Crítica de “Emboscada final”, por Netflix: A la caza de Bonnie & Clyde

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Crítica de “Emboscada final”, por Netflix: A la caza de Bonnie & Clyde

“¿Por qué no le disparaste?”

“Había mucha gente. Malditos admiradores…”.

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Cazar a dos leyendas criminales como Bonnie Parker y Clyde Barrow no fue fácil ni sencillo. Estos delincuentes, para muchos considerados los Robin Hood de los Estados Unidos, que asaltaban bancos pero acribillaban policías, no tenían más que 23 y 25 años cuando, por enero de 1934, liberaron a Raymond Hamilton, ex socio de la pareja -que se amaba hasta la locura- que estaba preso y condenado a 263 años de cárcel.

Es entonces cuando la gobernadora Ma Ferguson (Kathy Bates) y el sheriff Lee Simmons (John Carroll Lynch) deciden llamar a alguien que aprese a estos dos asesinos “más adorados que estrellas de cine”.

Nadie podía atraparlos.

Y entran en acción Frank Hamer (un Kevin Costner, a los 64 años, de prominente panzota y avejentado) y B.M. Manny Gault (Woody Harrelson, que tiene siete años menos, pero parece de la misma edad que su compañero de elenco).

Emboscada final desmitifica a Bonnie & Clyde, tratando de que el público olvide cierto glamour que han tenido, sobre todo tras la película en la que los interpretaron Faye Dunaway y Warren Beatty en 1967 (sí, cincuenta años antes del papelón de la entrega del Oscar).

Hamer, que estaba casado con una mujer adinerada, y que tiene mascotas extrañas, y Gault, un hombre simple, elemental, formaron una dupla de Texas Rangers que el director John Lee Hancock muestra en su trato diario, con sus charlas nada anodinas y un sentimiento del deber encomiable.

Es de entender: Hamer (Pancho, para los amigos) y Gault son policías “de la ruta”, y al perseguir las pocas pistas que había de los criminales, pasaban mucho tiempo juntos en el auto.

¿Cuánto es mucho? Todo el tiempo.

De ahí que sepamos más de las vidas y la manera de pensar de ellos que de los perseguidos. Sí sabemos que van a bordo de un sedán azul, de neumáticos negros (gran escena la que el empleado de una estación de servicio no quiere darle información a Hamer). Bonnie viste bien, con clase, y complementa su outfit con una potente ametralladora en sus brazos. Pelirroja, cojea de la pierna izquierda y llevaría un conejo.

Algo de todo esto lo conocemos por información fragmentada. Hancock, director de Un sueño posible, por la que Sandra Bullock ganó su Oscar, El sueño de Walt, sobre la autora de Mary Poppins y su encuentro con Walt Disney, y Hambre de poder, sobre McDonald’s, elige la pareja de policías por encima de la de los delincuentes, a quienes casi no mostrará.

Para él es más importante el comportamiento de los policías, sus enfrentamientos con la gente del FBI, el descreimiento de las actividades forenses. Son dos sabuesos detrás de sus presas, y si las normas indican que fuera de cierta jurisdicción no puedan operar, al llegar a la frontera con Oklahoma… Mejor dicho, no podrían.

Emboscada final tiene muchos componentes que recuerdan al cine más clásico, no sólo al de “buddies” o policías compañeros. Costner y Harrelson entonces sostienen el relato, con su presencia continua en la imagen.

Que los actores que interpretan a Bonnie y a Clyde se hayan desempeñado hasta ahora básicamente como dobles de cuerpos (stunts) se entiende con las últimas tomas de la película…

“Emboscada final”

Buena

Drama/Thriller. EEUU, 2019. 132’, SAM 16. De: John Lee Hancock. Con: Kevin Costner, Woody Harrelson, Kathy Bates, John Carroll Lynch. Disponible en: Netflix.