Iggy Pop revela en Free su propia idea de la libertad

Si sólo se tratara de asociar el clima que envuelve los 34 minutos de Free, con algunas de sus recientes declaraciones respecto de su sensación de estar cerca de su “fecha de vencimiento” y con la idea de libertad que David Bowie postulaba en su último disco, todo nos haría pensar que la nueva obra del músico…

Iggy Pop revela en Free su propia idea de la libertad

Si sólo se tratara de asociar el clima que envuelve los 34 minutos de Free, con algunas de sus recientes declaraciones respecto de su sensación de estar cerca de su “fecha de vencimiento” y con la idea de libertad que David Bowie postulaba en su último disco, todo nos haría pensar que la nueva obra del músico estadounidense, que transita sus 72 años, no es otra cosa que su propio Blackstar.

Pero no; afortunadamente, en el interior del sobre del CD, Pop explica que se trata de un álbum en el cual otros artistas hablan a través de su voz. Y que Free es, de algún modo, el resultado de una serie de hechos accidentales que, involuntaria aunque conscientemente, el músico unió y transformó en un disco que va, además, en la dirección opesta a la del exitosísimo Post Pop Depression, probablemente el primer trabajo que le reportó al artista tantos beneficios económicos como elogios. Actitud punk. De eso se trata la libertad, entre otras cosas, para Iggy.

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Como un crooner que se trepa al pulso nervioso de la electrónica, agarrado de las texturas de los sintes de Kenny Ruby, la voz de Iggy se desplaza amable en Sonali; canta sobre la machacante base del bajo de la angustia de quien necesita al menos un “te quiero” antes de ser dejada de lado, en Loves Missing; y descomprime la situación al recuperar algo de su estilo más familiar en la ya adelantada James Bond.

Y siempre ahí, la presencia permanente de la trompeta de Leron Thomas, uno de las dos usinas creativas esenciales, junto con la guitarrista Sara Lipstate (Noveller, a los efectos artísticos), del proyecto Free. Ahí también, el link con Blackstar es inevitable, aunque dure apenas lo que uno tarda en darse cuenta que ni la mencionada James Bond, ni la inmediatamente posterior Dirty Sanchez podrían haber sido parte de la obra que marcó el adiós del Duque Blanco.

No por una cuestión de calidad, sino de humor. Presente precisamente en Dirty Sanchez como en ningún otro tema del disco, con un Pop que no hubiese desentonado ni un poco en el Does Humor Belong in Music? Tampoco su letra, por cierto, enfocada en el tamaño de tetas y pitos, el porno on line y otras pequeñas delicias de la vida así, a secas. Si hasta la intro de Thomas uno lo podría adivinar como un guiño al Concierto de Aranjuez, antes convertirse en la referencia melódica de la pieza.

Algo dice Pop en su texto introductorio acerca de su repliegue de los riffs en favor de unas guitarras más “paisajísticas”, del beat de fondo a un marco “espacial”, de la vibración a los vientos. Y lo practica a pleno en el inicio de la oscurísima Glow in the Dark, hasta someterse al dictado de una batería que se ausenta casi por completo en Page. Ahí donde la trompeta de Thomas, una vez más, emerge en todo su esplendor.

Lo que sigue es We Are the People, de Lou Reed, en la voz de Iggy, que recita: “Somos los insectos del pensamiento de otra persona“; y enseguida el Dylan Thomas que manifiesta en Do Not Go Gentle Into That Good Night: “Rabia, rabia contra la muerte de la luz”.

Así es la tapa de “Free”, el nuevo álbum de Iggy Pop.

Y aunque no lastima, la voz de Pop oprime, también, con su recitado en The Dawn, ayudado por la densidad de la guitarra de Noveller. “Y ninguno de los dos resolverá la oscuridad”, sentencia. Y es el fin.

Free, de Iggy Pop

Calificación: Muy bueno

Iggy Pop Voz Leron Thomas Trompeta y teclados Noveller Guitarras Chris Berry Batería Aaron Nevezie Guitarras y bajo Kenny Ruby teclados Grégoire Fauque Guitarra Tibo Brandalise Batería Robin Sherman Bajo

E.S.