La historia del primer día de Messi con la selección argentina

Arranca una nueva Copa América y es un nuevo intento de Lionel Messi por “ganar algo” con la selección argentina, que a las 19 juega en el Fonte Nova de Salvador de Bahía contra Colombia. Lo “gritó” a su manera el “10” eso de “ganar algo”. Lo hizo humildemente en la nota con Fox Sports,…

La historia del primer día de Messi con la selección argentina

Arranca una nueva
Copa América
y es un nuevo intento de Lionel Messi por “ganar algo” con la selección argentina, que a las 19 juega en el Fonte Nova de Salvador de Bahía contra Colombia.

Lo “gritó” a su manera el “10” eso de “ganar algo”. Lo hizo humildemente en la nota con Fox Sports, que lo mostró más humano que nunca. Fue el día en el que conquistó el voto de los indecisos, los que pensaban que no sentía la camiseta.

Ese Messi, el que quiere “ganar algo”, es el último Messi: el tranquilo y urgido a la vez; el maduro y el de alma de amateur al mismo tiempo. Pero antes de ese Messi, hubo otro Messi. El primer Messi, el que quiso ser “argentino”.

En Mundo D reconstruimos ese Messi antes del estrellato, antes del mito, antes de la leyenda. Vamos hacia el Messi que se hizo de abajo. Vamos a la historia del primer día de Messi en la selección argentina.

Relatos de una pasión

El primer Messi, el chiquito, al que le decían “la Pulga”, llegó al predio de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) en Ezeiza un 25 de junio de 2004, justo un día después de cumplir 17 años.

Yo lo vi y no entendía cómo se vino de España a jugar para nosotros. Lo conocíamos de videos que nos mandaron, pero él no parecía gran cosa a primera vista. Apenas llegó, se mostró tranquilo, saludó a todos los que estábamos ahí y lo ayudó que había un amigo suyo que estaba concentrado”.

El relato para Mundo D de ese “primer día de selección” para Messi, es de justamente quien lo recibió en el predio: Omar Souto, empleado de AFA, al que en la intimidad conocen como “el padre de la selección”. Con 60 y pico de años, este administrativo convivió más tiempo con los jugadores que con su familia. Acaso la selección sea su familia.

El “amigo que conocía a Messi” era Lautaro Formica. El hoy lateral de Estudiantes de Río Cuarto tenía onda con “Leo” desde el baby de Newell’s. Incluso tenían relación más allá del fútbol por “culpa” de los hermanos mayores de ambos, que también jugaban en Newell’s.

Yo volví a ver a Messi ese día. Después que él se fue a España, le perdí el rastro. No había WhatsApp como ahora y por ahí no se usaba mucho el mail. Así que cuando lo vi, nos dimos un abrazo grande”, describe Formica ese reencuentro.

“Y era el mismo pibe que yo conocía, jodón, piola, normal, sencillo. Yo había leído que en España se hablaba de él y sabíamos que lo querían de allá, pero él estaba loco por jugar para la selección argentina. Se notó ese día”, agrega Formica, quien empieza a pintar esa obsesión de Messi por ser “argentino”.

El entretelón de esa convocatoria es conocido. La AFA armó un amistoso con Paraguay en la cancha de Argentinos para nacionalizar a Messi, hasta coordinó un arbitraje de última, con Gabriel Brazenas, quien luego sería (tristemente) célebre por el Vélez-Huracán de 2009. El Argentina-Paraguay se jugó el 29 de junio de 2004.

Ese primer día de entrenamiento, el entrenador del combinado nacional, Hugo Tocalli, ordenó una práctica de fútbol. Había que ir poniendo en forma a los chicos y, de paso, era una buena chance para ver qué onda con el pibe que venía de España y que habían visto en los videos VHS.

El compañero de habitación

El relato de esa primera práctica es una joya de museo. Lo cuenta a Mundo D uno de los que estuvo ahí dentro: Federico Almerares, ex delantero de Belgrano, que venía trabajando con el plantel desde otros seleccionados juveniles.

“Se armó todo para un rato de fútbol. Nosotros sabíamos que estaba este chico, nos saludamos, todo bien. Lo veíamos muy chiquito, además era chiquito de físico. El técnico lo puso para los suplentes. Yo también estaba para los suplentes”, en la voz de Almerares se nota cómo va ganando ambiente lo que iba a pasar.

“Arranca la práctica, le llega la primera pelota y ya vimos el control que tenía. Impresionante. Nunca habíamos visto a alguien llevar la pelota tan pegada al pie y a tanta velocidad. Y sí, ganamos los suplentes ese partido. No sé cuántos goles hizo Messi, pero me hizo hacer uno a mí, ja, ja”, recuerda Almerares.

Y agrega el delantero: “Todas esas prácticas, antes del partido, las ganamos los suplentes porque jugaba Messi”. Y, sin querer, deja sentado ese momento en el que a Messi se lo miraba como alguien muy pequeño. No había entonces una dimensión de su genialidad.

La primera noche de ese primer día en el predio, Lionel compartió la habitación con Almerares: “Si cruzamos dos o tres palabras fue mucho, ja. Era muy callado, debe haber sido difícil para él dejar todo en España y venirse a ver qué onda. Después se soltó con el paso de los días. Realmente quiso mucho jugar en la selección argentina para hacer el sacrificio que hizo”.

El día del partido con Paraguay, Messi salió desde el banco de suplentes y al toque hizo un gol. Lo festejó con Almerares, como quedó registrado en el video de aquella noche. Messi empezaba a ser Messi. Un mito.

Pide tratarlo como normal

Otra voz autorizada para ese Messi juvenil es Juan Cruz Leguizamón, ex arquero de las inferiores de Newell’s, que luego pasó por el club Central Córdoba de aquella ciudad y que admite que el mismo Messi les pidió a sus amigos que “dejen de dar notas” contando esa infancia de “Leo”.

No le gusta que lo hagamos un mito, es un pibe normal como todos, espero me puedas entender”, es lo único que suelta antes de disculparse con este medio. Su excusa es la semblanza perfecta: a Messi le da vergüenza esa glorificación de su persona.

Algo que ratifica Omar Souto, quien está en el hotel de la concentración argentina acá en Salvador de Bahía. Y le dice con énfasis a Mundo D: “Mirá, por Messi nos llaman siempre. Yo digo lo mismo: lo que vi ese día de él (su primer día) es lo mismo que veo ahora, un chico humilde, que trata a todos iguales. Todos los que trabajamos para la AFA en el predio y con la selección sabemos que es uno más. Hasta nos pide que no le demos ningún trato diferencial ni nada parecido”.

Souto recuerda qué le llamó la atención de ese Messi introvertido que llegó a Ezeiza de adolescente aquel 25 de junio de 2004. “Él nos decía que quería jugar para Argentina. Me consta que España hizo todo para tenerlo. Y para él hubiera sido más fácil, lo hablé varias veces, pero ese chico es demasiado argentino. Hoy sigue acá con nosotros, tomando mates y haciendo bromas, es menos introvertido, pero sigue siendo buena gente”, cuenta el colaborador de la selección argentina.

Oscar Ruggeri, el hombre que levantó la última copa que ganó la selección mayor, allá en Ecuador 1993, le reafirma a Mundo D lo que Souto ve de Messi. “Lo veo suelto, con la risa en la cara, como que se sacó un peso, como que arranca de vuelta”.

Ruggeri está en el mismo hotel que la selección, sabe de qué habla. Sabe que pasó una eternidad desde aquel título que tiene su foto casi en blanco y negro. Sabe que para Messi es ahora.

Lo sabe Messi también. Y se nota. Este Messi, el de casi 32 años (los cumplirá el lunes 24 de este mes), anda en el colectivo de la selección sin cortinas que lo tapen (como ayer a la salida del predio del club Vitoria). Este Messi, el último, tiene el mismo espíritu del primero: ser uno más. Lo demostró desde el primer día.

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