Rosalía: “Mis sueños nunca fueron modestos”

A los 13 años, Rosalía Vila Tobella tuvo una revelación. “Había ido con mis amigos del instituto a un parque, y ahí estaban todos esos autos tuneados, propalando música que me era familiar: rap, rock, electrónica. Pero de repente alguien puso al Camarón (de la Isla) y mi cabeza voló”, dice en referencia al genio…

Rosalía: “Mis sueños nunca fueron modestos”

A los 13 años, Rosalía Vila Tobella tuvo una revelación. “Había ido con mis amigos del instituto a un parque, y ahí estaban todos esos autos tuneados, propalando música que me era familiar: rap, rock, electrónica. Pero de repente alguien puso al Camarón (de la Isla) y mi cabeza voló”, dice en referencia al genio del flamenco, al momento en que su percepción sufrió un giro trascendente y a la instancia donde los géneros musicales se le presentaron, por primera vez acaso, como un fluido condensable.

Rosalía. Ganadora de dos Latin Grammy 2018 por “Malamente”.

Hablando desde su celular en pleno tránsito, Rosalía le pone todo el empeño en recordar la escena. “Estábamos ahí, con el chándal, era cosa de todos los días. La zona donde me crié, San Esteban Sasroviras, es ruta de camioneros y convivíamos con sus costumbres, sus modos de circular y hasta de comer”. Parte de esos detalles (la ropa deportiva, los autos, las motos, los camiones, el flamenco, el desenfado adolescente) son parte del despampanante Malamente, el primer corte de El mal querer (2018), el disco que va en vías de colocar a la catalana en los primeros planos del pop global.

¿Cervantes? ¿García Lorca? ¿Picasso? ¿Cuál sería el símbolo del artista español universalmente aceptado? En aquellos monstruos, la barrera de idioma y distancia hicieron más lenta su aceptación. Rosalía, suerte y mérito de ella, parece estar encaminada. El siglo XXI le deparó a los ibéricos gloria deportiva inédita y universal en fútbol, básquet, automovilismo y tenis. Pero en materia artística, apenas dos hechos salientes: el Duchamp 2.0 que protagonizó la octogenaria Cecilia Martínez restaurando a su manera el Ecce Homo original de Elías García Martínez y todo lo que produce y conduce esta mujer catalana de 25 años.

“El flamenco no es mío, pero tampoco de los gitanos”.

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Una de las pocas discusiones que atraviesan a su música son intestinas, propias de la tradición musical española. Y específicamente rondan sobre su supuesta apropiación del flamenco. Ella, que no es andaluza ni tiene sangre gitana, debe subirse al estrado del cuchicheo en una tierra en la que la obligan a ser profeta. “Sé de dónde viene el flamenco. Lo he estudiado, y viene de la rica mezcla de muchas culturas. Es mestizo, le escapa a la pureza, y no creo que deba quedarse estancado. Siento que el flamenco no es mío, pero tampoco de los gitanos, si vamos al punto. Por eso me atrevo a incorporarlo a mi música, que lleva mi nombre, y es la de una mujer de este siglo, que creció sin cuestionarse los géneros, ni los sexuales ni los musicales”, aclara desde el mismo smartphone que usa para grabar ideas y ritmos en sus ratos de ¿ocio?, si es que existen.

-Está la idea, promovida por tu entorno, de que nunca dejás de pensar en música.

-Jaja ¡Me conocen bien, entonces! Desde que me levanto hasta que me acuesto. Cuando empecé a trabajar con mi productor, el Guincho, enseguida me dijo: “Oye Rosalía, que casi no me necesitas, tú sola sabes qué quieres de la canción y hacia dónde llevarla”. Pero más allá del cumplido, una está apenas empezando y aprendiendo de gente talentosa como él.

-Hay un salto muy grande entre tu primer álbum, “Los Ángeles” (2017) y “El mal querer “(2018). En uno el flamenco es el motivo principal, y en el otro ya intervienen mil factores de forma y fondo.

-Una aprende a concretar a partir de que el rango expresivo se agrande. Seguramente el próximo vaya a ser bien diferente, también.

-¿Y de qué te vas a apropiar, para el caso?

-(Risas) No sé, está por verse. Sí hay algo que me interesa aclarar y es que a mí no me mueve tanto el trap como fuente, es una música que originalmente está promovida desde la cultura de las drogas y tal. Sí me interesa lo que se vino haciendo en Atlanta en los últimos años, ese rollo del 808 (NdeR: icónica caja de ritmos) y una forma de programar especial. Pero es una parte del todo. Mis padres escuchan Bob Dylan: son de generaciones que si escuchabas rock, escuchabas sólo eso.

-Quizá pertenecés a la última generación de artistas que va a tener que dar explicaciones por fusionar.

-¡Ojalá! Jaja. Es que ya siento que los géneros no existen: nos traspasan. Nunca voy midiendo qué porcentaje de flamenco debo incluir en una probeta. No hay laboratorio posible, al menos para mí. No podría fluir.

-¿Y para vos funciona eso de que Dylan o el rock son “serios” o tienen algún tipo de plus, y la música urbana actual tienen menos valor?

-A mí me gusta toda la música. No creo que la música de baile tenga que tener un Bob Dylan. No es el objetivo, me parece.

-Sin embargo, “El mal querer” tiene un trasfondo literario.

-Sí, Flamenca, que es una novela de autor anónimo del siglo XIV. Una historia de amor y posesión de celos a la que quise darle mi propia impronta. Pero también me influenció Rayuela, de Julio Cortázar, que es un libro que me marcó de adolescente, por eso de proponer diferentes funciones para que cada uno que leyera la historia pudiera escoger su propio orden. Así el receptor termina siendo menos pasivo, y participa de la acción creativa.

-¿Proyectos ambiciosos definen a una chica ambiciosa?

-Hombre, me gusta pensar en grande. No hay día en que no despierte pensando en hacer una canción mejor, producir mejor, llegar a audiencias más amplias. Los sueños que tuve nunca fueron modestos.

En algún momento, el temple de Rosalía pudo haber sufrido una estocada letal. Fue a los 15, cuando participó del reality Tú sí que vales, y quedó eliminada en pleno pleito con el jurado. Un año más tarde tuvo que operarse las cuerdas vocales. “Fue un momento duro, de incertidumbre. Tuvo que ver con el mal uso que les daba, gritando sin medir intensidades. Fue un momento de incertidumbre, porque tuve que reaprender todo, a empezar de cero, como si nunca hubiera cantado. Hoy tengo la suerte de comprobar que aquella prueba me hizo ser la persona que hoy soy”. 

El mundo a los pies de la chavala

Dos Latin Grammy en la última entrega del premio (la primer española con dos premios por un mismo ítem: la canción Malamente). Presencia estelar en los festivales más importantes del 2019 (Lollapalooza, Coachella y Glastonbury). Duetos con un abanico de artistas que va desde J. Balvin hasta Billie Eilish, pasando por Pharrell Williams y James Blake. La admiración de Madonna. La coreógrafa de Kendrick Lamar, en su team. Campañas para Levi’s. El anuncio de El mal querer en el neón cosmopolita de Times Square. Una actuación en el programa de Jools Holland. Un rol en Dolor y gloria, la inminente película de Pedro Almodóvar.

-¿Hay alguna interacción musical que te quite el sueño?

-Muchas, la verdad. Pero si tuviera que elegir dos, diría Kanye West y Caetano Veloso. Dos de los músicos que más admiro.

-Del brasileño vas a estar cerquita. En el Lollapalooza vos estás el viernes y él el domingo.

-¡Pero yo ya voy a estar en Chile! Espero poder cruzármelo.

“Mi función es visibilizar talento”

El 8 de marzo, en las marchas del Día de la Mujer, en muchas ciudades hispanoparlantes se exhibieron consignas tomadas directamente de canciones de Rosalía. “A ningún hombre consiento que dicte mi sentencia”. En su cuenta oficial de Twitter, @rosaliavt, ella se encargó de favear con ganas.

Una frase de Rosalía en las marchas del Día de la Mujer.

“Son cosas que valoro. Mi función dentro del feminismo, el ejemplo que pretendo dar, es el de empoderar a través de la visualización de mujeres que están alrededor mío y tienen una expresión original que aportar”, dice quien tiene a su madre y a su hermana trabajando en su equipo. “Tanto sobre feminismo como independentismo catalán, siento que no me toca a mí dar opinión, no me siento autorizada ni capacitada”.

-Una canción como “Di mi nombre” suena a empoderamiento, pero también a juego de sumisión. ¿Te proponés esos matices?

-Es cierto que puede sonar así. Lo que más me gusta es que la gente pueda darle su propio significado. Ya ves, me gusta hacer canciones, no dictar sentencias.

JB

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