Adoptar galgos: un consuelo después de tanto maltrato

En los últimos años, hablar de galgos es como internarse en un pantano lleno de imágenes. Desidia, maltrato y abandono. Caza de liebres, ñandúes, jabalíes, zorros, pumas, ciervos, etc. Reproducciones forzadas y, uno de los maltratos más comunes de esta raza: la inoculación de drogas para un mayor rendimiento en salvajes e ilegales carreras.Con uno…

Adoptar galgos: un consuelo después de tanto maltrato

En los últimos años, hablar de galgos es como internarse en un pantano lleno de imágenes. Desidia, maltrato y abandono. Caza de liebres, ñandúes, jabalíes, zorros, pumas, ciervos, etc. Reproducciones forzadas y, uno de los maltratos más comunes de esta raza: la inoculación de drogas para un mayor rendimiento en salvajes e ilegales carreras.

Con uno de los presentes más atroces, el galgo poco a poco comienza a ser erradicado del dolor y sufrimiento, ganando terreno entre las familias que lo adoptan para darle una mejor calidad de vida en el calor del hogar.

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Luego de la prohibición por ley de carreras en todo el país (sancionada a fines de 2016 impulsado por Proyecto Galgo Argentina) cada vez se ven más galgos en calles, plazas y parques jugando entre otros perros. La premisa del amor, la recuperación y el sostén familiar hace que estos animales de figura estilizada, paso elegante y una mirada atrapante gane cada vez más espacio en la vida cotidiana de todo aquel amante de los animales.

Los más buscados para adoptar son los cachorros o adultos jóvenes, de color blanco, atigrado o gris y hembras. “Los galgos negros, viejos, rengos, tuertos, o mestizos de galgos, tienen menos posibilidades de encontrar familias. Hay bastante frivolidad con los perros de raza, lo mismo que sucede con los que compran animales para lucirse junto a ellos. Los galgos no escapan a esa compulsión de muchos seres humanos por poseer un animal que es considerado un objeto”, dice Carla Zapata de Ché Galgo.

Obediencia y fidelidad. El galgo juega con su dueño y disfruta del espacio al aire libre en un marco de contención y cariño. (Foto: Silvana Boemo)

Desde diciembre de 2016, Ché Galgo entregó en adopción 147 galgos, contando adultos y cachorros, puros y mestizos de la raza. “Esto es sólo en CABA y GBA, zona donde nosotros entregamos perros en adopción. No enviamos perros a otras provincias”.

Por su parte, Adopta un galgo en Argentina (la red más importante de adopción de esta raza) contabilizó – sólo en 2018- 282 galgos dados en adopción. “Ahora mucha gente sabe del maltrato a los galgos. Se pudo difundir que son excelentes perros para vivir en familia, que se adaptan bien al departamento”, dice Sofía Iannone, vice presidenta de Adopta.

Encuentros semanales. Cada sábado y domingo de 9 a 12 se juntan los adoptantes de galgos para que sus pequeños jueguen entre ellos. (Foto: Silvana Boemo).

¿Cómo es la metodología? A la ONG o red de protección les llega una alerta de un galgo en apuros, luego se busca quien pueda transitarlo (tenerlo hasta que se encuentre la familia adoptante), se lo pasa a buscar y lleva a la veterinaria y comienza a recuperarse en su nuevo hogar con la familia voluntaria hasta que encuentra a los adoptantes definitivos, a los que se le hace una serie de entrevistas antes de llevar al animal.

Según las proteccionistas, la gente ahora está mucho más consciente de esta problemática, lo que derivó en una demanda inusitada de pedidos de rescate. “Pero no podemos atender a todos, ya que son muchísimos. Lamentablemente no se encuentra tránsito para todos, por eso se pide ayuda a otros grupos o proteccionistas independientes, que hacen grandes esfuerzos económicos: los reciben y se ocupan de ellos “, aporta Zapata.

Proteccionistas. Andrea y Constanza, son voluntarias en Adopta un galgo en Argentina y se dedican a darle tránsito, hacer entrevistas y colaborar en el rescate de galgos. (Foto: Silvana Boemo)

“¡Juana, Juana, vení!”, Sol (32) llama a su perra que no para de jugar junto a otros galgos por el Parque Centenario, en el punto de encuentro de cada fin de semana de 9 a 12. Tiene casi 8 años, fue rescatada en la calle por Escobar, tiene una pata delantera quebrada (mal soldada) y desde que fue adoptada hace casi ocho meses, demuestra un aspecto vital.

“Los galgos adultos, luego de un tiempo de adaptación, pueden revelar su verdadero carácter, ella parece que rejuveneció”, comenta Andrea, una de las voluntarias presente en el encuentro, que colabora en Adopta un Galgo en Argentina y entrevistó a Sol antes de la adopción de Juana.

Un caso similar al de ella es el de Andrea Rivas, quien adoptó -a través de Ché Galgo- a Emilia, una galga de unos 9 años que es muy tranquila y compañera. “Lo bueno de adoptar un galgo adulto es que ya vienen con la personalidad formada y no son destrozones”, comenta orgullosa la flamante adoptante.

También hay voces famosas en defensa de los galgos como Leo Montero, conductor del programa Mejor de noche, quien adoptó a Simón, también un galgo adulto. En la sección Pocas pulgas de su ciclo le da un buen lugar a la concientización galga.

Emblema animalista. El conductor Leo Montero adoptó a Simón, un galgo adulto y desde su cuenta de Instagram muestra su nueva vida. (Foto: Instagram @soyleomontero)

¿En dónde se pueden adoptar galgos rescatados o bien asesorarse acerca de ellos? Hay muchas páginas en Facebook como Galgos felicesGalgos en Adopción ArgentinaS.O.S. Galgos de Zárate, Alerta Galgo Argentina, Guardianes de Galgos, Hogar Amor de Galgo y Comunidad “La vida por un galgo”, entre tantas otras.

Un punto de reunión masivo de galgos, tanto sea adoptados como para adoptar, se dará el próximo domingo 10 de marzo, de 15 a 18.30 horas, en Av. Dorrego y Figueroa Alcorta. Será el Encuentro Galgos Felices en donde también habrá un shop solidario.

Porque un galgo más en un hogar, en donde lo protejan y amen, es uno menos en las calles, campos y todo rincón en que se busque explotarlo.

Similitudes en negro. Norma, Natasha y Tatiana adoptaron tres galgos negros, India, Merlina y Boris, que hasta tienen cuenta de Instagram propia. (Foto: Silvana Boemo)

La leyenda de los All Blacks

“Mirá más allá del color y adoptá un galgo negro” es una de las frases en allblacksdogs. ¿Galgos instagrammers? Sí, porque los perros negros son de los menos adoptados y la concientización en redes le sirvió de pantalla a la familia Velcoff con India, Merlina y Boris, sus galgos negros.

“La mamá de India fue rescatada en un destacamento de Gaynor. Tuvo 10 cachorros, y pudimos adoptarla casi recién nacida para que se adapte con nuestros gatos”, cuenta Natasha.

El otro caso es el de Julie, la mamá de Boris y Merlina que fue rescatada de un galguero en Pergamino. Ellos estuvieron un mes en una casa abandonada y primero adoptaron a las hembras y después a los machos. El último fue Boris. “Nos enterneció que quede solo, entonces ¡también a casa!”, aporta mamá Norma.

“Se asocia el color negro con lo negativo, que los perros son agresivos, difíciles de fotografiar, como que se les pierde la mirada, y en los sitios de adopción muchos no se enganchan con ellos”, suma Tatiana.

Los mitos alrededor de los galgos son variopintos, como el desconocimiento en torno a ellos. “Por Instagram nos llegan mensajes que quieren galgos así porque la mayoría ni sabía que existían negros”, dice Norma mientras describe a Boris como el más tranquilo de los tres.

¿Ultima anécdota galga? “Una mujer nos vio con los tres galgos, nos miró raro y se persignó frente a nosotros. No había altares ni estatuitas cerca”, cierra entre risas Tatiana.

Adopción prematura. Con pocos meses de vida, Nala llegó para estar en tránsito pero se quedó a vivir con la familia Chiarante. (Foto: Juan Manuel Foglia)

La ternura de una cachorra

La ternura de los cachorros también tiene a los galgos como protagonistas. Es el caso de Nala, una mestiza que no llega a los cuatro meses de edad y ya comienza a mostrar su carácter galgo, tanto sea por sus ganas de correr como a la hora de descansar sin límites.

“A mí me gustaba la idea de tener un galgo rescatado por todo lo que sufrió. Investigamos mucho sus orígenes”, dice Silvia (57), directora de un jardín maternal y madre de Agustina (22) y Martina (20).

Entre las tres, apenas recibieron hace un mes y medio a Nala (recién nacida en Ramos Mejía con el fin de darle tránsito), decidieron que la cachorrita iba a vivir para siempre con la familia Chiarante.

Y así de repente se enteró papá Gustavo (58), arquitecto y quien no tenía en los planes a una galga en su vida. Por más que diga que la estética trompuda y de patas largas del animal no es de su agrado, la mirada de la perrita pudo con él. “Me gusta saber su historia, sus miedos”, dice el hombre mientras Agustina piensa que varios tienen galgos por una cuestión estética, de moda. No es el caso de ellos.

Nala no está sola en casa, comparte techo con Oli, un yorkshire de 12 años, tres gatitos bebé (que están en tránsito) y un erizo. Así se ve a Vincent, uno de los diminutos felinos, que pasa entre las patas de Nala y ella lo deja, como si nada.

Garrapatas, pulgas, la galga era una coctel de bichos al que la familia tuvo que combatir en la veterinaria. Y así darle amor a su guardiana galga de pura cepa.

Pura fisonomía. El galgo Garu junto a Juan y Agustina, los responsables en darle un hogar seguro y confortable. (Foto: Silvana Boemo)

Fundamentalista del sillón

“Fui a un encuentro de adopción, lo vi a él y me enamoré”. Agustina (30) clavó su mirada en un galgo de unos diez meses que hoy, con un año y medio, quiere salir corriendo y jugar con sus colegas caninos en el Parque Centenario. Es pura energía.

Ella hasta puso la red en el balcón de su casa, pero se enteró que lo habían adoptado. Pero la segunda sería la vencida. “Él estaba refugiado en una remisería en Garín. Lo rescataron cuando tenía cinco meses, pero su primera adopción fue fallida, ya que supuestamente no se llevaba con chicos, pero no es así”, comenta Agustina mientras destaca que siempre tuvo perros en su casa familiar de Haedo y hoy vive en pareja en Barrio Norte.

Con una mirada y rasgos dignos del guardián egipcio Anubis, este galgo convive lo más bien con una gata en un departamento de dos ambientes pero sufre ansiedad por separación debido a su primera experiencia de adopción. “Llora bastante cuando está solo, pero lo estamos haciendo tratar desde hace ocho meses. Ya está mucho mejor. Igualmente duerme la mayor parte del día, es un santo”, suma su “mamá” orgullosa.

Las rutinas de paseo de Garu son caminatas de dos veces por día y el fin de semana hace “sociales” en un canil ubicado en Jean Jaures y Córdoba. “Se puede desmitificar que el galgo no puede vivir en un lugar chico, nosotros no tuvimos ningún problema. Mientras lo saques a pasear lo único que necesita es un buen sillón”, cierra Juan, de 31 años.

Amor incondicional. Azul y Alejandra tienen tres galgos, uno de ellos en tránsito, a los que pasean cada día por los parques. (Foto: Silvana Boemo)

“Es muy difícil desprenderse”

Tenés galgos y vas a querer siempre galgos”. O más conocido como “galguitis”, es la enfermedad de los adoptantes de estos seres patones, hocicudos. Y muy nobles.

Un claro ejemplo es Alejandra (41) quien vive junto a su hija Azul (13) en un departamento de dos ambientes y convive con cinco perros, tres de ellos, sí, galgos. “Son unos potus adentro de la casa, casi no ladran y además son súper cariñosos y leales. Les falta hablar, con la mirada te dicen todo”, dice.

Antes de la entrevista, uno de sus “bebés” se zambulle en el barro y sale con todo un muslo enlodado. Es Hache, un macho de un año y medio -proveniente de Rojas- que convive con Ainoa, una hembra de dos que rescataron de General Rodriguez .

“También tengo a Phoebe, a quien tengo en tránsito (acercada por Ché Galgo), tiene tres años y contrajo tumor de Sticker, un cáncer contagioso del cual necesita un tratamiento intravenoso de un mes y también tiene dermodexia, una enfermedad en la piel”.

Aparte de sus dos galgos, Alejandra adoptó primero a Dubai, un galgo que hoy vive junto a su hijo, que es paseador de perros. “Yo los saco a caminar unas 50 cuadras por día a la mañana y de noche por los parques” comenta esta habitante de Parque Chacabuco que también hace tránsitos para Adopta un Galgo en Argentina.

¿Misión imposible? “Dos de los tres galgos que tengo antes los tuve en tránsito en casa, pero nos encariñamos tanto que terminaron siendo nuestros. Es difícil desprenderse”, cierra ella.

JB

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