Advierten que en la próxima década podría perderse una superficie de bosques equivalente a 167 veces la Capital Federal

En el medio vaso vacío, los argentinos nos sentamos de brazos cruzados a presenciar el show de la deforestación. Diez años después retomamos el tema y nos sorprendemos porque hay 3,39 millones de hectáreas menos de bosques. Esto es: la superficie de la ciudad de Buenos Aires multiplicada por 167. El medio vaso lleno es distinto:…

Advierten que en la próxima década podría perderse una superficie de bosques equivalente a 167 veces la Capital Federal

En el medio vaso vacío, los argentinos nos sentamos de brazos cruzados a presenciar el show de la deforestación. Diez años después retomamos el tema y nos sorprendemos porque hay 3,39 millones de hectáreas menos de bosques. Esto es: la superficie de la ciudad de Buenos Aires multiplicada por 167. El medio vaso lleno es distinto: tomamos conciencia de ese posible y dramático futuro, y comenzamos a cumplir plenamente la Ley de Bosques.

Así lo expresa un minucioso informe de abril de este año centrado en la situación ambiental de la “Ecorregión Chaqueña”, elaborado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y Fundación Vida Silvestre. Los expertos de esa investigación aseguran que si a partir de ahora se empezara a respetar estrictamente la ley 16.336, se salvarán de la deforestación 1,80 millones de hectáreas de bosques, o sea, más de la mitad de la superficie que desaparecería si todo siguiera como en los últimos años.

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El texto es crítico, y su título, elocuente: “Escenarios futuros de deforestación según alternativas de expansión agropecuaria en la Ecorregión Chaqueña”. Se enfoca en el Gran Chaco Americano, una ecorregión forestal (“de diversidad ambiental y social excepcional”, aclara el informe), de 1.100.000 kilómetros cuadrados, o sea, casi el 40% del país.

En tamaño es la segunda ecorregión de bosque de América del Sur, después del Amazonas. Y aunque toca zonas de Paraguay, Bolivia y Brasil, más del 62% de esa ecorregión se encuentra en la Argentina, puntualmente en todo o parte del territorio de Chaco, Formosa, Santiago del Estero, Jujuy, Salta, Tucumán, La Rioja y Catamarca, San Luis, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y San Juan.

El tema es complejo y delicado, ya que pone en tensión dos sectores que en la práctica a veces parecen antagónicos aunque en la teoría no hay lugar para que lo sean: el campo, de un lado, y los defensores del medio ambiente, del otro. Entre los extremos, claro, hay miles de grises.

Desmonte en la región chaqueña.

Desde la esfera gubernamental se busca bajar el tono dramático de la situación. Así, si bien el informe del INTA advierte que entre 2010 y 2014 se produjo una pérdida de 1,95 millones de hectáreas de bosques, a una tasa anual de desmonte de 0,94%, “cifra comparable a la que ocurre en los focos de deforestación más altos del mundo”, Mercedes Borrás, directora nacional de Bosques (Secretaría de Gobierno de Ambiente y Desarrollo Sustentable) aclaró que “desde 2014 ese porcentaje viene bajando en forma sostenida”.

En diálogo con Clarín, Borrás admitió que “no es que la deforestación no sea preocupante y tampoco se puede negar que exista”, pero, agregó, “hay actividad puesta en juego para disminuir los efectos adversos. Hay una intervención del Estado y un proceso claro de disminución. Hoy para los productores es claro que no es rentable deforestar”.

Existen 54 millones de hectáreas de bosques en la Argentina.

Es importante recordar que en la Argentina existen 54 millones de hectáreas de bosques (no todas son áreas protegidas). Están categorizadas según tres colores: rojo y amarillo para los niveles “alto” y “medio” de conservación, donde el desmonte directamente no se permite, y verde para las zonas donde se permite hacer cambios en el suelo (en la actividad), pero con distintas limitaciones, según la provincia.

Según Borrás, “la Ley de Bosques se cumple. Dialogamos permanentemente con el sector productivo y desde hace seis meses tenemos en funcionamiento un ágil sistema de alerta temprana: un satélite que te advierte con 15 días de antelación los puntos probables de deforestación. Compara imágenes y ante la más mínima modificación, se avisa a la provincia para que puedan intervenir con rapidez”.

Sin embargo, Fernando Miñarro, director de Conservación de Vida Silvestre, puso en cuestionamiento la aplicación “cabal” de la Ley de Bosques: “Los impactos negativos que se están viendo en la región dejan claro que es urgente implementar la Ley de Bosques en todo su potencial y cambiar el rumbo para evitar más deforestación”.

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El experto detalló que “hay dos llaves clave: por un lado, los gobiernos tienen que cumplir y velar por el financiamiento del fondo y su llegada al territorio. Por el otro, es urgente iniciar un diálogo regional que alcance un compromiso genuino y soluciones económicas y productivas compatibles con la conservación de los bosques”.

Modelo para armar

Según Greenpeace -uno de los organismos más críticos respecto del cumplimiento de la Ley de Bosques-, “la superficie desmontada durante 2018 en las provincias de Salta, Santiago del Estero, Formosa y Chaco fue de 112.766 hectáreas”. Aclaran que casi el 40% de la deforestación se produjo en bosques protegidos por la normativa (clasificados en las Categorías I – Rojo y II – Amarillo), alcanzando las 40.965 hectáreas”.

Desmonte en la región chaqueña.

Por su parte, el informe del INTA y Vida Silvestre prefigura cuatro “imágenes del futuro”, según lo que se haga de aquí en más. El primer caso -el más dramático- es el “escenario tendencial”. En el informe aclaran que el 72% de las 3,39 millones de hectáreas que podrían desaparecer para 2028 corresponden a la categoría “tierras forestales”, o sea, zonas dominadas por copas de árboles de hasta siete metros.

En el segundo modelo el cambio sería sustancial. Lo llaman “aplicación legal” (o sea, de la Ley de Bosques), y permitiría conservar 1,81 millones de las hectáreas que en el primer caso se perderían. El tercer y cuarto escenario (“no deforestación” y “no deforestación-no conversión”) son los más radicales o conservacionistas. Según el texto, en esos casos la deforestación sería “significativamente menor que en los anteriores”. De hecho, 10 veces menor que en el “escenario tendencial”.

Borrás, sin embargo, prefirió los matices: “Esta evaluación hace una proyección en función de lo que le querés forzar al modelo. Una consultoría en el marco de otro programa que también trabaja INTA hizo otras perspectivas. Los datos te permiten jugar y modelar, pero hay que hacer la salvedad de que es un modelo. La tendencia de la deforestación es a la baja”.