Comer sano le cuesta a una familia $ 8.800 más que la canasta básica

Caminar, comparar precios, buscar segundas marcas. Con los altos índices de inflación de los últimos años, comprar alimentos puede convertirse en una odisea para la economía doméstica. Y esa búsqueda se complica aún más si lo que se busca es armar un plan de alimentación saludable.Para acceder a este plan, en abril, una familia porteña con dos adultos…

Comer sano le cuesta a una familia $ 8.800 más que la canasta básica

Caminar, comparar precios, buscar segundas marcas. Con los altos índices de inflación de los últimos años, comprar alimentos puede convertirse en una odisea para la economía doméstica. Y esa búsqueda se complica aún más si lo que se busca es armar un plan de alimentación saludable.

Para acceder a este plan, en abril, una familia porteña con dos adultos y dos chicos necesitó al menos $ 21.000 mensuales, según un informe elaborado por expertos de la UBA. Los lácteos, las carnes y las frutas representan casi la mitad del presupuesto. En comparación, todo el plan demanda un gasto mensual $ 8.800 más alto que la canasta básica. Es decir, comer sano cuesta un 73% más. 

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En marzo (última medición oficial), el Indec calculó una Canasta Básica de Alimentos de $ 11.640,06 para una familia de 4 integrantes. El combo -que las asociaciones de consumidores estiman en $ 12.132 para abril– busca satisfacer un umbral mínimo de necesidades energéticas y proteicas.​

A diferencia de este cálculo, la Escuela de Nutrición de la Facultad de Medicina de la UBA y el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) basaron su estudio en los lineamientos las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA). 

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Las proporciones y cantidades de la Canasta Saludable contemplan en un requerimiento de 2.000 kcal diarias. Incluye nueve nutrientes esenciales (proteínas, fibra, calcio, hierro, zinc, potasio y vitaminas A, C y B9) y cuatro nutrientes o componentes críticos (ácidos grasos saturados, sodio, azúcares totales y almidón).

A través de un índice, se mide la relación entre la energía aportada o ingerida y las cantidades de nutrientes que deben promoverse (por su esencialidad) y otros que deben limitarse (por su riesgo de exceso). En este sentido, considera tres niveles de calidad: baja, intermedia y alta que representan el 15%, 20% y 65% del menú (ver infografía). 

Para estimar el valor de este plan, el Observatorio de Economía Alimentaria Saludable consideró los precios de alimentos (unos 900 en total), registrados en diferentes comercios de la Ciudad de Buenos Aires y partidos del primer cordón de la provincia de Buenos Aires, en el sitio web del programa Precios Claros y en los informes de IPC del Indec. La fecha de registro comprendió la última semana de marzo y el mes abril de 2019. Los ítems saludables que requieren mayor gasto son la leche, el yogur y los quesos ($ 4.830), las carnes y huevos ($ 3.570) y las frutas ($ 2.520)

Sergio Britos, licenciado en Nutrición, es uno de los encargados del estudio. Explica que en el país existe una verdadera “brecha alimentaria” entre las recomendaciones nutricionales y los hábitos de la población. Los argentinos, dice, ingerimos en promedio un 60% de la leche recomendada por día. En el caso de los cereales integrales, apenas se alcanza el 10%. “Con las harinas refinadas y panificados sucede lo opuesto: se consume casi el doble de lo indicado“, detalla.

Britos hace hincapié en la necesidad de una buena alimentación para los más chicos: “En Argentina, 4 millones y medio de chicos comen diariamente en la escuela. Es decir, las escuelas tienen un rol importante, que puede representar hasta el 30% de lo que los chicos comen por día“.

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María Luisa Ageitos -pediatra sanitarista y expresidenta de la Sociedad Argentina de Pediatría- agrega: “No es lo mismo lo que come un niño de clase media, que uno que se encuentra en situación de pobreza, que depende de los comedores. El costo de los alimentos saludables han aumentado mucho. Las frutas y verduras, que crean hábitos de consumo hacia adelante, también están caras y ni siquiera son consideradas en el programa de Precios Esenciales. Las legumbres traen enormes beneficios y en combinación con hidratos como el arroz constituyen un alimento completo, sin embargo son poco consumidas por nuestra sociedad. Algunas además requieren más tiempo de cocción y, por lo tanto, mayor costo de gas”.

Ageitos liga el problema alimentario al sedentarismo y falta de posibilidad de acceso a la actividad física (también condicionada por factores económicos). “Se bombardea a los niños con publicidad -engañosa- de alimentos con bajo valor o que suman mucha azúcar, sal, grasa. No todos saben leer las etiquetas que, por otro lado, muchas veces son casi imposibles de abordar”.

El alto costo de los alimentos saludables dificulta que los chicos de menores recursos accedan a una dieta equilibrada.

“Desde que nos levantamos, nuestro cuerpo realiza un trabajo nutricional desde el punto de vista biológico, aún cuando dormimos. Cuando no estamos comiendo, comprando o pensando en comida, la estamos digiriendo o eliminando. Por eso es muy importante tener una dieta balanceada y acorde a las necesidades de cada individuo“, afirma Daniel De Girolami, nutricionista, expresidente de la Sociedad Argentina de Nutrición y director de Nutridiagnos.

El especialista explica que todas las dietas deben incluir alimentos variados y complementarios, que aporten las dosis correctas de calorías, pero también de proteínas, vitaminas y minerales. Agrega que los planes nutricionales son únicos, ya que las necesidades varían: no requieren los mismos alimentos una adulta embarazada, un deportista, un niño o una persona mayor con una enfermedad.

Sin embargo, hay una serie de reglas básicas y sencillas que se deben seguir. “Estas pueden resumirse en las cuatro leyes propuestas por el Pedro Escudero, el padre de la Nutrición en Argentina”, detalla De Girolami: una cantidad suficiente de calorías (combustible) para funcionar; buena calidad de nutrientes (proteínas, hidratos, grasas, vitaminas, minerales); armonía (de acuerdo a los requerimientos nutricionales por edad, sexo y actividad); y adecuación -la más importante-, según las necesidades de cada individuo.

DD

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