Tosca cumple 120 años: un clásico de la ópera marcado por un debut accidentado y varios escándalos locales

El 14 de enero de 1900, las calles de Roma estaban empapeladas con carteles que anunciaban el estreno de Tosca, la nueva creación de Giacomo Puccini. Al compositor le sobraban los antecedentes; a sus 42 años acreditaba varios hits dentro del género. Con Manon Lescaut, el hombre nacido en Lucca en 1858 había adquirido en…

Tosca cumple 120 años: un clásico de la ópera marcado por un debut accidentado y varios escándalos locales

El 14 de enero de 1900, las calles de Roma estaban empapeladas con carteles que anunciaban el estreno de Tosca, la nueva creación de Giacomo Puccini. Al compositor le sobraban los antecedentes; a sus 42 años acreditaba varios hits dentro del género. Con Manon Lescaut, el hombre nacido en Lucca en 1858 había adquirido en 1893 las credenciales de compositor de las ligas mayores, y apenas cuatro años antes, La Bohème lo puso a la altura de los más grandes.

Algo así como el Rubber Soul de The Beatles, el Pet Sounds de The Beach Boys o, mucho más acá en el tiempo, el OK Computer de Radiohead, la obra que contaba las peripecias y penurias del cuarteto de artistas que piloteaban las penurias como podían en la Paris de 1830 era la bisagra que presagiaba que de ahí en más, todo era ir por más. A pesar de que algunos críticos no estuvieran tan de acuerdo…

El acceso a la Ópera de Roma tenía una entrada básica de 3 liras; pero si se trataba de ubicarse en una buena butaca, la cosa rondaba las 120. Todo por ver en qué había convertido Puccini aquel melodrama de Victorien Sardou que había visto 11 años antes en Milán, con Sarah Bernhardt como protagonista.

Un clásico, con todos los condimentos de los grandes títulos del género. (Foto: Arnaldo Colombaroli/Prensa teatro Colon)

“¡Pienso en Tosca! Le ruego que lleve a cabo los trámites pertinentes para adquirir el permiso de Sardou antes de abandonar la idea, lo que me dolería mucho porque en esta Tosca veo una obra hecha para mí”, escribía por carta el compositor a su editor, Giulio Ricordi, para que negociara la compra de los derechos de la obra. Y así fue.

Y ahí estaban la Reina de Italia, Margarita Teresa de Saboya; también el primer ministro, Luigi Pelloux; además de distintas autoridades del gobierno romano, músicos y compositores como Pietro Mascagni, para ver cómo un elenco encabezado por la soprano Hariclea Darclée, el tenor Emilio De Marchi como Cavaradossi y el barítono Eugenio Gilardoni en el rol del represor Scarpia, le daban voz y movimiento a la nueva creación del maestro Puccini, también presente en la sala.

Sin embargo, no todo salió como estaba planeado. Y casi que la historia de aquella “prima donna” que se encontraba entre la espada y la pared, dividida entre el amor por el idealista Mario Cavaradossi y las extorsiones del barón Scarpia, quedó en un segundo plano, ante los hechos que se precipitaron cuando, apenas unos minutos antes de las 20.30 y mientras la sala hervía de ansiedad, un policía fue directamente al camarín del director de orquesta, Leopoldo Mugnone, para alertarlo sobre una amenaza de bomba.

La puesta de Roberto Oswald volverá a subir a escena durante 2020, en el teatro Colón. (Foto: Arnaldo Colombaroli/Prensa teatro Colon)

El rumor corrió como a través de un reguero de pólvora. Mugnone, que había vivido un atentado anarquista años antes en el Liceo de Barcelona, tomó la batuta con nervios. Y aún cuando asumió el desafío con entereza, los susurros y el vaivén del público hicieron que tuviera que interrumpir la música hasta en dos ocasiones.

El resultado es, a decir de las diferentes fuentes, con fallo dividido. Mientras hay quienes aseguran que el título adquirió la dimensión de un éxito en el preciso momento en el que sonó la última nota, para otros, la tarde concluyó con un éxito relativo y una consideración dividida de parte de la crítica.

Lo que ni unos ni otros imaginarían en aquel momento, seguramente, era que eso que había terminado de ocurrir un rato antes en la ópera romana se transformaría, no mucho después, en uno de los clásicos más aclamados del género. Y que 120 años más tarde, su vigencia es absoluta, merced a la atrapante historia en la que una mujer, pese a sus dudas y vicisitudes, llega a matar al hombre más poderoso de la ciudad para no caer en sus artimañas y a sacrificar su existencia en pro del amor y de la libertad, unos principios que la heroína de Puccini consagraría para siempre desde lo alto del romano Castel Sant’Angelo.

De Roma a la conquista del mundo

A partir de su accidentado estreno, la expansión del radio de influencia de Tosca no tardó demasiado. Al cabo de seis meses, Tosca salía a escena en Buenos Aires por primera vez, en 1901 llegó a los Estados Unidos, México y Chile, y tuvo su estreno español en 1902. En la actualidad, la obra es una apuesta segura, cada año, de la Ópera de Roma, casa para la que constituye un verdadero símbolo, del cual se respeta su puesta original.

Pero el influjo de esta obra sobre el amor, la represión y la libertad, que llegó inclusive a las pantallas de los cines en dos versiones, no se limita a la capital italiana, sino que se expande a todo templo de la lírica que se precie. La Scala de Milán, para muchos la ópera más importante a nivel internacional, inauguró el 8 de enero de este año su temporada, con una sensacional interpretación de una de las divas del momento, la rusa Anna Netrebko.

Luciano Pavarotti fue uno de los grandes tenores que se metieron en la piel del pintor bonapartista Cavadarossi, aquí junto a Ines Salazar, en el Teatro Constanzi de Roma, el mismo escenario en el que la obra fue estrenada. (Foto: AP Photo/Marco Ravagli)

Y el Teatro San Carlo de Nápoles, la ópera más antigua del mundo, construida en 1737 por voluntad del rey español Carlos III, la pone en escena desde el próximo 22 de enero, dirigida esta vez por el cineasta italiano Edoardo De Angelis. 

En Buenos Aires, la llegada de Puccini, en 1905, coincidió con la puesta de Tosca, el 1 de julio, en el Teatro de la Ópera, según consignan Gustavo Otero y Daniel Varacalli Costas en su libro Puccini en la Argentina (junio-agosto de 1905). Los autores dan cuenta de que ese mismo año, además, la ópera fue cantada en los teatros Politeama, San Martín y Marconi.

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Desde entonces, Tosca ha sido un título recurrente en las programaciones locales, tanto del Teatro Colón como de otras salas líricas de la Argentina, y también de las asociaciones independientes de ópera. Y como en su estreno romano, la historia de Tosca en esta parte del mundo tampoco está exenta de algún que otro escándalo. 

El compositor Giacomo Puccini vio su obra puesta en escena en Buenos Aires, en su visita a la Argentina en 1905. (Archive Photos)

El primero, en 1965, fue fruto del enfrentamiento que mantenían el tenor Giuseppe Di Stefano con el tándem que formaban la soprano Régine Crespin y su marido, el director orquestal Lou Bruder, la función que los reunió a Crespin y Di Stefano sobre el escenario, con Bruder en el foso, fue el campo de batalla de una guerra en la que el público también tomó partido.

Todo comenzó cuando el barítono, amigo de Di Stefano, Giuseppe Taddei, en el rol de Scarpia, decidió caer muerto en un lugar que no era el que el regisseur le había marcado a Crespin, quien sin embargo, apoyó los candelabros allí donde estaba estipulado, bien lejos del muerto, de modo que las velas quedaron velando a nadie. Y enseguida, ahora sí fiel a la marcación, se arrojó sobre el difunto Scarpia clavándole las uñas con tal fuerza que el muerto arañó el milagro de la resurrección.

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Pero eso no fue todo; antes del final del primer acto, alguien, desde el paraíso, le tiró un huevo al tenor, quien a partir de ese momento comenzó a perder la línea. Además, en el saludo del segundo acto el tenor no pudo saludar solo, lo cual derivó en su reclamo a la soprano en pleno saludo final. Ofendida, Crespin lo dejó solo en escena, y lo obligó a abandonar el teatro por una puerta auxiliar y a escondidas para no padecer la furia de los fanáticos de la cantante.

“Tosca” también tuvo su escenario en el Teatro venida en 2005. (Foto: Juan José Traverso)

Más adelante, en 1978, el tenor Giorgio Merighi, en el papel de Cavaradossi, cayó, como debía hacerlo, fingiendo haber sido fusilado por el pelotón que debía ejecutarlo. Sólo que enseguida, Merighi sintió que la sangre le corría por su rostro, y sin reparar en que a continuación Tosca debía cantar sobre su cuerpo, antes de arrojarse al Tíber desde la torre del Castel Sant’ Angelo, se levantó y salió corriendo hacia el backstage para que lo curaran.

Precisamente en la escena en la que Tosca debe arrojarse desde la torre, varias décadas antes, la soprano Gina Cigna lo hizo con tan mala suerte que, de tan mal atada, la red que debía contener su caída al Tíber imaginario no contuvo su cuerpo. De modo que la diva escuchó los aplausos del púbico desde la camilla en la que la llevaron para que recibiera atención médica.

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Este año, lejos de aquellos contratiempos y escándalos, en coincidencia con los 120 de su estreno, nuestro Teatro Colón tendrá su Tosca, en la producción del recordado Roberto Oswald, con nueve funciones, a partir del 19 de junio.

Fuente: EFE

E.S.

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