“Inside Out”, de Bernard Fowler, o los Rolling Stones por otros medios

Pocos deben conocer el cancionero stone como Bernard Fowler, rueda de auxilio vocal de Mick Jagger, Keith Richards y Cia. desde 1989. Encima, el hombre, que el segundo día de 2020 cumplirá 60, cuenta por ahí que el primer disco que le dio su papá fue 12 x 5, el segundo del combo británico. O sea, Stone…

“Inside Out”, de Bernard Fowler, o los Rolling Stones por otros medios

Pocos deben conocer el cancionero stone como Bernard Fowler, rueda de auxilio vocal de Mick Jagger, Keith Richards y Cia. desde 1989. Encima, el hombre, que el segundo día de 2020 cumplirá 60, cuenta por ahí que el primer disco que le dio su papá fue 12 x 5, el segundo del combo británico. O sea, Stone desde la cuna.

Por eso, pocos, también, están en condiciones de hacer lo que Fowler acaba de hacer con ocho canciones del grupo en su flamante álbum Inside Out. Según él mismo explica en su página WEB, se trata de una “deconstrucción” de los temas de los Rolling. Algo que en un lenguaje menos a la moda se podría traducir como que los dio vuelta como una media.

Si los Stones más de una vez fueron “en busca de las fuentes”, ahí donde el blues y lo afro hicieron causa común y le dieron larga vida al rock, 60 años después del comienzo de “esa” vida de rock, Bernard tomó parte del resultado de esa búsqueda y directamente optó por empaparlo en esas aguas en las que la percusión adquiere un rol (pre)dominante. “Me despertaba escuchando tambores, y me dormía escuchándolos”, recuerda Fowler.

“Inside Out” es el nuevo disco de Bernard Fowler, quien hace una notable relectura de ocho temas de The Rolling Stones.

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Las versiones de Tie You Up (The Pain Of Love), Undercover Of the Night y Must Be Hell, los tres, temas de Undercover, se destacan especialmente en ese aspecto. Rítmicamente disímiles, Tie abre el álbum y marca el camino de lo que vendrá, con un Fowler que recita más que canta cada verso; algo parecido a lo que hace en Undercover…, aunque en un tono que actualiza aquello de que “la policía del sexo está allí fuera, en las calles, asegurando que las leyes del pasado no sean rotas”, y eso de “alejate de las calles porque estás en peligro”.

En tanto, para Must Be Hell, la percusión de Walfredo Reyes Jr. y Lenny Castro se combina de manera magistral con el saxo de Tim Ries, y le da un nuevo marco a una postal de un aquí y ahora inquietante. Angustiante. “Tenemos un problema, dalo por seguro/Tenemos millones desempleados/Algunos chicos no pueden escribir/Algunos no pueden leer/Algunos están hambrientos”.

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La puesta en presente del material de la dupla Jagger/Richards se extiende a la envolvente Sister Morphine, en la que las sílabas se estiran en la voz de Fowler, mientras la trompeta de Keyon Harrold se disputa el protagonismo con la guitarra de Ray Parker Jr. Entre paisajes alucinatorios y, también, de ensueño. En un punto, la epidemia del opio, que terminó con la vida de unos 47.500 estadounidenses en 2017 renueva su vigencia.

El cantante y sus aliados, con el baterista Steve Jordan al frente, aceleran el tiempo de Time Waits for No One, con Daryll Jones marcando el paso al ritmo de un tic tac sobre el que las voces se superponen y precipitan, al tiempo que Ray Parker Jr. aplica una saludable sobredosis de sutilezas.

Dancing with Mr. D aporta la cuota de R&B, del mismo modo que All the Way Down aporta la de funk; en ambos casos, con una base demoledora que construyen entre Jordan y Jones. Al fin y al cabo, todos miembros también de la familia stone, desde hace muchos años.

Alejado por completo del concepto del tributo, Fowler, además de no haber elegido los hits de una discografía que desborda de ellos, decidió hacer suyo ese repertorio que tanto lleva cantando tal como fueron creados, para hacerlos como le dieron las ganas. Y lo bueno es que las ganas lo llevaron por un camino que invita a ser recorrido una y otra vez, descubriendo nuevos atractivos en canciones recontraescuchadas. 

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En todo caso, el cantante se reserva Sympathy for the Devil  para mantenerse fiel al desarrollo del clásico, aunque le deja el campo abonado al piano de Mike Garson (David Bowie, St. Vincent, Nine Inch Nails) para que la versión crezca a medida que avanza, inexorable, hacia la risotada final de un Fowler endemoniado. Y, una vez más, dueño de la situación.