“Yo esperaba el balazo”, dijo la víctima del rapto: cuatro condenados

De reojo, alcanzó a ver las siluetas de los hombres cuando entraban como tropel al galpón. Cuando quiso reaccionar, uno de los delincuentes le pegó una trompada y le sacó un diente. Al levantarse, lo apuntaron con una pistola, directo a la cabeza.“No te muevas. Ya fuiste…”, dijo el que manejaba al grupo.Eran las 9…

“Yo esperaba el balazo”, dijo la víctima del rapto: cuatro condenados

De reojo, alcanzó a ver las siluetas de los hombres cuando entraban como tropel al galpón. Cuando quiso reaccionar, uno de los delincuentes le pegó una trompada y le sacó un diente. Al levantarse, lo apuntaron con una pistola, directo a la cabeza.

“No te muevas. Ya fuiste…”, dijo el que manejaba al grupo.

Eran las 9 de aquel 15 de septiembre de 2016, cuando G. C. (45) fue secuestrado por una banda de delincuentes en su local comercial de barrio Villa Azalais, en la zona norte de la capital cordobesa.

Tras ser paseado en autos y ser alojado en una casa durante varias horas, la víctima fue liberada.

Eso sí: su familia tuvo que pagar un rescate de 220 mil pesos y unos 1.300 dólares en efectivo.

Dos años y medio después, el cabecilla de la banda y tres de sus secuaces fueron condenados.

El principal sentenciado fue Lucas Darío Pinpino, a quien los jueces del Tribunal Oral Federal (TOF) Nº 2 de Córdoba le impusieron una pena de 13 años de prisión.

En paralelo, los otros condenados fueron: Mariano Exequiel Gigena, Juan Manuel Catelli y Darío Aurelio, quienes recibieron penas de entre 10 años y 6 meses y 11 años de cárcel efectiva.

Todos fueron hallados culpables de secuestro extorsivo agravado y robo calificado. Sucede que la banda también se robó una 4×4.

Las condenas fueron en línea con lo que había solicitado el fiscal federal Carlos Gonella, quien trabajó con su par, Facundo Trotta.

Para dar con el grupo fue clave un arduo trabajo de cruce de llamados y escuchas telefónicas, entre otras pruebas, obtenidas por la División Antisecuestros de la Policía de Córdoba.

Golpe comando

Aquella mañana, G. C. llegó al galpón ubicado en Villa Azalais y se puso a trabajar en la reparación de un camión. De pronto, aparecieron los cinco delincuentes. Otros cómplices esperaban fuera.

El trabajador fue golpeado, amenazado y subido maniatado en la parte trasera de un Peugeot 308.

Los captores lo encapucharon. Sin embargo, C. alcanzó a ver en qué auto lo llevaban. La identidad de la víctima no se da a conocer para no revictimizarla.

“¿Justo hoy tenías que llegar tan tarde a trabajar?”, le dijo uno de los captores, según se desprende de la causa judicial a la que La Voz tuvo acceso.

Al comienzo, la víctima pensó que se trataba de un asalto más.

Y fue por eso que le ofreció a los delincuentes dinero y un vehículo.

A poco de andar, el cabecilla le indicó que se trataba de un secuestro y que su familia iba a tener que juntar 500 mil dólares.

Usando el celular de la víctima, los captores se comunicaron con su esposa y le informaron lo que estaba sucediendo.

La mujer pensó que se trataba de una broma. Recién entendió todo, cuando le pusieron del otro lado de la línea a su esposo.

“No llamen a la Policía porque lo matamos y no cuenta el cuento”, gritó uno de los delincuentes en otra de las comunicaciones. Quien hablaba, según los fiscales, era el propio cabecilla del grupo.

La mujer intentó decirles que no había dinero. Le cortaron.

Para ese entonces, la Policía ya estaba al tanto de todo.

C. estuvo varias horas en el Peugeot, luego fue introducido en una vivienda y posteriormente lo subieron a otro rodado.

La familia aceptó pagar el rescate y la Policía acompañó todo.

El dinero fue dejado dentro una bolsa en avenida Cruz Roja al filo de ese mediodía. Dos hombres en una moto recogieron el dinero.

A la siesta, se produjo finalmente la liberación de la víctima en la zona sur de la ciudad.

“Me hicieron bajar, me sacaron el precinto, cruzamos una acequia, había yuyos, arbustos… Camino, me tropiezo, me caigo… Yo esperaba el balazo…”, contó G. C., en la sala de audiencias del TOF 2.

La víctima se mostró muy consternada al revivir la pesadilla.

Los acusados nunca pidieron perdón ni se arrepintieron en la sala de audiencias.

“Estoy conforme con las condenas que se obtuvieron, fue un hecho muy grave y la víctima lo sufrió mucho”, comentó el fiscal Gonella, quien destacó el trabajo investigativo desarrollado por los pesquisas policiales.

El fiscal señaló que se trata de una banda peligrosa a la que se adjudica otros ilícitos.

Sospechoso muerto. La investigación tenía contra las cuerdas a otro acusado: el “Gringo” Tobares.

El hombre terminó muerto en un enfrentamiento.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 23/04/2019 en nuestra edición impresa.