La velada en el Teatro Coliseo

El ciclo anual Nuova Harmonia comienza su temporada con una velada de ballet en una única función el jueves por la noche. Eleonora Abbagnato y étoiles italianas en el mundo fue el nombre de esta gala en la que se puso en primer plano plano el nombre de Abbagnato: como directora del Ballet de la…

La velada en el Teatro Coliseo

El ciclo anual Nuova Harmonia comienza su temporada con una velada de ballet en una única función el jueves por la noche. Eleonora Abbagnato y étoiles italianas en el mundo fue el nombre de esta gala en la que se puso en primer plano plano el nombre de Abbagnato: como directora del Ballet de la Ópera de Roma y bailarina de la Ópera de París es sin duda la figura destacada del conjunto reunido para esta ocasión.

Las ceremonias de ballet, como conjunción en un mismo programa de piezas cortas y escenas de obras extensas, son un fenómeno ya con historia y pasaron a ser prácticamente un género en sí mismo. Aunque decir “gala de ballet” es, en realidad, anacrónico porque en estos programas difícilmente no haya obras contemporáneas y esta mezcla de lenguajes y estilos, incluso muy opuestos, fueron también la característica de la función en el Teatro Coliseo.

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Eleonora Abbagnato fue, no cabe duda, la bailarina más relevante de la noche, aunque el dúo con el que se abrió el programa, La Rose Malade, de Roland Petit, apareció como una pieza un poco ampulosa y algo trabada, como “nudos” de brazos y piernas que se veían incómodos de resolver; tampoco colaboró la inseguridad de su partenaire, Giuseppe Picone.

En cambio Abbagnato tuvo todas las posibilidades expresivas en el dúo de Le Parc, bello fragmento de una famosa obra de 1994 del coreógrafo francés Angelin Preljocaj; muy afinado intérprete fue también su compañero, el francés Benjamin Pech.

Hubo desde luego un repertorio académico: el “Adagio” del acto segundo de El lago de los cisnes, con Flavia Stocchi y Giuseppe Picone; el pas de deux de Don Quijote, con Susana Salvi y Alessio Rezza; una escena de La Sylphide con la rusa Svetlana Lunkina y Francesco Frola -un estupendo artista- quienes también bailaron otro pas de deux muy visitado: El corsario. Salvi, Alessio y el bailarín estadounidense Amar Ramasan hicieron una escena del segundo acto de una versión de Carmen del checo Jiri Bubeniceck, contemporánea en su creación (fue estrenada en Roma este mismo año) y neoclásica en su lenguaje.

Además de Le Parc, hubo otros dos momentos muy disfrutables: los dos solos Al faro y Las indias galantes, creados e interpretados por Damiano Ottavio Bigi, un ex bailarín de la legendaria compañía de Pina Bausch. Un poco misteriosos, muy intensos y muy bien bailados, tuvieron una respuesta entusiasta del público.

Y hubo finalmente dos piezas simpáticas, coloreadas ambas por el jazz: Who Cares?, de George Balanchine, sobre música de Gershwin e interpretada por Amar Ramasan; y Cheek to Cheek, de Roland Petit, con música de Irving Berlin, con Eleonora Abbagnato y Alessio Rezza en un homenaje francés a los musicales de Hollywood de los años ’50.w