Despedida y debut de un Macri más candidato que Presidente

Fue despedida y debut. Despedida (y balance) del mandato que empezó el 15 de diciembre de 2015. Y debut de la campaña en busca de la reelección. Las formas y el fondo del mensaje de Mauricio Macri ante la Asamblea Legislativa dejaron en claro sus propósitos. Fue un mensaje para los que tenían dudas sobre…

Despedida y debut de un Macri más candidato que Presidente

Fue despedida y debut. Despedida (y balance) del mandato que empezó el 15 de diciembre de 2015. Y debut de la campaña en busca de la reelección. Las formas y
el fondo del mensaje de Mauricio Macri ante la Asamblea Legislativa dejaron en claro sus propósitos.

Fue un mensaje para los que tenían dudas sobre su decisión de ir por un

segundo mandato

y especulaban sobre la posibilidad de que su lugar se lo dejara a algún delfín o delfina. También, una respuesta para los que empezaban a preguntarse si estaba en control o si tenía la voluntad, la energía y la decisión suficientes para tratar de enderezar su gobierno y dar respuesta a las demandas acumuladas por la sociedad en los 38 meses que lleva como presidente.

Y, definitivamente, fue una hoja de ruta para los suyos. Descerrajó ejes discursivos destinados a sostener una narrativa, imprescindible para responder a las críticas, para convencer a los agnósticos o para tratar de atraer a los que empiezan a alejarse, a “los que no creen”. Aunque haya vuelto a renegar del “relato” como antónimo de la acción y de los hechos.

Fue una manera de definirse a sí mismo y a su gestión tanto como una forma de descalificar al gobierno que lo precedió y a la oposición que lo enfrentará en las urnas. Las identidades políticas se construyen por definición (de uno mismo) y por contraste (con los otros). Nada nuevo.

Y no fue, de hecho, un discurso de

apertura de sesiones del Congreso

, porque casi todo el arco político asume que los debates legislativos y, sobre todo, la sanción de leyes escasearán en medio de la campaña. Por eso, no hubo anuncios de proyectos de ley. La minoría parlamentaria se profundiza en años electorales. Un gesto de sinceridad, al fin y al cabo.

Macri decidió ocupar todo el centro de la escena, pasar decididamente a la ofensiva, como estrategia de defensa, como táctica electoralista. Como lo hizo dos días antes en el Senado su contrafigura, Cristina Kirchner. Ambos se siguen eligiendo como contrincantes. El recinto le respondió, partido al medio.

Podía preverse un escenario tenso, con ánimos crispados. El último período del mandato de Macri, el proceso electoral en marcha, el mal año económico pasado (y presente), la aceleración de las causas judiciales por corrupción que tienen en vilo a la principal fracción opositora. La grieta en su máxima expresión.

Macri salió a jugar ese juego y alentar esos fuegos. Su actuación no estuvo condicionada por el clima que encontró. Fue a su encuentro y a explotarlo. No hubo improvisación. Ni en el texto ni en la gestualidad. Tampoco en lo que omitió o soslayó. Dijo que se hacía cargo de los problemas y que no buscaba atajos ni excusas. Pero puso por fuera de su responsabilidad las causas de la crisis cambiaria, la recesión y la disparada inflacionaria. “Pasaron cosas”: el mundo, el clima y una investigación periodística nos alejaron de esa playa que el año pasado en ese mismo lugar había mostrado a un par de brazadas. Son hechos inobjetables, podrá decir el editor de la realidad oficialista.

Macri ratificó el carácter fundacional de su gestión. Calificó obras y acciones concretadas como cosas que “quedarán para siempre”. Y lo repitió: “Los argentinos estamos haciendo cambios profundos para no volver atrás nunca más”.

Sus palabras resultaron el disparador para que desde palcos con barras oficialistas hostigaran a los legisladores kirchneristas con el cantito “No vuelven nunca más”. Fue el detonante para que estallara la ira nada contenida de los representantes de Cristina, encabezados por el jefe de la bancada de Diputados. Agustín Rossi no desaprovechó la ocasión, además, para intentar revitalizar su desteñida precandidatura presidencial.

También fue evidente que el tono y el contenido de Macri buscaron aprovechar la ocasión (y la cadena) para ir más allá de las paredes del Palacio, de la dirigencia y la militancia política. El Presidente/candidato procuró captar la atención de la ciudadanía menos politizada, en definitiva, de la mayoría del electorado. Macri les habló y procuró responderles a todos aquellos que se vieron encarnados en Dante, el albañil que el martes lo interpeló “con todo respeto” y angustia con ese “hagan algo la c… de mi hermana”, que se volvió
trending topic.

Su enumeración de obras de infraestructura realizadas o en marcha, su reivindicación de lo hecho en el plano institucional o la promocionada modernización del Estado tuvieron ese claro propósito. Tanto como el único anuncio de relevancia, que, paradójicamente, no requiere de ninguna acción legislativa: el anticipo de la actualización que por ley corresponde hacer del monto de la AUH. En el mismo sentido se inscribe la admisión de los problemas, aunque no de los errores propios o de la mala praxis en lo económico-financiero que golpean y desvelan a todos.

Dijo que ahora hay cimientos para afrontar el futuro y que no estamos parados sobre relatos. Confrontar con el pasado reciente es el objetivo. Contra lo que decían los carteles que portaban los opositores, para él no hay otro camino. En poco más de cinco meses se sabrá si la mayoría de la ciudadanía encontró elementos para coincidir o, al menos, para no elegir otro sendero. Si las respuestas fueron suficientes. Si en el lapso que medió entre el discurso y las urnas los hechos pusieron en valor o ajaron esa hoja de ruta que ayer se marcó.

Fue despedida y debut. La obra sigue en cartel.