“Pude contar la basura que era, fue liberador”, dice una de las víctimas del cura “payador”

A Pablo Huck le llevó 22 años denunciar al cura que lo había abusado durante casi dos años en su adolescencia. Este jueves empezó el juicio contra el sacerdote y él lo tuvo ahí, bien cerca. Ante los jueces, pudo decir que Marcelino Moya, así se llama el acusado, era “un hijo de puta”, “una mierda…

“Pude contar la basura que era, fue liberador”, dice una de las víctimas del cura “payador”

A Pablo Huck le llevó 22 años denunciar al cura que lo había abusado durante casi dos años en su adolescencia. Este jueves empezó el juicio contra el sacerdote y él lo tuvo ahí, bien cerca. Ante los jueces, pudo decir que Marcelino Moya, así se llama el acusado, era “un hijo de puta”, “una mierda de persona”, “un delincuente”. Pablo lo dijo con voz temblorosa, pero la frente bien alta. El cura no levantó la mirada del piso.

Pablo ahora tiene 40 años, es médico, y le falta muy poco para terminar la especialización de psiquiatría. Todo eso, dice, le ayudó a poder hablar y dar su testimonio. Tenía 14 años cuando comenzaron los abusos. Moya era joven, tenía entonces 25 años y había llegado a Villaguay, Entre Ríos, para ser el vicario de la Iglesia Santa Rosa de Lima. Era 1993. Fue recién en junio de 2015 que Pablo pudo denunciarlo. 

El cura acusado de abusos. Marcelino Moya.

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Este jueves comenzó en los Tribunales de Concepción del Uruguay el juicio oral, aunque no público. Así lo decidieron los jueces María Evangelina Bruzzo, Fabián López Moras y Melisa Ríos. Moya es el tercer sacerdote de la diócesis de Paraná que enfrenta un juicio por abuso y corrupción de menores. Los otros fueron Juan Diego Escobar Gaviria y Justo José Ilarraz, condenados a 25 años de cárcel. 

El juicio iba a comenzar el miércoles, pero el abogado defensor, José Ostolaza, renunció. Los abogados querellantes son Florencio Montiel y Juan Pablo Cosso, que adelantaron que en el juicio se van a sumar testimonios de otros hombres abusados por Moya. El acusado llega a juicio por la denuncia de Huck y otro monaguillo. La defensa del cura pidió la prescripción del delito, pero esa demanda fue desestimada en tres instancias judiciales. 

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“Pensé que la angustia que sentí todos estos años me iba a pasar factura y no me iba a dejar hablar, pero sí pude”, dice Pablo a Clarín. Son casi las dos de la tarde y acaba de dar su testimonio. “Estoy tan aliviado… no sé cuánto hablé… me dicen que más de dos horas… Verlo ahí en el banquillo me dio fuerzas. Lo tenía a mi derecha, bien cerca, no pudo levantar los ojos del piso”.

Moya, dice Pablo, era un cura joven que sabía ser amable y simpático. Tenía llegada y solía caerle bien a todos. Además, le decían “el cura payador”, porque tocaba la guitarra y recitaba poemas gauchescos.

Pablo fue abusado por Moya durante dos años, a sus 14 y 15. “Me manipulaba, me controlaba, y yo no podía hablar con nadie”, cuenta ahora.

El denunciante, Pablo Huck.

La primera vez que Pablo pudo decirlo fue ante una psicóloga, cuando tenía 20 años. A su familia no pudo contarle. “A la denuncia llegué por un largo proceso de elaboración en mi psicoterapia, pero es muy difícil”, dice Pablo, que estima que deben ser “muchos” los abusados. “Si sólo de una camada fuimos cuatro, imaginate… ahora se supone que está en la casa de sus padres, pero sigue siendo cura…”.

Pablo Huck es integrante de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico, vive en Córdoba y tiene una pareja, Karen. “Fue a la primera pareja que pude contárselo, y se lo dije de entrada, para que supiera por lo que había pasado”. Pablo dice que se siente “empoderado”: “Poder tenerlo cerca y decirle a los jueces la basura que era me hizo sentir liberado, aliviado. Ahora espero que ocurra lo que corresponde, que lo condenen“. 

DD

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