Cómo fue el debut de Pequeña Victoria, la tira que destierra eso de que madre hay una sola

Vaya uno a saber qué suerte correrá en términos de rating, de recomendación boca a boca y hasta de prejuicios ajenos. Lo que queda claro, con sólo un capítulo emitido, es que Pequeña Victoria no será una tira argentina más. Aún antes del estreno, ya pintaba para rupturista. Y por lo visto -y escuchado- en…

Cómo fue el debut de Pequeña Victoria, la tira que destierra eso de que madre hay una sola

Vaya uno a saber qué suerte correrá en términos de rating, de recomendación boca a boca y hasta de prejuicios ajenos. Lo que queda claro, con sólo un capítulo emitido, es que Pequeña Victoria no será una tira argentina más. Aún antes del estreno, ya pintaba para rupturista. Y por lo visto -y escuchado- en su debut (a las 22.15, por Telefe) no quedan dudas de que llegó para aniquilar los viejos moldes de la comedia a la hora de la cena. Ni que hablar, en ese sentido, de la excluyente fórmula tradicional del galán y la heroína. La beba nació, metafóricamente, para patear el tablero.

Lo de “escuchado” viene a cuento de diálogos como éstos, inéditos en una ficción diaria:

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-Bárbara, ella es Jazmín, nuestra clienta.

-Jazmín, ella es Bárbara, tu carrier, la gestante, la mujer que va a llevar a tu bebé en su panza.

Terminada la presentación del personaje de Emilia Mazer -al frente de la institución en la que Jazmín (Julieta Díaz) alquiló el vientre de Bárbara (Natalie Pérez)-, la mujer que quiere ser madre da un abrazo no correspondido y suelta: “Tenés una piel hermosa…”. Pero Edith aclara: “Bárbara no va a aportarle ningún material genético a tu bebé. El ADN se va a configurar con tu óvulo y la genética del donante de esperma”. Jazmín intenta aportar humor: “Bueno, va a tener que heredar mi piel y mis cremas”.

Y eso que sólo habían pasado 10 minutos de esta historia creada por Erika Halvorsen y Daniel Burman. Había aroma a algo diferente, a algo coyuntural. La ficción empezaba a mostrar que recogía el guante de la realidad, con las muchas maneras de armar familia, con las distintas formas de la maternidad.

Julieta Díaz, Natalie Pérez, Mariana Genesio e Inés Estévez terminan convertidas en las cuatro mamis de la pequeña Victoria.

-Se hacen las modernas, pero el nombre se lo puso el padre (dice la enfermera).

-¿Qué padre? (pregunta el doctor que compone Facundo Arana)

-Doctor, usted es un hombre de ciencia…

-Sí, un hombre de ciencia, evoluciono.

Ah, bueno, o sea que viene cualquiera y dona sangre.

-Si te referís al protocolo de selección de donantes, cambió en el 2015. Ya no hay grupo de riesgo. Hay gente de riesgo.

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Si bien tuvo un rasgo didáctico, el primer capítulo se mostró bien lejos de la solemnidad y la bajada de línea. Contó cómo se encontraron en la vida las cuatro protagonistas de esta tira que oficiarán de mamás de la pequeña Victoria del título: a Bárbara y a Jazmín se le suman Selva (la conductora del Uber que lleva a la “carrier” al sanatorio y termina aportando su experiencia en la crianza de sus hermanitos, interpretada por Inés Estévez) y Emma, la mujer trans que compone Mariana Genesio, donante del esperma que, por caprichos del guión, iba a ser “anónimo” y terminó, para sorpresa de muchos, presentándose en la clínica.

Con Luciano Castro, Selva Alemán, Arana y Jorge Suárez -entre otros nombres fuertes- en papeles que serán clave para condimentar la comedia romántica, en su primera noche la tira desparramó aire fresco en la pantalla. Con tantos personajes desgranando información, el primer episodio no dio tiempo a evaluar actuaciones, pero se intuye que el contrapunto entre las cuatro protagonistas -con recorridos actorales muy disímiles- será un buen pilar en el que se sostenga el relato. Relato que, para no sacar los pies del género, ojalá combine con más frecuencia tanto dato médico (“la punción ovárica”, “la transferencia embrional”) con cálidas palabras de amor.