El Gran Rabino de la AMIA: “Tengo nueve costillas rotas, pero no estoy enojado ni quiero venganza: soy de los que perdonan”

“Estoy muy dolorido, tengo nueve costillas rotas, pero estoy tranquilo, no tengo miedo”, expresa vía whatsapp Gabriel Davidovich (60), el Gran Rabino de la AMIA, que el lunes a la madrugada sufrió el ataque de cuatro delincuentes, que ingresaron en su casa del barrio de Once.”Me pegaron, saltaron arriba mío, me dieron patadas ya estando…

El Gran Rabino de la AMIA: “Tengo nueve costillas rotas, pero no estoy enojado ni quiero venganza: soy de los que perdonan”

“Estoy muy dolorido, tengo nueve costillas rotas, pero estoy tranquilo, no tengo miedo“, expresa vía whatsapp Gabriel Davidovich (60), el Gran Rabino de la AMIA, que el lunes a la madrugada sufrió el ataque de cuatro delincuentes, que ingresaron en su casa del barrio de Once.

“Me pegaron, saltaron arriba mío, me dieron patadas ya estando en el piso, después no recuerdo más nada. Ya estaba internado”, le describe Davidovich a Clarín, desde el Instituto Argentino del Diagnóstico, adonde estará hasta el jueves o viernes, de acuerdo a cómo vaya evolucionando. “Y en casa tendré para un mes de reposo”, hace saber junto a dos de sus cuatro hijos, Jaime y Ariel. “Estoy débil, con mucha medicación (calmantes y antibióticos), ellos te van a dar más detalles”.

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Según el diagnóstico médico, Davidovich tiene fisuradas nueve costillas y se le produjo un neumotórax, producto de la salvaje golpiza de dos de los cuatro ladrones que entraron -se deduce que por la terraza- a su hogar de tres pisos. Más allá de los moretones en su rostro y cabeza, una tomografía computada determinó que no tiene secuelas ni complicaciones.

“Papá escuchó ruidos, se despertó en su cuarto del segundo piso y en medio de la oscuridad se topó con una silueta, salió corriendo para el otro lado al grito de ‘ladrones, ladrones’, y lo esperaban otros tres tipos ocultos detrás de una escalera. Lo empujaron, él cayó al piso y lo empezaron a patear en la espalda y saltarle encima. Papá se desvaneció y no se acuerda más nada”, oficia Ariel de vocero.

“No quería que esto trascendiera, pero se volvió insostenible. Es que mi mamá, de 88 años, está en Miramar y no sabe nada, aunque sospecha porque maneja la tecnología mejor que yo. Sólo le dije que había sufrido un asalto callejero, sin mayores consecuencias”, esboza una leve sonrisa que resulta un bálsamo para tanta angustia vivida en las últimas horas. “Ayer lo maquillamos a mi viejo para que no se le notaran los magullones y decoramos la habitación de la clínica lo más parecida a su casa, e hicimos una videollamada con la abuela”, también sonríe Ariel. “Digamos que compró el paquete”.

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Davidovich lamenta que su mujer, Raquel -llevan juntos casi 40 años-, haya sido testigo de todo el ataque. “Es la más angustiada, la que se siente insegura y la que tiene la imagen de toda la pesadilla”. Fue Raquel la que llamó a su hijo Ariel a las dos de la madrugada del lunes. “Me encontré con un cuadro shockeante, con mi viejo tirado boca abajo. Pensé en lo peor, porque estaba quieto, desmayado. Pero por suerte el viejo es fuerte, y va a salir adelante”.

Los delincuentes, que estuvieron una media hora dentro de la casa, se llevaron plata, joyas y lo que encontraron a su paso. “Es verdad que dijeron conocían a mi viejo, que sabían que era el Rabino de la AMIA”. Por otra parte, el propio Davidovich negó haber recibido amenazas anteriormente y también desmintió que haya tenido custodia”.

Maquillaje. “No quería que esto trascendiera, porque mi mamá, de 88 años, no sabía nada. Ayer hablé con ella por videocámara, y maquillamos toda la escena”. Foto: AP

Sobre el motivo de la agresión, Davidovich -desde 2013 es el máximo representante del Superior Rabinato de AMIA- no tiene pistas, ni sospechas. “Pudo ser un robo, o una cuestión política… No sé si fue un ataque antisemita“, responde la víctima, al tiempo que Ariel amplía y cuenta que “está la Policía trabajando a full, vino la propia Patricia Bullrich (Ministra de Seguridad) y sentimos el apoyo de todo el arco político. Están muy convencidos en que quieren atraparlos”.

Los dolores no lo acobardan al Gran Rabino, que admite que quiere volver a trabajar antes de lo aconsejado clínicamente. “Mi mamá no quiere saber nada, está angustiada, pero no piensa en que deje la AMIA. Más le preocupa seguir viviendo en una casa, pero el Gobierno y la AMIA están pensando en ponerle custodia, lo que traerá más serenidad”. Tanto en el Instituto del Diagnóstico, como en su casa de Once, hay seguridad policial en estos momentos. 

¿Qué le diría el Gran Rabino si tuviera a los delincuentes frente a él? “No estoy enojado, ni quiero venganza, soy de los que perdonan”.

PS

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