Con el consenso como leitmotiv, para evitar las definiciones que todos le piden

CÓRDOBA.- Si Roberto Lavagna procura construir su candidatura como la de un hombre cauto y previsor del que no deben esperarse grandes sorpresas, puede decirse que cumplió su objetivo en su visita a Córdoba. No hubo definiciones sobre su candidatura ni novedades en su análisis de la situación nacional. En cambio, sí hubo una clara…

Con el consenso como leitmotiv, para evitar las definiciones que todos le piden

CÓRDOBA.- Si

Roberto Lavagna

procura construir su candidatura como la de un hombre cauto y previsor del que no deben esperarse grandes sorpresas, puede decirse que cumplió su objetivo en su visita a

Córdoba.

No hubo definiciones sobre su candidatura ni novedades en su análisis de la situación nacional. En cambio, sí hubo una clara demostración de que está arriba del escenario decidido a actuar, de que cuenta con algunas audiencias dispuestas a escucharlo y de que hay sponsors que estarían predispuestos a apoyarlo. Aunque él haya insistido en que no es candidato. Por ahora.

Con esas impresiones se quedaron los comensales que asistieron al almuerzo de la Fundación Mediterránea. Varios de los más importantes empresarios que sostienen este
think tank concluyeron en la convicción de que tuvieron frente a sí a un candidato presidencial. Mucho más de lo que era para ellos hasta hace apenas 15 días.

Fue una muestra cabal de la expectativa que ha despertado la eventual candidatura del economista en muy poco tiempo en numerosos representantes del establishment, decepcionados o enojados con el Gobierno y, sobre todo, temerosos de un regreso del kirchnerismo. Menos contundentes o tan mesurados como Lavagna para responder si había logrado entusiasmarlos o los había seducido. Tal vez fue una pregunta descontextualizada.

Además de la descalificación de la gestión de

Mauricio Macri

y del segundo mandato de

Cristina Kirchner,

lo más claro que Lavagna dejó es que su palabra favorita, su idea fuerza, su mantra, su receta es consenso. Consenso para resolver los problemas económicos, consenso para definir candidaturas, consenso para ganar tiempo, consenso para gobernar, en un país dominado por el disenso. Lavagna gambeteó todas las preguntas que se le cruzaron para tratar de obtener una definición sobre la posibilidad de que acepte participar de una interna del peronismo alternativo. No la hubo, pero de su carrera elusiva surge de manera elocuente que ya no está tan sólido aquel rechazo absoluto a competir con otros precandidatos, expresado hace tres meses.


Lavagna tiene sponsors que estarían predispuestos a apoyarlo Fuente: LA NACION – Crédito: Diego Lima

También dejó en evidencia que si buscaba un guiño para mantener su reticencia y sus condicionamientos a ultranza, no encontró plafón aquí. El encuentro con el gobernador Juan Schiaretti le achicó la cancha para la intransigencia. El mandatario provincial reivindicó su rol de vértice de Alternativa Federal y mantuvo su posición de que las candidaturas deben resolverse en las PASO, una manera de evitar restas y seguir sumando para el espacio y para sí mismo. El hecho de ser el hombre territorialmente más poderoso del peronismo no kirchnerista también le permite tomarse su tiempo.

Schiaretti buscará dentro de dos meses su reelección, que parece más que encaminada. Un buen motivo para no desairar a nadie ni buscar conflictos o embanderarse con figuras o facciones que le puedan acotar su margen de maniobra.

La estrategia cobra relevancia si, como algunos empresarios locales y allegados al gobernador sostienen, empieza a abrirse una ventana de oportunidad para intentar una aventura presidencial, tras su probable triunfo en la provincia, justo un mes antes del plazo para presentar candidaturas nacionales.

El entusiasmo que despierta entre empresarios locales la posibilidad de que Schiaretti sea candidato a suceder a Macri es evidente. Pero para la prensa y muchos políticos cordobeses es, por ahora, una expresión de deseos. Se aferran a lo que dejan trascender desde el entorno del gobernador respecto de que su salud no está para afrontar el esfuerzo de una campaña nacional. Tampoco se animan a desecharla del todo ni a descartar que sea una buena excusa para posponer definiciones y sorprender a potenciales rivales.

Su encuentro con Lavagna potenció las conjeturas. Fue una partida de ajedrez y no el prolegómeno de ningún acuerdo concreto. Un acercamiento útil para ambos. Los dos se propusieron abrir puertas, tender puentes, ganar tiempo, reforzar sus respectivas instalaciones y darles más volumen a sus proyectos.

Por eso, Lavagna rectificó sus expresiones respecto del conductor Marcelo Tinelli, a quien había circunscripto a miembro de la sociedad civil y ahora ubicó en el rol de potencial candidato bonaerense. Registró el malestar que a Tinelli le provocó aquella clasificación, después de haberle abierto las aguas ante el gran público, entre los montañas de Macri y Cristina. El malestar que los elogios del conductor causaron en Macri, y que el propio Presidente no ocultó, fue una buena razón para este cambio. “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

También en sus declaraciones y en su exposición dejó claro que disfruta del lugar en el centro de la escena en el que lo puso Macri. Nada puede sonar mejor a los oídos de un economista que escuchar que les subieron el valor a sus acciones. El candidato que aún no es disfruta de que lo vean como si ya lo fuera.