lo que más me gusta. Los capacitamos sobre identidad, el cuidado del cuerpo, el cuidado del otro, cuáles son sus derechos”, cuenta. Da capacitaciones sobre conciencia ambiental en escuelas de la zona en la que vive, y es voluntaria en un merendero. Buscó trabajo pero los que le ofrecieron “eran todos en condiciones precarias de contratación, con sueldos muy bajos o siempre siendo monotributista”, explica.

Selena Rolón estudia Psicopedagogía y es voluntaria en recorridas solidarias por Plaza de Mayo y en merenderos de Tigre, donde vive. // Germán García Adrasti

Felipe Clemente estudia Ciencias de la Comunicación en la UBA. Dice que, después de jardín, primaria y secundaria en una escuela privada en la que tenía tutores y profesores que sabían los nombres de todos los alumnos, la universidad “es un espacio en el que te la tenés que arreglar mucho más por las tuyas”. “A mí me dio mucha más independencia, pero puede dejar afuera a más gente, así como también los costos que hay que sostener para estudiar, por más que la universidad sea gratuita, en un contexto en el que la situación del país es preocupante”, señala. Para juntar experiencia, trabajó en equipos de producción de especiales televisivos de forma gratuita.

Felipe Clemente estudia Comunicación: dice que, a su edad, le da tristeza pensar que ningún político hará más que una gestión mediocre. // Germán García Adrasti

Manuel Ovando fue presidente del centro de estudantes del Lenguas Vivas, donde estudió. Ahora cursa Abogacía y trabaja en el equipo de Comunicación de una legisladora porteña. También en la agrupación VAMOS, militó la campaña presidencial de Alberto Fernández: “Creo que se abre una esperanza con este cambio de gestión. Que se abre la posibilidad de algunas mejoras económicas y de que se consigan nuevos derechos”. En octubre de 2018, para trabajar como “che pibe”, un estudio jurídico le ofreció 6.000 pesos mensuales por 9 horas de trabajo diario. “Era imposible que agarrara, pero porque yo tengo la oportunidad de decir que no“, reflexiona.

Manuel Ovando cree que la política es la gran herramienta para transformar la sociedad. // Germán García Adrasti

“En 2013, tal vez también por la edad que tenía, sentía que mi generación y yo íbamos a tener la oportunidad de comernos el mundo. Pero a partir de ese momento pasaron muchas cosas en el país que nos dejaron a los jóvenes muy caídos. Nos cuesta conseguir trabajo, nos cuesta proyectarnos y la situación es mucho más delicada para muchos otros jóvenes”, dice Manuel. “Creo que somos una generación muy marcada por la lucha, por tener ganas de confrontar eso que no queremos aguantar, como que la educación empeore constantemente, que haya privilegios de clase, que haya hambre o, en el caso de muchas y muchos, el machismo. Esta generación confronta“, suma Candelaria. Para Julián, “históricamente, el grupo etario que va de los 18 a los 25 años suele encabezar grandes cambios; ese dato nos tiene que servir para saber que hay ejemplos que muchas de las revoluciones surgieron de gente que tenía la edad que nosotros tenemos ahora“.

“Proyectar a futuro en un país en crisis es difícil. Casi todos los jóvenes encontramos dificultades para acceder a un primer trabajo, y la oferta suele ser muy precaria. Uno busca empezar a tener independencia pero es difícil, y hay chicos que sí o sí tienen que aceptar las condiciones que sean”, sostiene Selena, y agrega: “Creo que ahora mismo hay un interés por esta población en situación más complicada, pero el tiempo nos dirá si efectivamente hay cambios reales“.

“Creo que uno de los miedos y preocupaciones más presentes en nuestra generación es al cambio climático provocado por el calentamiento global. Los que ahora mismo toman decisiones no van a estar en 2050 o 2060, que es cuando más se sentirán los efectos“, describe Julián. “Entre los que tienen mi edad es uno de los temas más recurrentes, nos preocupa mucho a muchos. A nuestra generación le interesa el otro, luchar por ese otro”, suma Selena, que en sus talleres intenta concientizar sobre cómo amortiguar ese problema.

Chicos del milenio, adultos de hoy. Cinco jóvenes que cumplirán 20 el año próximo, reunidos por Clarín. // Germán García Adrasti

“El feminismo ​y el ambientalismo son dos temas muy presentes en las discusiones que estamos teniendo al interior de nuestra generación. A esta altura, ¿quién no tuvo una conversación sobre por qué comer o no comer carne y los efectos que esto puede tener?”, dice Manuel. Para él, “esta generación se caracteriza por querer movilizarse, y estas son algunas de sus causas”. Candelaria lo resume así: “Los que tenemos esta edad somos los que podemos liderar un poco lo que se viene para frenar ese cambio, que está entre mis mayores miedos: me da miedo la guerra por el agua, necesitar tubos de oxígeno ante la contaminación”.

Para Felipe, “esta generación viene con espíritu de lucha, de emprender y de participar de las discusiones y cambiar algunos rumbos”. “Somos nativos digitales: eso hace que pueda resultar más fácil informarse sobre lo que nos interesa, conectarse con gente que tiene intereses parecidos”, dice. Pero advierte: “Puede ser peligroso leer lo que ya se parece a lo que pensás porque te perdés de cosas”. “Si yo tengo una opinión formada sobre algún tema que me interesa, ya no voy a ir a leer una opinión o fuente que se contraponga a eso porque mi decisión ya está“, sostiene Candelaria. “A veces me doy cuenta de que lo que me ofrece Internet se parece demasiado a una sola manera de pensar, y que conviene consultar varias fuentes para conocer el panorama completo. Pero me doy cuenta recién cuando por trabajo estoy investigando algún tema”, explica Manuel. Todos se informan, en primer lugar, por redes sociales​. “Uso esas redes también para difundir lo que pienso y tratar de concientizar sobre algunos temas que me interesan”, agrega Candelaria.

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Entre las características de su época que la entusiasman, Candelaria describe: “De a poco se deconstruye la mirada sobre aquello que creíamos que eran reglas, empezamos a querer nuestros cuerpos como son, las mujeres nos empoderamos“. Para Manuel, “el entusiasmo está en descubrir que te podés organizar con otros y empezar a transformar la realidad, sin que haga falta estar en la cúpula de la toma de decisiones para generar un cambio”. La política es, según ve él, “la herramienta de transformación social a través de la que se pueden lograr esos cambios”.

A sus casi 20 años, escuchar hablar del ya derrumbado “sueño de la casa propia” les resulta casi tan ajeno como escuchar hablar de un walkman. Dicen, sí, que quieren independencia económica especialmente para poder viajar. Trabajar de lo que les gusta, que el trabajo sea estable y, en algunos casos, “poder devolver algo a la sociedad y generar transformaciones”.

“Es grave que uno de cada dos chicos sea pobre. Estoy en contacto permanente con nenes y nenas que duermen en la calle: están condenados. Hoy en día no veo posibilidades de que sus situaciones cambien rápidamente. Ojalá en el corto y mediano plazo se tomen medidas para que esto empiece a ser de otra manera”, reflexiona Selena. Para Candelaria, “es muy preocupante ese uno de cada dos, que además pone a muchos de esos chicos cerca del consumo de drogas, y a la vez se exponen a situaciones de riesgo para conseguirlas”.

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“Argentina es un país que le pone muchas barreras a quien ya nace en una situación de pobreza, y eso hace que esa pobreza se vuelva estructural. Las oportunidades les terminan llegando a quienes ya estaban mejor que otros antes de recibirlas. La educación primaria y secundaria pública tiene que ser la base para que eso cambie, y creo que no se le está dando pelota a que eso sea así”, reflexiona Julián. Felipe coincide: “Es alarmante esa cifra de pobreza de niños y adolescentes; la educación tiene que ser la oportunidad de lograr la igualdad“.

“Es verdad que la situación del país y de los jóvenes es muy delicada, pero eso no me preocupa sino que me ocupa. A mi edad creo que está todo por hacer”, describe Manuel. “Yo siento que nunca voy a estar conforme enteramente con un candidato, pero me entusiasma saber que yo puedo involucrarme para ser parte de algún cambio social”. Felipe es contundente: “Me da un poco de tristeza decir esto a mi edad, pero ningún color político me entusiasma. Siento que se alternan gobiernos neoliberales y peronistas y que ninguna gestión supera lo mediocre, que gobiernan para ganar elecciones y no para transformar la realidad. Es feo sentir esto a los 19 años. Pero si los cambios no van a venir de la política, pueden venir de nosotros, los jóvenes“.

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