En medio de la crisis, el turismo del vino resiste y crece con alternativas de lujo

A contramano de la crisis económica, el turismo del vino en Mendoza no para de crecer. Un atardecer romántico en medio de un viñedo, un brindis durante un vuelo en globo aerostático o una clase de yoga en el jardín de una bodega son algunas de las renovadas opciones del enoturismo, y casi siempre están colmadas.…

En medio de la crisis, el turismo del vino resiste y crece con alternativas de lujo

A contramano de la crisis económica, el turismo del vino en Mendoza no para de crecer. Un atardecer romántico en medio de un viñedo, un brindis durante un vuelo en globo aerostático o una clase de yoga en el jardín de una bodega son algunas de las renovadas opciones del enoturismo, y casi siempre están colmadas. Son salidas que parten de $ 1.900 —si incluyen una comida por persona— y van hasta los $ 5.000, cuando se trata de un tour por distintas bodegas u ofrecen un menú especial de varios pasos. Cerca de la mitad de quienes se suman a estas propuestas son extranjeros, alentados por la devaluación del peso frente al dólar y por la mayor conexión aérea que tiene Mendoza con destinos del exterior.

En los restaurantes más demandados, como Casa El Enemigo (Chachingo-Maipú), del enólogo Alejandro Vigil, las reservas deben hacerse con un mes o más de anticipación; en especial, si uno viaja entre marzo y abril, época de vendimia. Entre los clientes hay mayoría de turistas de Estados Unidos, Brasil, Europa, Japón y Chile. El mismo ambiente multicultural tienen los restaurantes del chef Lucas Bustos, en bodega Trapiche y Ruca Malén, que integran junto a Universo Vigil, los destinos gastronómicos recomendados por la famosa guía Michelín Voyage.

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Una muestra del próspero verano que vive el turismo del vino es el desembarco, por segundo año consecutivo, del restaurante palermitano Tegui: el chef Germán Martitegui está instalado en Mendoza, en la bodega SuperUco, de los hermanos Michelini, a una hora en auto desde la capital mendocina.

La idea de mudar el restaurante a un viñedo surgió de una charla, después de una comida, que compartió Matias Michelini con el dueño de Tegui. “Me contó que hacía mucho tiempo que no se tomaba vacaciones, que el verano era la época donde más trabajaba y que tenía la idea de cerrar su restaurante y abrirlo en Mendoza, un lugar mágico que lo enamoraba”, cuenta el enólogo. En esa cena estaban invitados los hermanos Roca, afamados cocineros de Girona (Cataluña), testigos de esa conversación, que fue el punto de partida para un sueño que se hizo realidad. “Sin dudarlo, le ofrecimos nuestra casa a Germán, la bodega familiar para instalar su restaurante en un gran entorno de viña”, dice Matías.

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Hasta el 30 de marzo, los 25 integrantes del equipo de Tegui estarán en el Valle de Uco. Aquí, la particularidad es que la mitad de los clientes que han reservado el servicio son argentinos. El menú en once pasos se sirve entre las 18 horas y el anochecer y está elaborado íntegramente con productos regionales, como cabrito de Malargüe, hierbas de la región y tomate perita. Se sirven diez vinos, un espumante en la recepción y una mistela para el postre. Por todo ello se deben abonar $ 4.600 por persona.

Yoga y vino

“Parecía contradictorio unir el yoga con el vino, pero ambos universos convergen en la respiración de aromas, la armonía y el contacto con la naturaleza”, dice Alejandra Navarría, empresaria del enoturismo y organizadora del ciclo Yoga por los caminos del vino. Y muestra un costado saludable del enoturismo: “La cultura del vino no es emborracharse. Hay mucho más alrededor del paisaje de viñedo y la bodega; está la montaña, el verde, las flores, el agua que riega las fincas y el aire puro”.

Comida junto a los viñedos en el renovado turismo del vino.

Para Claudina Teruel, la profesora que dicta las clases, la actividad del yoga en bodegas es tan simple como “acercar una actividad saludable al mundo del vino”.

A las clases de yoga, que se realizan todos los sábados por la mañana, puede ir una persona que sólo desea relajarse y meditar, sin necesidad de beber vino; pero, también, existe la posibilidad de quedarse a almorzar en el restaurante de la bodega. Por ejemplo, en Santa Julia (Familia Zuccardi) se puede pedir una picada o una canasta con productos para tomar a media tarde y disfrutar de un picnic sobre una manta.

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El ciclo que combina yoga y vino comenzó en Bodega Chandon y el brindis, al finalizar el ejercicio, fue con un vino espumante bien helado. Los abstemios también pueden participar de la clase relajante en la bodega: “En todas las locaciones ofrecemos agua y jugos naturales para beber y un recorrido con guías para que los visitantes conozcan el proceso de elaboración del vino”, apunta Navarría. Y resalta que se aplica el programa Wine in moderation (Vino con moderación), que implica disfrutar de un vino sin excederse, surgido en Europa y replicado por la entidad empresaria Bodegas de Argentina.

Mendoza. Corresponsalía.

LGP​

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