Drogas, narcos, punteros y un asesinato

Mauricio Rodrigo Córdoba tenía 19 años. Era un marginal dentro de los márgenes. Los que ya se cayeron de la hoja. La adicción a las drogas lo había sumergido en el paco, el peor veneno de todo el abanico narco.El lunes último a la madrugada, justo en ese momento en el que el sol tiñe…

Drogas, narcos, punteros y un asesinato

Mauricio Rodrigo Córdoba tenía 19 años. Era un marginal dentro de los márgenes. Los que ya se cayeron de la hoja. La adicción a las drogas lo había sumergido en el paco, el peor veneno de todo el abanico narco.

El lunes último a la madrugada, justo en ese momento en el que el sol tiñe de naranja la oscuridad, en una moto lo trasladaron hasta la puerta del dispensario municipal de barrio Maldonado, ubicado en el extremo derecho de la enorme manzana que ocupa el cementerio San Vicente, en las profundidades del este de la ciudad de Córdoba.

Estaba envuelto en una frazada y su corazón ya no latía. Un proyectil que salió eyectado de una escopeta, desde muy corta distancia, le ingresó por debajo de la axila izquierda. Una escena de espanto, según recordarían luego quienes estaban junto con él y se animaron a declarar ante los policías de la división Homicidios.

Hoy, casi una semana después, la mesa en la que se investiga este crimen tiene varios rostros con nombre y apellido anotados, pero cuya real acción alrededor del homicidio aún continúa siendo difusa. La causa, que investiga la Policía y dirige el fiscal de Distrito 2 Turno 7, Tomás Casas, ya tiene una orden de detención y un abanico de interrogantes sobre las fotos de al menos dos viejos conocidos de los bajomundos en Córdoba.

Una trama que involucra a personajes ligados al narcotráfico y a hijos de reconocidas punteras políticas de esa parte de la ciudad, un sector en el que las carencias y las drogas parecen multiplicarse de manera simétrica.

De acuerdo a fuentes judiciales, policiales y de allegados a los propios involucrados, La Voz estableció que, por ahora, todos los indicios apuntan a que a Córdoba le disparó Héctor David Palacios, un joven que supo purgar una condena por narcotráfico, vinculado a René Alejandro “el Chancho” Sosa (37), alguna vez sindicado como un capo narco de esa zona, que también hace poco dejó la cárcel de Bouwer y que aparece nombrado con fuerza alrededor de esta nueva historia de violencia urbana con el peor final.

Es que, en la misma escena del crimen, aparecen mencionados “el Chancho” y Elio Juncos, el joven hijo de la exlegisladora provincial y antigua puntera del PJ cordobés en esa zona Liliana Juncos, quien varias veces fue asociado al narcotráfico.

A través de distintos allegados, Sosa y Juncos, que son medio hermanos entre sí, aseguran que llegaron al lugar del homicidio instantes después de que se oyera el estampido de la escopeta.

Incluso, el jueves último en la fiscalía de Casas, el abogado Miguel Juárez Villanueva presentó una solicitud de mantenimiento de la libertad a favor de Sosa, quien, si bien aún no fue imputado en el marco del crimen de Córdoba, sospecha que puede terminar por ser involucrado en esta causa.

El hecho

De acuerdo a la investigación, todo sucedió cerca de las 6 del lunes último en la esquina de Río Salado y Alberti, barrio Maldonado, donde un grupo de jóvenes estaban sentados en un descampado. Entre ellos aparecía Córdoba. Algunos vecinos aseguran que se trataba de un grupo que suele fumar paco allí. En la investigación oficial, no se indica qué estaban haciendo, pero sí lo que sucedió luego.

Numerosos testigos aseguraron ante la Justicia que apareció Palacios con una escopeta y que de inmediato comenzó a increpar a los jóvenes que estaban allí. Hacen referencia a un supuesto robo ocurrido en la casa de uno de los involucrados (o nombrados), pero del que hasta hoy no existe ninguna denuncia policial.

Los testimonios coinciden en que Palacios primero habría golpeado a uno con la escopeta, lo que le provocó un abundante sangrado, y, cuando intentó hacer lo mismo con el segundo, se escuchó el estruendo. “Casi le arrancó el brazo”, graficó un investigador.

Córdoba murió en el acto, a pesar de que sus allegados alcanzaron a llevarlo al dispensario ubicado a sólo cinco cuadras.

“Davila”

Palacios hoy está prófugo, con orden de captura. Conocido como “Davila”, tiene 32 años. Es hijo de Ana “la Gallega” Gramajo, una histórica puntera del PJ en esa parte de la ciudad que supo ser empleada de la Legislatura. A principios de 2013, “Davila” fue condenado por el Tribunal Oral Federal N° 1 a cinco años y medio de prisión en una causa federal por el transporte y la comercialización de 20 kilos de pasta base ocultos en matafuegos, una operación triangulada entre Salta, Buenos Aires y Córdoba.

Él es primo, por parte de madre, de Ariel Gramajo (45), uno de los delincuentes presos por el resonante asalto y tiroteo en Nueva Córdoba donde murió un policía y otros dos ladrones resultaron abatidos, en febrero del año pasado.

Palacios también habría sido pareja de una hija de Eduardo Benito Jaime (67), más conocido como “Lalo”. Hoy preso por una causa narco en Río Cuarto, este hombre supo ser concubino de la narco María Ramona “Kika” Reyna. “Lalo” y “Kika” fueron atrapados en 1987 en la causa conocida como “Conexión Holanda”, una de las primeras operaciones de narcotráfico detectadas entre Argentina y Europa.

“El Chancho”

Sosa es el más conocido dentro de esta historia, al menos para la opinión pública. Aún no tiene ninguna orden de captura ni imputación en su contra por el asesinato de Córdoba. El 1° de diciembre de 2017 salió con libertad condicional de la cárcel de Bouwer, donde purgaba una condena a ocho años de prisión por la misma causa de los matafuegos que llevó a “Davila” a prisión, según dictaminó en octubre de 2015 el Tribunal Oral Federal N° 2.

Tras el primer juicio, un peritaje de voz permitió incorporarlo a aquella causa. Estaba preso desde fines de 2013 y su condena recién finalizará el 8 de marzo de 2021.

Sosa asegura que el domingo a la noche fue a un baile en Casablanca, en la zona del ex-Mercado de Abasto, donde también estuvieron Palacios y Elio Juncos. Dice que “Davila” se volvió antes que el resto a barrio Maldonado y que, cuando él regresaba en auto con Juncos, alguien le avisó que Palacios andaba amenazando con una escopeta.

Sostiene que, cuando llegó a la esquina del crimen, el balazo acababa de producirse. Incluso, el otro joven amigo de la víctima, que estaba ensangrentado porque había sufrido un golpe con esa arma, le pidió que lo llevara a un hospital. “Estás en pedo –le habría respondido Sosa–; si entro con vos así, me dejan en cana”.

El jueves último, su abogado Juárez Villanueva presentó en la fiscalía de Casas un pedido de mantenimiento de prisión. En el escrito se aseguró que Sosa es testigo y no partícipe del crimen, y que se ponía a disposición para cualquier requerimiento judicial.

Agregó que, desde que recuperó la libertad, primero explotó su boliche Urbano, ubicado frente al parque Las Heras; luego, junto con su hermano, una franquicia de una casa de venta de empanadas en Villa Allende, y que ahora abrió un salón de eventos donde antes funcionó su discoteca.

Además, Sosa asegura ser promotor del grupo Cuartebanda y de un conjunto que incursiona en la cumbia. “Sosa quiere tener una vida. Quiere reinsertarse en la sociedad sin ser objeto de un escrutinio permanente por parte de las fuerzas de seguridad”, se subrayó en el escrito. Los investigadores de Homicidios no parecen estar de acuerdo. Aseguran que aún tiene que dar varias explicaciones sobre lo que sucedió alrededor del asesinato de Córdoba.

Elio

Junto con Sosa, y tampoco imputado todavía, aparece aquella madrugada Elio Juncos (31), hijo de la exlegisladora de Unión por Córdoba Liliana Juncos.

Tanto madre como hijo han sido asociados varias veces al narcotráfico, pero nunca terminaron condenados por causas de este tipo. Liliana no sólo fue legisladora. En el anterior gobierno de Juan Schiaretti, ocupó cargos en el área de Derechos Humanos y en la Lotería de Córdoba, para luego pasar a ser asesora del mismo partido en el Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba.

A Elio, el Tribunal Oral Federal N° 1 ordenó investigarlo en 2009 luego de que, en el juicio a una banda narco, surgiera que en un allanamiento había sido visto cuando salía de una casa bajo sospecha, con una importante suma de dinero. La causa en su contra no prosperó.

En marzo de 2017 salvó su vida de manera fortuita luego de que alguien le descerraja un balazo en la cabeza, desde corta distancia, cuando llegaba de madrugada a la casa de su familia en barrio Müller. En la cuadra, los peritos contabilizaron 15 vainas servidas.

En la mira de la investigación

David Palacios. Tiene orden de captura por el homicidio. A principios de 2013 fue condenado en una causa por drogas.

René Alejandro Sosa. El “Chancho” está en libertad condicional por un caso narco. No está imputado por el crimen.

Elio Juncos. El hijo de la exlegisladora ha sido investigado en distintos casos, pero nunca imputado. En 2017 fue baleado (foto).

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 3/03/2019 en nuestra edición impresa.

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