El piloto argentino del avión que se estrelló en Costa Rica: “Pensé que me moría y atiné a no matar a nadie”

Los dos son pilotos argentinos. Los dos tienen 23 años. Los dos son del conurbano. Y los dos salieron caminando -literal- de un impresionante accidente aéreo que los unió más que nunca este viernes en Costa Rica. A la aeronave que volaban -un avión Cessna 150 que por su tamaño comúnmente se la llama “avioneta”-, le falló…

El piloto argentino del avión que se estrelló en Costa Rica: “Pensé que me moría y atiné a no matar a nadie”

Los dos son pilotos argentinos. Los dos tienen 23 años. Los dos son del conurbano. Y los dos salieron caminando -literal- de un impresionante accidente aéreo que los unió más que nunca este viernes en Costa Rica. A la aeronave que volaban -un avión Cessna 150 que por su tamaño comúnmente se la llama “avioneta”-, le falló el motor y se estrelló en medio de la calle en una zona muy poblada de la capital de ese país.

En videos que los testigos subieron a Twitter, se los ve a los dos ilesos, con el característico uniforme de piloto, a metros de la nave, de matrícula NC916, completamente destruida. También a metros se ven muchas casas y hasta una escuela.

Damián Barreira, uno de los pilotos argentinos que sobrevivió a un accidente aéreo en Costa Rica.

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“Pensé que me moría y atiné a no matar a nadie”, dice a Clarín Damián Barreira. Luego su compañero piloto, Cristian Sapun, diría exactamente lo mismo.

La falla en el motor del Cessna fue a los dos minutos de haber despegado del Aeropuerto de Tobías Bolaños. La calle “milagrosa” es en la localidad de Rohrmoser, Pavas​. 

En el medio de la calle. Allí “aterrizaron” la avioneta.

Damián habla como alguien a quien no se le hubiese destruido un avión justo debajo de las piernas. “Me hicieron una radiografía y está todo bien”, detalla desde la camilla del Hospital del Trauma de San José de Costa Rica. “Yo estoy perfecto. Por precaución nada más me pidieron venir a hacer estos estudios y que me mantenga acostado”, sigue. “Nada más me dieron dos puntos en la ceja y Cristian no tiene nada”.

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Lo de “no matar a nadie” también es literal. “Empezamos a esquivar árboles, cables de alta atención y, sobre todo, casas. Ahí apareció esa calle sola y pensamos ‘es acá’. Si caíamos entre las casas iba a ser un desastre Iban a morir muchas personas. Yo me daba por muerto. Se me cruzó todo por la cabeza. Pero todo ‘tranqui’. Todo bien“, relata Damián. 

No hay turbulencia en su voz. No hay relato “quebrado”. Hasta hay risas. Como a futuro, cuando sus amigos o alumnos le digan, la piloteaste bien. “Que soy de acero. Que tenía escondido lo de ser un Avenger. Me están volviendo loco por WhatsApp“. También hay humildad: “Los dos estábamos volando. Los dos hicimos todo para salvar a los demás”. 

Cristian Sapun es piloto privado.

Él es de Avellaneda y Cristian Sapun, de Caseros. Damián es piloto comercial -obtuvo la licencia en 2017- e instructor de vuelo en Morón.  A Cristian aún le faltan algunas horas de vuelo y es piloto privado. La travesía había empezado en Estados Unidos, cuando el padre de Cristian compró este avión por 12 mil dólares. Ellos debían traerlo para venderlo a una escuela bonaerense. Estaban vestidos de pilotos sólo como una formalidad, no es obligatorio. Así, con esa aeronave y sin ningún problema, volaron por México, El Salvador y Nicaragua hasta Costa Rica.

Los pilotos, ilesos. Así quedó la “avioneta” que se estrelló en una zona poblada de la capital de Costa Rica.

“Como recién despegábamos, no teníamos mucha altura y no había posibilidad de ‘planear’ con el avión. La mente era esquivar todo. Cuando iba a impactar respire profundo y pensé que yo ya estaba muerto. Pero el resto de la gente… no. Así que decidimos impactar en esa calle sin arriesgar a nadie”, describe Cristian, mientras espera que le entreguen sus radiografías.

¿Cómo es que salieron caminando como si nada? “No sé cómo estoy vivo”, reconoce. “Después del impacto perdimos un poco la noción de dónde estábamos. Pero recuperamos la conciencia y cortamos el paso del combustible al motor para prevenir incendios. No tuve que abrir la puerta del avión porque realmente no sé dónde habrá quedado la puerta del avión. Nada más me paré y salí”.

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Para los que no llevamos charreteras sobre los hombros y lo de “amar volar” es desde el asiento de turista, cualquier problema en el aire “sonaría” crítico. Para ellos, el que vivieron en este Cessna, también lo fue.

Destruida. La nave la habían comprado en Estados Unidos.

“Durante la instrucción, hacemos simulaciones en el aire (no en simulador) de este tipo. Pero que te falle el motor ao vivo… ahora te puedo decir que es bastante difícil de ‘enseñar’“, bromea Damián. 

Tienen habilidad, 23 años y una historia única para contarles a sus nietos.  “¿Miedo? Para nada”, coinciden. Damian quiere entrar a Aerolíneas Argentinas o Austral y Cristian planea volar aviones privados. Ese avión, que pudo haberse desintegrado, no tiene seguro. El seguro era para quienes lo vuelen. Y ellos están intactos. En todo sentido. 

AS

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