Revelan que los plásticos desechados en EE.UU. son enviados a países pobres

¿Qué le ocurre a nuestro plástico una vez que lo arrojamos a un contenedor de reciclado? Según el material promocional de la industria estadounidense del plástico, este es llevado a una fábrica donde de inmediato se lo transforma en algo nuevo. Imagen tomada el 15 de junio que muestra la llegada de contenedores repletos de…

Revelan que los plásticos desechados en EE.UU. son enviados a países pobres

¿Qué le ocurre a nuestro plástico una vez que lo arrojamos a un contenedor de reciclado?

Según el material promocional de la industria estadounidense del plástico, este es llevado a una fábrica donde de inmediato se lo transforma en algo nuevo.

Imagen tomada el 15 de junio que muestra la llegada de contenedores repletos de basura plática importada a Indonesia. (AFP)

Imagen tomada el 15 de junio que muestra la llegada de contenedores repletos de basura plática importada a Indonesia. (AFP)

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Esa no es la experiencia de Nguyen Thi Hong Tham, una vietnamita de 60 años y madre de siete hijos que vive en medio de pilas de plástico estadounidense sucio en las afueras de Hanoi. Frente a su casa, el sol cae a plomo sobre una bolsa de Cheetos, letreros de góndolas de un local de Walmart y una bolsa de ShopRite, una cadena de supermercados de Nueva Jersey, que lleva un mensaje para exhortar a la gente a reciclarla.

Tham cobra el equivalente a 6,50 dólares diarios para arrancar los elementos no reciclables y clasificar lo que queda: el plástico traslúcido en una pila, el opaco en otra.

Una investigación del diario británico The Guardian reveló que cientos de miles de toneladas de plástico estadounidense están siendo transportados cada año a países en desarrollo de todo el mundo con reglamentaciones deficientes del proceso sucio y trabajoso de reciclar. Las consecuencias para la salud pública y el medio ambiente son nefastas.

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Un equipo de periodistas de The Guardian en once países reunió la siguiente información:

  • El año pasado, se exportaron desde EE.UU. 68.000 contenedores de reciclado de plástico estadounidense a países en desarrollo que tratan de manera deficiente más del 70 por ciento de sus propios desechos plásticos.
  • Los nuevos centros dedicados a reciclar plástico estadounidense son algunos de los países más pobres del mundo, entre ellos Bangladesh, Laos, Etiopía y Senegal, que ofrecen mano de obra barata y regulación ambiental limitada.

Basura plástica acumulada en la bahía de Lampung, en Indonesia. (AFP)

  • En algunos lugares como Turquía, el aumento de las remesas de desechos extranjeros está desbaratando los esfuerzos para tratar los plásticos generados localmente.
  • Como estos países están sobrepasados en su capacidad, miles de toneladas de desechos plásticos quedan tirados en los EE.UU.

Estas fallas del sistema de reciclaje se suman a una creciente sensación de crisis en torno al plástico, un material maravilloso que se usa para todo, desde los cepillos de dientes a los cascos espaciales, pero que ahora se encuentra en enormes cantidades en los mares e incluso ha sido detectado en el sistema digestivo humano.

Como reflejo de la grave preocupación por los desechos plásticos, el mes pasado 187 países firmaron un tratado que da a las naciones el poder de prohibir la importación de basura plástica contaminada o difícil de reciclar. Algunos países no lo firmaron. Uno de ellos es EE.UU.

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“La gente no sabe lo que ocurre con sus residuos”, dijo Andrew Spicer, que da clases de responsabilidad social empresaria en la Universidad de Carolina del Sur y es miembro de la junta asesora de reciclaje de su estado. “Cree que está salvando al mundo. Pero el negocio internacional del reciclaje lo ve como una manera de ganar dinero. No hay regulaciones mundiales, sólo un gran mercado sucio que permite que algunas compañías se aprovechen de un mundo sin normas”.

El plástico sólo comenzó a ser utilizado en forma masiva por los consumidores en la década de 1950, pero se cree que en la Isla de Basura del Pacífico es más común que el plancton. Las autoridades de todo el mundo han prohibido los contaminantes plásticos particularmente inaceptables, como los sorbetes y las bolsas de los supermercados, pero EE.UU. por sí solo genera 34,5 toneladas de desechos plásticos por año, lo suficiente para llenar mil veces el estadio Astrodome de Houston.

Del 9 por ciento de plástico estadounidense que, según la Agencia de Protección Ambiental, se recicló en 2015, China y Hong Kong trataron más de la mitad: alrededor de 1,6 toneladas anuales de reciclado de plástico. Desarrollaron una enorme industria para recolectar y reutilizar los plásticos más valiosos con el fin de elaborar productos que pudieran volver a venderse al mundo occidental.

Basura plástica acumulada en las afueras de Nairobi. (AFP)

Pero gran parte de lo que EE.UU. envió estaba contaminado con comida o suciedad o no era reciclable y tenía que ser enviado a un relleno sanitario en China. Por la creciente preocupación ambiental y sanitaria, China les cerró sus puertas a todos los plásticos salvo los más limpios a fines de 2017.

Desde la prohibición de China, los desechos plásticos de los EE.UU. se han convertido en una papa caliente mundial que pasa de país en país. El análisis que realizó The Guardian de los registros de transporte marítimo y los datos de exportación de la Oficina del Censo de los EE.UU. revela que EE.UU. todavía envía más de 1 millón de toneladas anuales de sus desechos plásticos al exterior, gran parte de ellos a lugares que ya están prácticamente ahogándose en ellos.

Una bandera roja para los investigadores es que muchos de esos países tienen muy bajas calificaciones en lo que hace a la calidad del tratamiento de sus propios residuos plásticos. Un estudio dirigido por la investigadora de la Universidad de Georgia Jenna Jambeck reveló que Malasia, el mayor receptor de reciclado de plásticos estadounidenses desde la prohibición china, trató de manera inadecuada el 55% de sus propios desechos plásticos, lo que significa que estos fueron depositados o desechados en lugares como basurales a cielo abierto. Indonesia y Vietnam tratan de manera inadecuada el 85% y el 86% respectivamente.

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“Estamos tratando de deshacernos de esto de manera tan desesperada que buscamos nuevas fronteras”, dijo Jan Dell, ingeniera independiente cuya organización, The Last Beach Cleanup, trabaja con inversores y grupos ambientalistas para reducir la contaminación por plástico. “El camino más fácil es cargarlo en un barco y enviarlo a otro lugar… y los barcos van cada vez más lejos para encontrar un lugar donde dejarlo”, dijo.

Tomemos el caso de Vietnam. Minh Khai, una aldea ubicada sobre el delta de un río cerca de Hanoi, es el centro de la industria artesanal de tratamiento de residuos. Basura de todo el mundo, con leyendas en idiomas que van del árabe al francés, invade casi todas las calles de esta comunidad de unos mil hogares. Trabajadores en talleres improvisados producen en masa pellets reciclados en medio de gases tóxicos y un hedor horrible de las montañas de residuos que se transportan todos los días. Incluso el arco de bienvenida de Minh Khai, adornado con banderas rojo brillante, tiene a ambos lados desechos plásticos.

En 2018, EE.UU. envió 83.000 toneladas de reciclado de plástico a Vietnam. Allí, la huella estadounidense está clara: una bolsa de medallones de menta con chocolate de Hershey con etiqueta estadounidense y una bolsa vacía de un fabricante de revestimientos químicos de Ohio.

Si bien los efectos precisos que tiene la exposición a las operaciones de reciclaje de plástico en la salud de los trabajadores no se han estudiado a fondo, los gases tóxicos que emanan de quemar o procesar plásticos pueden producir enfermedades respiratorias. La exposición habitual puede someter a los trabajadores o los habitantes cercanos al contacto con cientos de sustancias tóxicas, entre ellas el ácido clorhídrico, el dióxido de azufre, las dioxinas y los metales pesados, cuyos efectos pueden incluir trastornos del desarrollo y endocrinos y cáncer.

Una vez que el plástico es clasificado por trabajadores como Tham, otros cargan los desechos en picadoras antes de hacerlos pasar por máquinas densificadoras que funden y condensan los desechos para que puedan ser moldeados en forma de pellets.

El primer ministro vietnamita, Nguyen Xuan Phuc, ordenó hacer más estrictas las normas sobre desechos en julio de 2018 y las importaciones mensuales legales se redujeron a un décimo de lo que eran. Desde abril, más de 23.400 contenedores de desechos siguen detenidos en la aduana. Pero el negocio continúa en auge en Minh Khai. Tham dijo que los desechos siguen llegando a diario desde Haiphong, el puerto más grande del norte de Vietnam, y otros lugares del país, y los registros muestran un significativo repunte de las importaciones.

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Conforme países como Vietnam, Malasia y Tailandia prohíben las importaciones, los registros muestran que los desechos plásticos se distribuyen entre una serie de nuevos países. Las remesas comenzaron a llegar a Camboya, Laos, Ghana, Etiopía, Kenia y Senegal, que antes prácticamente no habían recibido plástico estadounidense.

The Guardian descubrió que durante todos los meses del segundo semestre de 2018, los buques portacontenedores transportaron unas 260 toneladas de desechos estadounidenses de plástico a uno de los lugares más distópicos y cubiertos de plástico: la ciudad de la costa camboyana de Sihanoukville, donde, en algunas zonas, casi cada centímetro del mar está cubierto de plástico flotante y la playa no es más que una alfombra reluciente de polímeros.

Traducción: Elisa Carnelli

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