Prince, un artista con presente, pasado y futuro

A pesar del dolor que producen las pérdidas, el ser humano encuentra en donde puede razones para seguir viviendo. Desde que nacemos sabemos que vamos a morir, por lo que natural e inconscientemente buscamos el modo de negarlo o, al menos, de que ese saber -el de nuestra finitud- no gobierne nuestra mente de forma…

Prince, un artista con presente, pasado y futuro

A pesar del dolor que producen las pérdidas, el ser humano encuentra en donde puede razones para seguir viviendo. Desde que nacemos sabemos que vamos a morir, por lo que natural e inconscientemente buscamos el modo de negarlo o, al menos, de que ese saber -el de nuestra finitud- no gobierne nuestra mente de forma permanente, porque si no la vida sólo se limitaría a esperar ese momento.

Tanta filosofía (barata si se quiere, sé que no digo nada que no sepan) viene a cuento de cómo los que amamos nunca se van del todo.

Prince, en mi opinión uno de los artistas más importantes del siglo XX, compositor, multi-instrumentista, cantante, performer, bailarín, murió hace tres años (el 21 de abril de 2016). Desde entonces, su obra no hace más que estar más y más presente. Y dada su condición de tremendo trabajador del espectáculo, si sus herederos así lo quisieran podríamos tener un álbum nuevo -es decir, con canciones inéditas- una vez por mes a lo largo de una década. O uno por año… ¡hasta que termine el siglo XXI! Y esto no es una exageración, sino lo que se comprobó luego de abrir su bóveda (denominada “The Vault”), en la que meticulosamente el artista de Minneapolis guardaba lo que grababa en su propio estudio, Paysley Park. Canciones y más canciones que, espero, en algún momento irán saliendo a la luz.

Prince y su símbolo en el micrófono.

Sí el 7 de junio, el día en que hubiese cumplido sus 61 años, estará a la venta un nuevo disco suyo. Se llamará Originals y constará de quince canciones que Prince compuso para otros artistas. Es de entender que al ser tan prolífico, también tuviera gemas para compartir, sobre todo entre los artistas de su entorno. Así, en Originals se escucharán las “versiones Prince” de temas como The Glamorous Life (que se lo había cedido a su excelente baterista y cantante Sheila E.), Jungle Love (la grabó The Time, en algún momento su banda de apoyo) y Sex Shooter (que interpretara Apollonia 6, la banda liderada por Apolonia Kotero, coprotagonista de dos películas del artista, Prince y Purple Rain). También figuran Nothing Compares 2 You (que fuera un hit global en la voz de Sinead O’Connor), In a Different Light (que hacían sus protegidas, The Bangles) y Baby, you are a Trip (conocida en la voz de Jill Jones). Por gusto personal, generalmente prefiero las versiones de las canciones hechas por su autor, así que aguardo Originals con mucha impaciencia.

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Y el 29 de octubre se editará The Beautiful Ones, un libro que Prince dejó inconcluso y que había anunciado apenas semanas antes de su muerte. Por lo que dejó trascender la editorial Random House, el libro incluirá manuscritos originales de canciones, recortes y rarezas fotográficas y abarcará la niñez del músico, sus primeros años como artista y su ascenso hasta convertirse en una estrella internacional. También hará un detalle del desarrollo de Purple Rain, usando sus propios escritos. La descripción textual de Random House es, además de marketinera, esperanzadora: “The Beautiful Ones es un relato profundamente personal de cómo Prince Rogers Nelson se convirtió en el Prince que conocemos. La historia real de un niño que absorbió el mundo a su alrededor y creó un personaje, una visión artística y una vida, antes de los éxitos y la fama que llegarían a describirlo”.

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No tendré la suerte de volver a ver a Prince sobre un escenario (como lo vi en la cancha de River el 21 de enero de 1991, en lo que fue el mejor show que presencié) y me quedé con las ganas de escucharlo en el Teatro Colón, con el espectáculo de piano y voz que hizo en sus últimos días y que estaba por traer a la Argentina. Pero noticias de él habrá siempre. Y si no las hubiera, con lo que compuso en vida y el legado que dejó es más que suficiente. Es el efecto que logra en nuestros corazones la gente que queremos, aunque ya no estén físicamente entre nosotros.

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