¿Listos para empezar el año?

Para muchos, el año empieza en marzo. Principalmente para los emprendedores que debutan con un proyecto, fijan nuevas metas o buscan oportunidades en un mercado en plena recesión. En este contexto (desalentador o desafiante, según como se mire), todos necesitan herramientas para avanzar, no desanimarse, superar la crisis y desarrollar estrategias acordes a una realidad…

¿Listos para empezar el año?

Para muchos, el año empieza en marzo. Principalmente para los emprendedores que debutan con un proyecto, fijan nuevas metas o buscan oportunidades en un mercado en plena recesión. En este contexto (desalentador o desafiante, según como se mire), todos necesitan herramientas para avanzar, no desanimarse, superar la crisis y desarrollar estrategias acordes a una realidad un tanto compleja, después de un 2018 difícil.

Por eso, no sorprende que hoy se multipliquen los talleres, los cursos, los sitios y las redes sociales dedicados a brindar asesoramiento a emprendedores y creadores de startups, dos modelos de negocio diferentes, que a veces se confunden. Mientras un emprendedor asume sus propios riesgos al crear su emprendimiento, la startup es una empresa emergente, basada en la innovación. Como su nombre indica, significa “puesta en marcha” y está asociada al mundo digital y tecnológico. “El emprendedor puede apuntar a varios productos o servicios; la startup apunta a uno solo: generalmente, a la búsqueda de un grupo inversor. Es importante brindar herramientas gratuitas a estos grandes impulsores de innovación, fundamentales para la economía del país”, dice Daniel Benzoni, director de EXO Training Center, empresa dedicada a la capacitación y el entrenamiento de profesionales y empresas de tecnología de información.

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Según Benzoni, el mundo se dirige cada vez más a que cada uno pueda manejar su propio negocio. La tecnología ayuda mucho en este sentido. “Con una buena idea y una comunicación adecuada es posible difundir productos o servicios y comercializarlos, sin las inversiones que había que realizar anteriormente. La economía de muchos países se basa en el emprendedurismo, donde las pymes también tienen un papel fundamental”, explica.

Para los que recién se inician, recomienda tener una visión crítica del proyecto. “Encuentro mucha gente que piensa de manera utópica, que imagina una realidad del mercado fantasiosa y esto lleva al fracaso. Es vital tener también paciencia y sobre todo, constancia. Algunos proyectos requieren un tiempo de maduración que, a veces, la ansiedad dinamita”, advierte. Entre los errores más frecuentes menciona no estar capacitado digital y administrativamente, ya que la tecnología es el pilar donde se basan las propuestas, los servicios y la comercialización. No capacitarse, dice, es casi una condena. Tampoco ayuda no hacer un buen análisis para conocer las propias debilidades y fortalezas y tener mayor certeza de si el emprendimiento es rentable. “Es fundamental hacer una investigación de mercado. Saber quiénes son los competidores, qué ofrecen, a qué precio y en cuánto tiempo”, agrega. Contar con un identikit del cliente, de la estructura de costos y de los recursos disponibles es esencial.

También resulta clave analizar las ideas y expectativas más personales. “Hay que evaluar las creencias implícitas que tenemos al momento de tomar decisiones y encarar cada desafío”, aporta la licenciada en Filosofía Lucía Manasliski, que brinda talleres de creatividad para emprendedores y docentes. “Yo no voy a poder”, “No es interesante la propuesta” o “Ya está todo hecho”, son algunas de las creencias más instaladas, que complican el despegue y reflejan falta de confianza e inseguridad. Frente a estos miedos, lo recomendable es preguntarse por qué pensamos (y sentimos) de esa manera. “Al analizar ‘por qué creo eso’, identificamos qué nos limita e impide avanzar”, dice.

Cómo vamos a organizarnos y a manejar nuestro tiempo es, a menudo, otro tema de preocupación. “Aquí hay que fijar objetivos concretos, dar prioridades, cumplir metas pequeñas, posibles. La procrastinación es un clásico. Muchos tienden a dilatar sus compromisos cuando trabajan solos, en lugar de prepararse como para dar un éxamen, capítulo por capítulo. Y después, es recomendable trabajar en equipo, tender redes”, asegura.

En caso de tener socios, plantea rever si los intereses son similares. Al objetivo final se puede llegar de distintas maneras, aunque los métodos puedan parecer, en principio, incompatibles.

Escuchar a otros ayuda. De ahí el auge de los talleres. Al compartir experiencias, “desdramatizamos y dejamos de sentirnos un fracaso o los peores del mundo”, agrega la licenciada en filosofía.

Último consejo: ser curiosos, creativos. “Hay que informarse y preguntar mucho, cuando no se sabe. La creatividad es una característica que todos tenemos y aparece cuando surge un problema”, concluye. ¿Buena noticia? Se puede entrenar. Por algo siempre existen innovadores capaces de encontrar oportunidades y soluciones , pese a todo.

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