Bocinazos, charcos y poca señal: postales de una ciudad “tomada” por la lluvia y el apagón masivo

Parece una exageración. El primer mensaje de WhatsApp que entra y que dice “en todo el país” parece un desborde argumental o un cuento de Fontanarrosa. Cuando llega ese primer mensaje ya van cuatro semáforos apagados, una barrera ferroviaria inactiva, dos cafeterías cerradas y ninguna farmacia de turno a la vista. Pero “en todo el país”,…

Bocinazos, charcos y poca señal: postales de una ciudad “tomada” por la lluvia y el apagón masivo

Parece una exageración. El primer mensaje de WhatsApp que entra y que dice “en todo el país” parece un desborde argumental o un cuento de Fontanarrosa. Cuando llega ese primer mensaje ya van cuatro semáforos apagados, una barrera ferroviaria inactiva, dos cafeterías cerradas y ninguna farmacia de turno a la vista. Pero “en todo el país”, todavía, parece mucho.

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El celular no navega hasta ninguno de los portales de los diarios que podrían confirmar o desmentir que el alcance es enorme. La pantalla, en cambio, dice que error en la conexión, que paciencia, que ya Google avisará cuando haya podido encontrar resultados. Google, esa máquina de pensar rapidísimo, posterga su truco. En el cuerpo, una especie de abstinencia.

A pilas o a nafta, la radio es como un techito en el que refugiarse. De la lluvia, de que la señal se va mucho y vuelve poco, de que la modernidad puede fallar casi toda junta. En las AM los conductores apilan los nombres de las ciudades y los pueblos en los que falta suministro eléctrico. En las FM cuentan a qué restorán porteño se puede ir, grupo electrógeno mediante.

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La calle improvisa reglas. La más potente es el brazo extendido de un peatón que apunta con la palma a los autos: un semáforo rojo humano. Los que cruzan las avenidas con baldes cargados de agua llevan un acompañante para que les haga escudo humano. Los autos que circulan por las avenidas lo hacen con la certeza de tener prioridad, pero con la precaución de que ninguna luz les pone freno a los que asoman la trompa con timidez. Nadie toca bocina porque nadie tiene la seguridad de tener razón.

Las únicas bocinas que se escuchan son las que repudian y ahuyentan a los autos que intentan colarse en las filas de las estaciones de servicio, que, nutridas de ansiosos, miden a veces veinte o treinta autos y otras veces cuarenta minutos de espera. Por las ventanillas de los que pagan nafta o gasoil asoman billetes hechos bollitos: la falta de electricidad anula cualquier posibilidad de pagar con tarjeta así que hay que rascar el fondo de la mochila y de los bolsillos.

Un gigantesco apagón afectó todo el país durante el domingo.
(Maxi Failla)

Las familias eligen a su integrante más ágil: será el encargado de descargar el baúl del auto y practicar salto en largo para esquivar charcos y llegar hasta la puerta del edificio más o menos indemne. Los perros pasean vestidos. Dos runners se empapan. Las caminatas van a la velocidad de querer mojarse poco y querer resbalarse menos.

Los negocios pegaditos a las estaciones de servicio que funcionan se sirven del mismo grupo electrógeno: una ferretería vacía en Palermo, una verdulería vacía en San Cristóbal, un kiosco que le sirve de reparo a tres que esperan un colectivo en Microcentro y al que no entra ningún cliente. Sobre la avenida Corrientes, las concesionarias de autos cerradas, el shopping cerrado, los locales que venden fundas, cables y auriculares para celulares cerrados, la pizzería que le sirve de bastión a Villa Crespo abierta y la Iglesia Universal del Reino de Dios, gigante e iluminada, abierta y con custodios de piloto y handy en la puerta.

El corte de luz provocó problemas en el tránsito. (Javier Cortez)

Los teléfonos fijos salen del letargo y los celulares tienen espasmos de conexión. Alcanza para que entren y salgan algunos mensajes en los que amigos y familias avisan qué tal la luz y el agua en sus barrios, y para asomarse a alguna red social y para que circule alguna captura de pantalla del momento en el que Ricardo Fort le dice a su mamá que cortó “toda la looz”.

Un auto pega tres bocinazos -como los de festejar un gol- cuando a los semáforos de Libertador que van desde Monroe hasta La Pampa se les prenden las luces. Las AM pasan los mensajes de los oyentes que avisan en qué pueblos y ciudades volvió la luz. Google responde. Los audios de WhatsApp se mandan. Una baldosa rota le ensucia el pantalón a una chica. En la vereda de enfrente, un vallado custodia la obra que reemplaza las baldosas sanas.

DD

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