“Carcajada salvaje”: el delirio para soportar la realidad

Una ex enferma psiquiátrica y un depresivo salen a contar sus sinsabores y el público estalla de risa. Es la magia del humor que abre todas las puertas. Si además ese humor es interpretado por dos que no le temen a los extremos, como Verónica Llinás y Darío Barassi, cartón lleno.En Carcajada salvaje no hay…

“Carcajada salvaje”: el delirio para soportar la realidad

Una ex enferma psiquiátrica y un depresivo salen a contar sus sinsabores y el público estalla de risa. Es la magia del humor que abre todas las puertas. Si además ese humor es interpretado por dos que no le temen a los extremos, como Verónica Llinás y Darío Barassi, cartón lleno.

En Carcajada salvaje no hay espacio para sonrojarse o distenderse: el texto del estadounidense Christopher Durang no da respiro. Aún cuando la obra fue escrita en 1975, la vigencia de algunos temas se potencia por el shot de frescura en la adaptación que hicieron los protagonistas junto a la directora Corina Fiorillo. Los temas universales que apuntan a los miedos básicos del ser humano están condimentados con alusiones locales y actuales.

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La anécdota es mínima: un hombre y una mujer se cruzan en la góndola del atún en un supermercado y lo que sucede allí, desata todo. Desata una locura.

Imparables, estos personajes toman al público de rehén voluntario y escupen toda su incongruencia de vida, sus miedos, obsesiones, sus delirios, sus manías. Y no paran. Con una maestría singular, el texto parece un manual de las desdichas de la sociedad moderna, un catalógo de calamidades encarnadas en dos seres humanos que podrían ser cualquiera de los que están en la platea. Aunque el recurso de la exageración permite que, cada espectador, tome distancia y sienta alivio, compasión, desprecio y ternura por estos dos personajes.

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Con una escenografía al servicio de los actores, Carcajada salvaje crece y se potencia con la presencia de Llinás y Barassi. Ambos dan todo de sí, literalmente. La obra es de una exigencia corporal importante. El drama que viven los personajes es inversamente proporcional a la risa que provocan. Son intensos, son perdedores por donde se los mire, son patéticos por momentos. Pero no dejan de parecerse a cualquiera de todos los demás, salvo por un poco de exageración.

Especialistas en humor ácido, negro, sin filtro, Llinás y Barassi ponen todo su oficio a funcionar y son dos máquinas potentes en escena.

Ella, con su capacidad de delirar y crear personajes tan detestables como adorables. La actriz tiene ese don, juntar en una misma criatura las características más disímiles y hacer queribles a sus monstruosas creaciones. Talento para la caricatura que se corporiza en el escenario. Él, con un manejo fantástico del histrionismo, lleva a su personaje hasta la exasperación, con detalles que sacan de quicio y con los que no hay más opción que seguir el juego y reirse.

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Juntos generan sensaciones particulares. En un momento en que la gente busca meterse a una sala para olvidarse de todo y reirse, Carcajada salvaje cumple su cometido. Da pie a la catarsis, a un estado aunque sea pasajero, de bienestar.

Crítica Muy Buena

Carcajada salvaje Con:Verónica Llinás y Darío Barassi. Dirige:Corina Fiorillo. En:Multitabaris Comafi, Av. Corrientes 831. De miércoles a domingo.

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