Crónicas de viaje en la Copa América: la selfie cordobesa en Salvador

Los cordobeses tienen un imán. Se detectan donde sea que estén. Asumida esa verdá, va esta historia de coincidencias desde Córdoba capítaaaal hasta Salvador de Bahía. Es la madrugada del miércoles 12 de junio. Hay ocho adultos allá, medio lejos, que se ríen como niños en la zona de preembarque del Aeropuerto Ingeniero Ambrosio Tarabella…

Crónicas de viaje en la Copa América: la selfie cordobesa en Salvador

Los cordobeses tienen un imán. Se detectan donde sea que estén. Asumida esa verdá, va esta historia de coincidencias desde Córdoba capítaaaal hasta Salvador de Bahía.

Es la madrugada del miércoles 12 de junio. Hay ocho adultos allá, medio lejos, que se ríen como niños en la zona de preembarque del Aeropuerto Ingeniero Ambrosio Tarabella (siempre quise escribir ese nombre así como lo dicen en la radio).

Los veo renegando para encontrar el brazo más largo para que en la selfie salgan todos. Les ofrezco: “Les saco, muchachos”. Me devuelven un “gracias, gracias” y a otra cosa. Ni nos registramos: ni tonada ni nada.  

En Río de Janeiro, en el baño, escucho: “No llegamo má, culiá”. Salen por la puerta y eran varios de esos ocho. Nos miramos, nos reímos y nos detectamos cordobeses.

Estoy hecho un pibe de 19 años con esto de ser Enviado Especial y quiero subir todo lo que vivo y veo. Y entonces les hago la nota. Son de Bialet Massé, juegan al fútbol en un torneo amateur y quisieron darse el gusto de ver a la Selección. Son Lucas Vélez, Darian Posada, Lucas Larregui, Ezequiel Lescano, Damián Delgado, Gabriel Olima, Fabricio Vega y Juan Pacha.

Ya en Salvador, voy a buscar la credencial para el Argentina-Colombia y un porteño (Nicolás Szmulewicz, un geniazo) me dice: “Cordobéssss, se viene un banderazo cerca de la playa. Es el bar de Miguel, andá”. Me da la dire y allá vamos con Valdemar, el tachero que no insulta ni escucha música.

El bar es un bar como los de playa: mesas al aire libre, carteles de Skol y un par de brasileños a los gritos. Pregunto por Miguel, se da vuelta y suelta: “Sí, soy yo… ¡sos cordobés… decime culiao pordió! Lo que extraño esa palabra, ja, ja”. Miguel Alfonzo es el dueño del Salvador Surf Hostel, es de Alta Gracia y es el que armó el banderazo al que llegaron… sí, los ocho de Bialet Massé.

Este domingo se juntaron a cordobecear un rato. Y en la selfie salieron todos (se les sumó, Flavia, cordobesa, mujer de Miguel). Falté yo. Cosas de ser un obrero del teclado.  

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