El bulevar de los robos

Son las 9 de la mañana de un día de semana mientras Irma relata la experiencia, y ya luce en su cabeza el pañuelo que la identifica como trabajadora de una cocina. Explica que su marido, aproximadamente a las 22 volvió de hacer un pedido, se bajó de la moto y abrió la puerta para…

El bulevar de los robos

Son las 9 de la mañana de un día de semana mientras Irma relata la experiencia, y ya luce en su cabeza el pañuelo que la identifica como trabajadora de una cocina. Explica que su marido, aproximadamente a las 22 volvió de hacer un pedido, se bajó de la moto y abrió la puerta para entrar. Apenas avanzó unos metros cuando un ladrón se montó sobre el vehículo y desapareció, sin necesidad de tener la llave.

Ella está en un grupo de WhatsApp que integran los vecinos de la zona y la Policía, por medio del cual pudo dar alarma de lo sucedido. Minutos después, un móvil se presentó en la puerta de su rotisería. Irma no tiene quejas sobre el trato y la rapidez de los uniformados, pero lamenta la poca presencia que hay para prevenir en la zona.

La recuperación de la moto vino por otro lado: al parecer, los asaltantes no estaban interesados en el vehículo sino que la llamaron por teléfono al local para negociar. Breve tiempo después, un hombre encapuchado llegó para tocarle la puerta. “Les dejé el dinero casi sin salir de la casa y sin mirarlos; me dejaron la moto tirada”.

Aunque relata un rosario de robos a negocios vecinos, destaca que no son las únicas víctimas: “Acá hay robos todos los días, o te roban las luces o te golpean y te roban”.

Graciela, dueña del quiosco vecino y también víctima de un robo reciente, comenta lo mismo: “Una vez los vi pasar caminando tranquilos por la calle cargando los muebles robados de una casa que estaba unos metros más allá con la puerta abierta”.

Cruzando la avenida hay un negocio de quiniela cuyos propietarios relatan el mismo drama cotidiano. El lunes 11 de febrero, Daniel descubrió que a la madrugada el vidrio del frente de su local había sido destruido de un piedrazo. Adentro encontró todo revuelto. Se llevaron dinero y un celular. También es parte del mismo grupo de WhatsApp que Irma, pero comenta que tuvo que “renegar” para que la Policía fuera hasta su comercio. Contundente, dice: “Hay que hacer un poco de prevención”.

Desvalijados. A comienzos de mes, los ladrones no dejaron “ni una pinza” en la gomería. (Pedro Castillo)

Una guardia de vecinos

Cien mil pesos fue el monto de los bienes robados que calcularon Carlos y su hermano Marcelo, dueños de una gomería aproximadamente al 6000 de De Los Alemanes.

Carlos explica que ante los robos en la zona, compró candados para reforzar las grandes persianas que guardan la gomería.

La intención quedó en eso: como si hubieran sabido, antes de que él pudiera colocarlos, los ladrones entraron, pero arrancando una puerta de sus bisagras. Ocurrió cerca de las 0.30 del 1 de marzo.

La mesa de trabajo hoy rebalsa de herramientas y es difícil imaginársela vacía. Pero Carlos explica que no le dejaron “ni una pinza” y tuvo que reponer todas. Además se llevaron cubiertas nuevas, incluidas las de un auto recién comprado de una clienta, dinero y baterías.

Los hermanos habían hablado con los vecinos para hacer una guardia, pero desistieron de la idea. “Estoy 12 horas trabajando acá, no puedo quedarme a vivir”, apunta Marcelo y determina: “Es trabajo de la Policía, tampoco nos corresponde”.

“Para mí, la prevención es lo ideal”, dice Carlos, quien coincide sin saberlo con Daniel, de la quiniela. Pero el gomero dice que la Policía no tiene con qué trabajar, que eso le han dicho. Y concluye en voz baja: “Te sentís violado”.

Paola, de la librería que está a una cuadra, cuenta que la seguidilla de robos empezó hace alrededor de un mes.

Un sábado temprano, su marido Daniel aprovechó que las mañanas de los sábados abren el negocio más tarde y decidió disfrutar ese rato libre para salir a caminar. Pasó por el negocio y vio la persiana prácticamente arrancada y la puerta abierta. La pared aún luce a los costados las cicatrices de aquel robo.

Los intrusos se llevaron computadora y dinero. Pocos días después, cuando los dueños estaban a punto de cerrar, los ladrones aprovecharon unos segundos para sacarles del auto una mochila y la cartera de Paola.

Más protestas

Ante este cúmulo de reclamos, una periodista de La Voz fue hasta la comisaría de la zona para conocer la visión de la fuerza de seguridad sobre estas denuncias, pero no fue posible obtener alguna respuesta oficial.

Por su parte, los vecinos de la avenida De Los Alemanes al 6000 hace unas semanas organizaron un corte de media calzada y juntaron firmas para intentar lograr algún cambio. “Así la Policía se hace presente al menos unos días”, explican los dueños de la librería para dimensionar lo acotadas de las expectativas que tienen.

Con la misma estrategia, Irma cuenta que para hoy a las 18 han organizado un corte como protesta por la situación. Será a la altura del 4000 de esa avenida.

“Me duele la gente”, se despide Irma, al describir la impotencia generalizada en la zona a raíz de la escalada de la inseguridad.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 29/03/2019 en nuestra edición impresa.

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