Cristina Alberó: recuerdos musicales de una reina de telenovelas

En 1980, en la telenovela Trampa para un soñador, los besos con Antonio Grimau la convirtieron en una actriz de alcance masivo. Una estrella de gestos suaves, angelical. Luego, de la mano de Darío Víttori y Juan Carlos Mesa, se consolidó como artista de comedia, especialista en gags y remates certeros. Y llegó a la…

Cristina Alberó: recuerdos musicales de una reina de telenovelas

En 1980, en la telenovela Trampa para un soñador, los besos con Antonio Grimau la convirtieron en una actriz de alcance masivo. Una estrella de gestos suaves, angelical. Luego, de la mano de Darío Víttori y Juan Carlos Mesa, se consolidó como artista de comedia, especialista en gags y remates certeros. Y llegó a la tapa de Playboy, una extravagancia, tal vez, la forma más directa de dejar en claro que la madurez no siempre implica falta de sensualidad. Versátil, en los últimos años encadenó una serie de trabajos en teatro: La casa de Bernarda Alba, Casa Valentina, Las manos y Derechas, la obra que por estos días la tiene en cartelera en Mar del Plata. Pero antes de todo eso hubo una Cristina Alberó de la que no abundan los registros: la cantante.

“A fines de los años ‘60 empecé a cantar en la televisión, en un programa para jóvenes que se llamaba Escala musical y se emitía por Canal 13. El conductor era Jorge Beillard. Por ahí pasaban todas las estrellas nacionales e internacionales”, recuerda, feliz con la evocación. “Era espectacular”.

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-Todavía tenías el pelo oscuro.

-Sí, yo era muy joven, tenía 20 años… O menos. Escuchaba a los Beatles, a Elton John, a Janis Joplin, a The Modern Jazz Quartet… También me gustaba la música brasileña. Fue la época previa a mi versión rubia. De más grande me empecé a reconocer más como rubia… La prueba para entrar al programa me la tomó Armando Patrono, que estaba al frente de la orquesta. Mi repertorio eran canciones en italiano o en inglés, canciones de Mina, de Ornella Vanoni… No tenía canciones propias.

-¿Por qué no componías?

-No tenía inspiración para escribir. Me sentía mejor como intérprete.

Distinguida en el Senado junto a Arnaldo André.

-¿Cantabas en vivo o hacías playback?

-En general, hacía playback. Me gustaba más. Como el programa era en vivo, me sentía más segura.

-¿No se notaba que sólo movías la boca?

-¿Viste los videos en YouTube?

-Sí.

-Yo hacía muy bien el doblaje… Cada canción que hacía en italiano o en inglés, estudiaba la letra con un profesor que me enseñaba cómo pronunciar… Además, en aquella época te daban unos discos de acetato para que los escucharas en tu casa y practicaras las canciones.

-A veces cantabas con otros grupos, como Los Mockers. ¿Cómo era esa experiencia?

-Yo era solista. Y la propuesta del programa era que, a veces, los solistas cantaran junto a alguna banda, que podían ser Los Mockers, Los Shakers, etcétera…

-De las cantantes actuales, ¿a quién dirías que te parecías? ¿A Tini Stoessel? ¿A Lali Espósito? ¿A Fabi Cantilo?

-No sé, no podría decirlo… Eso, en todo caso, debería decirlo el público… Lo que yo sé es que tenía voz de soprano. Y que también me gustaban las voces más graves, como la de Ornella Vanoni.

(Foto: Juan Manuel Foglia)

-¿Estudiaste canto?

-Sí, claro, a los 15 años, con un profesor del Teatro Colón… También tomé clases de piano. Pero nunca me dediqué a tocar de manera profesional.

-¿De dónde viene tu pasión por la música?

-En mi casa había dos versiones. Mi hermano Carlos escuchaba música todo el tiempo. Y mi viejo, que también se llamaba Carlos, era un hombre del teatro, igual que todos mis tíos. Así, yo empecé cantando. Y después, cuando me di cuenta de que como cantante también tenía que actuar, empecé a estudiar teatro. Era una época en la que tuve que luchar contra algunos mitos.

-¿Cómo cuáles?

-En aquella época se decía: “Las mujeres no venden discos”. Todo el mundo opinaba de esa manera… Si hablabas con un productor, te preguntaba: “¿Usted qué hace? ¿Es actriz o canta?”. No es como ahora, que la preparación es mucho más compleja. Ahora, una actriz canta, baila, hace de todo…

Alberó y Antonio Grimau en “Trampa para un soñador”.

-O sea: al final te dedicaste a actuar porque te decían que no ibas a vender discos…

-No. Simplemente, dejé que las cosas fueran sucediendo… Cuando estaba en Escala musical, me contrató Odeón, la compañía discográfica. Me pidieron que grabara canciones en castellano. Fui al Festival Internacional de la Canción, en Perú, con un tema que se llamaba Canción inolvidable, de Dino Ramos y Armando Patrono. Y gané. En Perú, como yo todavía era menor de edad, estaba con mi mamá. Allí apareció un productor que le dijo a mi mamá que había comprado unos libros para hacer un programa de televisión en la Argentina… De regreso en Buenos Aires, fui a que me tomaran una prueba en Canal 11. Y me convertí en la protagonista del teleteatro Mini, el ángel del barrio. El galán era José María Langlais, que venía del gran éxito Cuatro hombres para Eva. Ahí yo empecé a llamarme Cristina Alberó. Mi verdadero nombre es María Cristina Alberici. Y como cantante era Cristina a secas. En aquella época, las cantantes sólo usaban su nombre: así como yo era Cristina, también, por ejemplo, estaba Claudia…

-¿Cuál era la canción que no podía faltar en tus shows?

-No hacía muchos shows. Me contrataban para algunos bailes de carnaval, pero me daba miedo cantar en lugares así, porque era corta de vista.

-¿Cómo?

-Sí. ¿Vos ves bien? Si no ves bien, te sentís inseguro. Igual, en Perú, canté en una plaza de toros frente a 12.000 personas.

Cristina Alberó.

-¿Ibas a recitales de otros artistas?

-Sí, de la Argentina, me gustaba ver a Marilina (Ross), Mercedes Sosa… Y de las artistas de afuera siempre fui muy fanática de Tina Turner. Una mina grande… ¡Con esa polenta!

-Y con esos pelos.

-Sí, una mujer con una vida tan difícil… Me encantaba escucharla.

-¿Qué relación tenías con los músicos argentinos?

-Trabajé mucho con un gran guitarrista, Ricardo Lew, que tocó con los más grandes: Sandro, Hugo del Carril, Goyeneche, Piazzolla, Pavarotti…

-Tu estilo era el melódico, pero también cantaste tangos.

-En aquella época, lo que yo hacía se llamaba “pop”. Y sí, también he cantado tangos, clásicos y como Rostro de vos, que la letra es un poema de Mario Benedetti. En el tango, mi primer maestro fue Carlos Figari, un pianista que tocaba jazzeado.

-¿Te gustaría volver a dedicarte al canto?

-Sí, ¿por qué no? Es algo que siempre estoy pensando. Y por suerte no me faltan las propuestas para hacerlo.

MZ

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