El trágico caso del único desafuero aprobado en la Legislatura bonaerense

La Legislatura bonaerense trató este jueves el pedido de desafuero de un Diputado. Fue por una presentación sobre presunto acoso sexual que involucra al presidente de la Cámara, Juan Manuel Mosca. Finalmente, se resolvió no desaforarlo, sino darle licencia por 60 días.Por razones más simples, y tan gravosas, como la furia humana, hace ochos décadas atrás,…

El trágico caso del único desafuero aprobado en la Legislatura bonaerense

La Legislatura bonaerense trató este jueves el pedido de desafuero de un Diputado. Fue por una presentación sobre presunto acoso sexual que involucra al presidente de la Cámara, Juan Manuel Mosca. Finalmente, se resolvió no desaforarlo, sino darle licencia por 60 días.

Por razones más simples, y tan gravosas, como la furia humana, hace ochos décadas atrás, en la misma Legislatura se registró el primero y único desafuero. Fue en la década del 30, cuando las cuestiones de honor se resolvían en duelos de amanecidas y también a pistoletazos de western criollo. Sólo un espacio de virilidades u hombría, conforme al léxico antiguo. No existía el voto femenino. Ni cuestiones de género. El abuso, si se quiere, era en toda la línea.

Con ese paisaje de aparente bravura, la Cámara de Diputados bonaerense tuvo su desaforado.

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¿Por qué se llegó a esa instancia? Por una muerte, en el mismo edificio del parlamento provincial. El 15 de diciembre de 1937, en pleno desarrollo del “fraude patriótico” que amañaba elecciones, Fortunato Chiappara ejercía su banca por el Partido Conservador. Andaba de malas con otro colega, Mario Bessone, radical. Ambos rivales en la sexta sección electoral, en la pampa extensa del Interior bonaerense. Habían tenido sus cuitas en el pago de Goyena. Tanteaban sus odios.

Previsible, en determinado momento se cruzaron en los pasillos del Palacio Legislativo. Las miradas presagiaron el incendio de las palabras. Después, Chiappara empujó a su adversario. El agredido –según los testimonios en el juicio- se defendió y entre empellones los dos terminaron en la Mayordomía. Allí, en ese apretado despacho, disminuido en fuerzas, Chiappara amagó sacar un arma. El otro, presto, sin esperar la peligrosidad del gesto, le metió seis balazos, con el revólver, el suyo. Digamos que le vació el cargador.

Vacilante, Bessone se agachó para comprobar el daño. En vano intentó una asistencia desesperada. Además de tirador, era médico. Fue un instante, la víctima terminó en una ambulancia hasta el sanatorio Cometto, donde murió al ingreso.

Ese día debía votarse el presupuesto. Apenas dos horas después de la tragedia los 50 diputados votaron el desafuero de Bessone para la indagatoria judicial, a cargo de Cotti de la Lastra. Sin ese requisito no podía ser detenido.

Bessone recibió una condena de tres años.

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Para la estadística apenas, hubo otro intento de desafuero. En 2008 cuando la Cámara Baja se negó a votar el pedido del diputado de la Coalición Cívica, Abel Miguel, amparándose en cuestiones constitucionales.

El mismo Miguel había solicitado el tratamiento para afrontar un juicio en su contra por presunto enriquecimiento ilícito. Mal de esta época. En esa sesión fue el entonces vicepresidente de Diputados, Julián Domínguez, quien planteó la imposibilidad del debate.

En aquella oportunidad, el planteo pasó a Comisión. No prosperó. Miguel, ex intendente de Junín, también fue sobreseído.

La Plata. Corresponsal.

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