Nico Bereciartúa: “El estereotipo del rockero duro hoy es ridículo”

Una recomendación: con Spotify, Deezer y tanta plataforma musical a mano, sería un error meterse de lleno en esta nota sin primero buscar y darle play a La Juanita, segundo tema de Volviendo, el nuevo y segundo disco solista de Nico Bereciartúa (lo presenta el jueves 19 de septiembre en La Trastienda), para dejarlo correr mientras transcurre la…

Nico Bereciartúa: “El estereotipo del rockero duro hoy es ridículo”

Una recomendación: con Spotify, Deezer y tanta plataforma musical a mano, sería un error meterse de lleno en esta nota sin primero buscar y darle play a La Juanita, segundo tema de Volviendo, el nuevo y segundo disco solista de Nico Bereciartúa (lo presenta el jueves 19 de septiembre en La Trastienda), para dejarlo correr mientras transcurre la lectura.

Listo. Ahora sí. Y no hace falta darle stop cuando termine el tema.

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Es que de alguna manera, el guitarrista, el hijo de Vitico, el veinteañero que llegó a ser parte de Riff con Pappo a la cabeza, el que se sumó al movimiento Playing for Change, el que se fue de Viticus para ser parte de la banda del Rich Robinson de The Black Crowes primero e integrar luego The Magpie Salute, para luego regresar a su banda familiar, incorporarse al staff del programa NET y darle un nuevo impulso a su propio proyecto, sintetiza en esos cinco minutos su propuesta, en la que se diluyen las fronteras entre la chacarera, el folk estadounidense y el rock.

“La mezcla se dio muy orgánicamente. En casa nunca se escuchó música nacional, salvo Riff o Pappo. Se escuchaba (Jimi) Hendrix, Cream, los Allman Bothers”, ensaya una explicación, Nico.

-¿Manal, Vox Dei, El Reloj…?

-Nada de eso. Y mucho menos un Jorge Cafrune. Yo lo descubrí a los 23 años. De repente, un amigo lo estaba escuchando en su casa… “¿Qué es eso?”, pregunté. Porque, aparte, es casi como el blues; sólo hay una vueltita de rosca, un cambio así de chiquito en la escala. Después, en mi primer disco grabamos una versión de Cuando llegue el alba, y como yo no canto mucho, hice la parte de la voz tocando slide con un dobro. Ahí se armó esa mezcla, que me parece que está bien lograda en La juanita, con el bombo legüero, el 6 x 8 de una chacarera y la melodía como si fuese una canción medio Allman Brothers.

-Podría encajar a la perfección en algún festival en New Orleans, en un plan Dr, John…

-Soy fanático de Dr, John. Lo escuché mucho. Por eso tengo esa combinación de un piano y un Hammond siempre sonando en la banda. O un Wurlitzer. No me interesa que haya solos de guitarra; prefiero que haya melodía, que se construya y se transmita. Creo que un músico no sólo tiene que tener algo para decir, sino que debe poder transmitirlo. 

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-En tus discos hay más material instrumental que cantado. ¿Por qué elegís ese formato?

-Más allá de que estuviera rodeado de instrumentos, yo empecé a tocar cuando vi la película Encrucijada. Era Karate Kid tocando la guitarra, así que quería hacer eso. Cuando vimos la peli, enseguida fuimos con mi hermano al Parque Rivadavia a comprar el CD con la banda de sonido, que era de Ry Cooder. Y el instrumental Feelin’ Bad Blues me rompió la cabeza. A los 12. Una melodía puede transmitir mucho más que una letra. Porque una letra es algo significativo, en cambio la melodía, como es abstracta, te puede llevar a distintos lugares de acuerdo a tu estado de ánimo.

-Cómo se combinan los mundos de Riff, Viticus y The Magpie Salute con tu propio proyecto? ¿Van juntos, los llevás por carriles separados?

-Por momentos se separan y por momentos van juntos. En mi casa suelo escuchar música muy tranquila, aunque soy fan de Black Sabbath, AC/DC, la primera época de Judas Priest, Ozzy… De chico escuchaba eso, pero después me podía algo de Son House, un tipo que grababa con slide en el Delta del Misisipi en los años ’30. Y de repente, en el auto paso de Black Sabbath a Norah Jones. Pero la diferencia es cuando toco en mi casa.

-¿En qué sentido?

-En que en casa toco acústico. Además, me parecía absurdo dejar Viticus para hacer una banda que tocara rock and roll con letras que hablaran de lo mismo. No tenía sentido. Tenía que hacer algo distinto.

-¿Qué te dio y que te quitó ser el hijo de Vitico? ¿Alguna vez fue una presión?

-Por suerte, mi viejo toca el bajo, así que nunca hubo una comparación. Pero sí hubo momentos duros en nuestra relación. Porque hacer la carrera con él me abrió muchas puertas, entre ellas las de Riff, con Pappo; pero justamente por estar haciendo la carrera juntos hubo varios años en los que nos llevábamos muy mal. Después, el tiempo y la lejanía, una vez que me pude abrir y ver las cosas desde afuera, me permitieron volver, y hoy la relación que tenemos es increíble. Por eso trato de verlo sin ninguna negatividad. Y lo que me dio mi viejo es muchísimo. Me acompañó y me mostró lo bueno de esa pasión con la que hace lo que hace, que a los 70 años lo tiene súper activo; y también me mostró lo malo. Cosas que yo no quise hacer después de haberlas visto.

-¿Alguna vez te dijo “no hagas esto”?

-¡No! Eran más las veces que yo le decía: “No hagas esto, papá…” Gracias a Dios, en mi grupo de amigos, mi familia, mis hermanos, mi vieja siempre fueron gente muy sana, muy respetuosa, y me dieron una educación privilegiada. Y supe desde chico que no quería estar como esa gente que veía. Claro que también te puede pasar al revés.

-No debe ser fácil llevarse mal con tu viejo.

-¡Ja! No, no lo es. De hecho, tuvimos varios encontronazos de quedarnos cara a cara en camarines, onda “te cago a trompadas”. Los dos somos muy vascos, muy cabrones, y nos gusta decirnos las cosas de frente. Eso permitió que una banda como Viticus se mantuviera en el tiempo. Si no, creo que me hubiera ido a los dos o tres años. Pero así, te cagás a pedos y a los 20 minutos podés hablar de nuevo. Cuando me fui de la banda estuvimos un tiempo distanciados, pero a la larga eso hizo que hoy me haya unido mucho más. Que haya podido admirar desde fuera lo que él está haciendo, y también que él viera que me la jugué, y pudiera venir a decirme que estaba orgulloso de lo que estaba haciendo yo.

Sueño cumplido. Tras editar su primer álbum solista, Nico fue invitado a audicionar por Rich Robinson, de The Black Crowes, y giró con su banda durante dos años. (Foto: Guillermo Rodriguez Adami)

La separación llegó cuando Rich, el menor de los hermanos Robinson fundadores de The Black Crowes lo vio tocar en un video de YouTube y lo invitó por Twitter a audicionar. “Fueron cuatro temas con dos acústicas, y quedé. Fue muy loco. Yo había ido a ver a los Black Crowes varias veces, y dos o tres años después estaba tocando en los mismos escenarios donde los había visto y donde había soñado estar algún día”, recuerda Bereciartúa, que al mismo tiempo que reconoce la experiencia como un gran momento de aprendizaje advierte que nunca pensó en quedarse definitivamente.

“Por eso el disco se llama Volviendo. Me resultaba ridículo quedarme allá para tocar en unos barcitos cuando no hay giras, cuando en realidad puedo seguir haciendo ruido acá. Además, extrañaba el empuje que hay acá, eso de que vamos a ensayar y nos quedamos comiendo un asado, nos damos un abrazo, un beso, un nos vemos… Eso allá no existe”, explica.

-¿Dejaste alguna puerta abierta para volver a tocar con Robinson, o con gente como Susan Tedeschi, Warren Haynes…?

-Puede llegar a pasar. Con Robinson estamos en contacto, lo mismo con Susan, con quien tenemos una muy buena relación.

-Yo había mencionado a Tedeschi en broma…

-No. De hecho la conocí antes que a Rich, y pegamos la mejor onda. También en un viaje conocí a Gregg Allman. Las cosas que me pasaron en los últimos años son de una peli de Spielberg. Estaba viendo un recital de los Allman y terminé charlando en el micro con él. Conocí a Susan, le mostré una canción mía y me dijo que le encantaba.

-¿Que se viene después de La Trastienda?

-Trataré de presentar el disco en Rosario, en Córdoba, y después en los festivales. Se están armando muchos, para bandas más under, indies, folk… Hay muchos artistas nuevos, como Karina Vismara, Dolores Cobach, Ainda Dúo, que me encantan. Lo que está pasando está buenísimo. Además, se está viviendo un momento social que está cambiando un paradigma, y me siento un privilegiado de ser parte de lo que está sucediendo. Lo que se está logrando me parece fantástico, y me parece increíble ser parte de este momento histórico, revolucionario. Poder escuchar lo que las mujeres tienen para decir, que es super importante

-Y eso hace que cambie también el ambiente del rock.

-Tal cual. Hay más lugar para todos, el juego está más abierto.

-Pienso en Pappo, la imagen del tipo duro, cuero y metal…

-El cabaret… Es algo que ya fue. Todo eso ya pasó. Y a mí me gusta conectar con otros sentimientos, y no con esa imagen del Pomelo duro (Pone voz gruesa), el macho que arregla el auto y no sé qué. Me gusta más conectarme con el sentimiento del amor. Creo que las cosas salen más lindas cuando se hacen con esa vibración. Y yo, que me crié en un ambiente, con mi viejo… Creo que él también lo esta viendo. Lo que está pasando termina con el estereotipo del rockero duro, que hoy es ridículo. Hay cosas más importantes que eso, mucho más reales. Y hay que cuestionarse y preguntarse mucho más de lo que se lo hacía, en una época en la que te decían que algo era así, y vos creías que estaba bien. Estábamos haciendo las cosas muy mal.

“Me gusta más conectarme con el sentimiento del amor. Creo que las cosas salen más lindas cuando se hacen con esa vibración”, dice Nico Bereciartúa. (Foto: Guillermo Rodríguez Adami)

En banda y con una “ayudita” de papá Vitico 

Nico Bereciartúa enumera a los músicos que subirán a escena con él en La Trastienda: Larry Cuffia, Martín Lozano; jeremías Segall de Rosa, Yamil Salvador, Mauro Bonamico, más algunos invitados. ¿Y papá Vitico? “Seguramente venga”, dice. “Siempre viene. De hecho, me llamó, y me dijo: ‘Te lo digo porque te conviene, para que haga más ruido en la prensa: me tenés que invitar a tocar un tema. No es que me muera de ganas, pero va a ser mejor para vos.’ Y yo, que ‘ya te invité, siempre, así que puedo no invitarte.’ Pero no. Nos reímos juntos. Y estoy muy contento de estar en este lugar con él.”

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-¿Qué quedó de la casa del Tigre, que se incendió en marzo de 2016?

-Quedaron despojos. Había tan linda energía ahí… Fue muy triste, pero fuimos afortunados de haberla tenido tanto tiempo para disfrutarla. Ahora está el terreno, y no creo que haya una nueva casa, porque la magia estaba ahí, donde había ensayado Riff y pasaron tantas cosas.. Pero lo que ocurrió fue una lección; el desapego material con el que esa misma noche en que lo había perdido todo, mi viejo estaba en pijama yendo a comprarse un jean y unas zapatillas para ir a tocar en el Tributo a Pappo en El Teatro de Flores, sólo me provoca admiración. Me saco el sombrero. Porque cualquier otro, en la misma situación se hunde,  

Nico Bereciartúa presenta “Volviendo” el jueves 19 de septiembre, a las 21, en La Trastienda, Balcarce 460. Entradas desde $400, por TuEntrada.com