Fallo Carrasco: la Justicia explicó por qué condenó a 9 años de prisión al ex bloguero K

“La inicial relación consensuada, mutó en actos forzados. La circunstancia de haber concurrido a un sitio a los fines de mantener relaciones sexuales con un compañero ocasional, no implica en modo alguno consenso para la aceptación de cualquier modo de concreción. El elemento principal en la configuración de delitos sexuales es la ausencia de consentimiento.…

Fallo Carrasco: la Justicia explicó por qué condenó a 9 años de prisión al ex bloguero K

“La inicial relación consensuada, mutó en actos forzados. La circunstancia de haber concurrido a un sitio a los fines de mantener relaciones sexuales con un compañero ocasional, no implica en modo alguno consenso para la aceptación de cualquier modo de concreción. El elemento principal en la configuración de delitos sexuales es la ausencia de consentimiento. No existe otro consentimiento que aquel que resulte libre, voluntario, inequívoco, activo, despojado de presiones, manipulación, o influencia de drogas o alcohol, específico, con información previa, actual y continuo. Sin embargo, hay algo que el consentimiento no es. No es omnicomprensivo ni infinito“.

La afirmación es de la jueza Ana Dieta de Herrero, a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 9 de Capital Federal. Este miércoles, la magistrada dio a conocer los fundamentos del fallo a través del que condenó al bloguero y periodista Lucas Carrasco a nueve años de prisión por abuso sexual agravado por acceso carnal. Clarín tuvo acceso a ese documento.

Newsletters Clarín

Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes

De lunes a viernes por la tarde.

Recibir newsletter

La víctima, Sofía Otero, había denunciado a Carrasco en 2016 por un hecho ocurrido en febrero de 2013: la sentencia se conoció el miércoles pasado en una audiencia en la que se escucharon gritos y aplausos al momento del veredicto: la fiscalía había pedido siete años de prisión, pero la jueza otorgó los nueve que había solicitado la querella. Carrasco salió escudado por agentes policiales pero no será encarcelado hasta que la condena sea confirmada por una instancia superior.

En su denuncia -que la Justicia dio por acreditada en esta primera instancia-, Otero afirmó que, luego de encontrarse con Carrasco para mantener relaciones sexuales consentidas, él la forzó a mantener prácticas sexuales no consentidas a pesar de la resistencia que ella ofreció. “La denunciante fue así tomada como objeto sin su consentimiento, para concretar modos de penetración a los que no estaba dispuesta y respecto de lo que manifestó su negativa expresa”, describe el escrito emitido por la jueza.

Mirá también

En ese sentido, la condena resulta novedosa. “No tengo conocimiento de fallos precedentes que den cuenta de que el abuso se puede producir en situaciones en las que, en un principio, hubo consentimiento. Es un fallo bisagra en el sentido de que establece que, una vez que se consiente, no hay ninguna carta blanca para el varón”, había dicho Matías Busso, uno de los abogados de Otero, el día del veredicto.

“Lo que se inició como consentido, puede dejar de serlo y a fin de reconocer la diferencia parecería que se descarga en la mujer, en este caso, la responsabilidad de establecer límites a los avances. En ese contexto, si la damnificada pidió que Carrasco dejara de hacer lo que hacía, lloró, gritó y luego cuestionó que continuara contra su voluntad, puso claro freno”, afirma Dieta de Herrero en los fundamentos de su fallo. Y suma: “Claramente, la aceptación de un contacto sexual voluntario para cualquier adulto, tanto para un hombre como para una mujer, no implica de por sí la aceptación de cualquier práctica, no resulta un permiso amplio y absoluto para que el otro concrete su entera voluntad y la negativa a tolerarla tampoco configura una suerte de ‘fraude’ al eventual compañero que podría encontrar frustradas sus pretensiones. Es que corresponde descartar el prejuicio de que al decir no, se dice sí, o que se pretende ‘ser convencido’, aún por medios forzados. La seducción no es violencia ni intimidación”.

A la hora de fundamentar su decisión de dar por acreditado lo denunciado por Otero, la jueza enumera lo declarado por la víctima, por dos de sus amigas, por un amigo, los detalles de los intercambios de mensajes entre ella y Carrasco a través del teléfono y de redes sociales y las pericias psicológicas realizadas a Sofía, entre otra información.

Sofia Otero, la joven que denunció a Lucas Carrasco por violación.

Según consigna el fallo, el informe psicológico del Cuerpo Médico Forense concluye: “No se constataron características psicopatológicas que den cuenta de trastorno psíquico, que implique pérdida o alteración del criterio de la realidad. Conserva suficientes recursos cognitivos, aunque interferidos por la conflictiva emocional, que la sitúa en condiciones de vulnerabilidad y labilidad, restándole posibilidad de satisfacción y expuesta a reiteradas frustraciones, con presencia de sobrecarga y estrés con cualidades reactivas a la situación psicotraumática vivida. No se ha constatado en el presente examen exacerbación imaginativa patológica. Su discurso no presenta alteraciones, resultando inferir verosimilitud del mismo”.

Otra de las observaciones que hace la jueza en su texto es que los contactos posteriores a la fecha del hecho denunciado -peritados a través de capturas de pantalla y de informes telefónicos- dan cuenta de que Carrasco insistía con volver a ver a Otero, y que ella respondía con evasivas. “El intercambio ilustra sobre las evasivas de la denunciante a reanudar el contacto, manteniendo distancia de manera discreta pero firme”, escribe la jueza, luego de consignar mensajes en los que el bloguero dice cosas como “nos vemos? quiero verte”, “dame pelotaaaa”, “cuándo nos volvemos a ver? podés ahora?”.

Mirá también

“La convicción judicial, como resultado del acto de producción y valoración de la prueba, no depende necesariamente de la existencia de un mayor o menor número de elementos de prueba, por caso de un número plural de testigos, sino de la adecuación y fuerza de convicción de la prueba practicada, por lo que puede bastar el valor convictivo de un testigo único, incluso de la propia víctima”, escribe Dieta de Herrero en su fallo.

“No se advierte causa alguna por la cual Sofía Otero tendría interés en imputar a Carrasco la comisión de un delito, más aún cuando eso le generó la obligación de someterse a diversos exámenes, exponerse públicamente y además de la demanda de concurrir al Tribunal a los efectos de prestar declaración en la audiencia de debate, con lo que ello implica en orden a disposición horaria, pérdida de tareas y estado de nerviosismo y tensión, que resultó evidente al solicitar, por lo menos, no tener a la vista inmediata al sujeto que dijo la abusó”, explica el fallo.

“Cierto es que no existe ningún instrumento natural o artificial que pueda medir con validez científica la veracidad de un individuo y la mendacidad de otro, pero a la luz de otros elementos de convalidación periféricos tales como los dichos de Franzé, Iturrioz y Hernandorena -tres amigos de Sofía que prestaron declaración durante el juicio-, a lo que se suma un relato similar de la denunciante K.G.B. -otra denuncia por la que Carrasco resultó absuelto-, estimo que mientras que Sofía Florencia Otero ha sido veraz, Lucas Emanuel Carrasco se expresó con mendacidad, pretendiendo atribuir la motivación de la denuncia al interés de perjudicarlo políticamente”, asegura la jueza.

En su texto, Dieta de Herrero se ocupa de responder a varias de las observaciones que el abogado de Carrasco, Guillermo Vartorelli, había hecho durante su alegato para solicitar la absolución del acusado. Uno de esos señalamientos fue sobre el tiempo que se tomó la víctima para denunciar el hecho por el que se condenó al bloguero y periodista.

Mirá también

“Las razones -de esa demora- expresadas por Sofía Florencia Otero y cuestionadas por la defensa fueron: que quiso olvidar, que fue por temor porque se trataba de una persona conocida en el ambiente político, y el tercero porque pensó que no era una violación. Ninguna de ellas aparece contradictoria con las otras dos y por el contrario, resultan complementarias. La circunstancia de que la damnificada intentara dejar en el pasado lo ocurrido, como mecanismo de defensa psíquico que le permitiera continuar su vida con un importante ejercicio de resiliencia, no configura una razón descabellada para postergar una acción judicial”, asegura la jueza.

“Ha sido clara la denunciante al establecer cuáles eran sus dudas respecto de acudir a la justicia con un planteo de esa naturaleza, el que fue promovido recién cuando advirtiera que existían otras personas en situaciones similares y que recibiera asesoramiento de cuáles eran las herramientas procesales de las que podía disponer, además del acompañamiento interdisciplinario de las entidades oficiales específicas tales como U.F.E.M. y D.O.V.I.C.”, agrega el documento.

El abogado de Carrasco también argumentó que ninguno de los tres amigos de Sofía que declararon como testigos durante el juicio habían notado lesiones físicas que corroboraran que Otero había sido violentada al momento de los hechos denunciados. “Esa aseveración de la defensa omite considerar que tanto Carolina Monserrat Hernandorena dijo que (a Sofía) ‘le dolía la cola’, mientras que Pilar Franze la describió ‘como en shock’, datos que difieren de no haber notado condiciones compatibles con el relato que les hiciera respecto de lo que ocurriera”, escribe Dieta de Herrero.

Entre otros señalamientos, durante la última jornada del juicio Vartorelli preguntó por qué Otero no gritó o llamó a la Policía mientras, según su denuncia, permaneció durante 25 minutos en el baño luego de que el acusado la forzara a mantener relaciones sexuales no consensuadas. Vartorelli también cuestionó por qué la víctima no había aprovechado el momento en que Carrasco bajó de su departamento a abrirle la puerta a su hermana para abandonar el lugar. Al respecto, el letrado dijo: “Si bien no se exigen acciones heroicas, sí se reclaman conductas razonables, lógicas”.

“Sorprende el encuadre del letrado en cuanto alude a acciones heroicas contra lógicas”, dice la jueza. Y sostiene: “La circunstancia de haber permanecido en el interior del baño durante veinticinco minutos, sólo demuestra que no hallaba la forma de actuar”. “La víctima hizo lo que pudo, como pudo”, sostiene el fallo, que más avanzado el texto asegura: “Tampoco se trata de crear un generalizado estado de inseguridad y temor ante la incerteza de la valoración jurídica que pudiera derivar de una situación concreta, dado que en el imaginario colectivo, en toda relación, tanto formal como informal, conformada por un vínculo afectivo o eventual, cualquier acto podría constituir una fuente inagotable de comisión de delitos de abuso sexual. Ello no es así”.

“Lo que prima en todo vínculo es el acuerdo, el consenso y el respeto de cada individuo. La persistencia ante la negativa expresa, la concreción forzada y contra la voluntad, configura abuso. De igual manera, la exigencia de práctica de sexo oral y para ello la colocación de cocaína en la boca, en un escenario de temor, también fueron acciones forzadas para la damnificada”, dice el fallo. “La conducta analizada en el presente caso ha afectado la libertad de la víctima para aceptar o rechazar un accionar de significado sexual sobre su cuerpo, y justifica el encuadre en la norma de referencia. La penetración por vía anal de manera sorpresiva, mediando sujeción forzada que impidiera el movimiento, el reclamo expreso de que cesara, la insistencia ante tal manifestación de disconformidad y al explicación posterior de que seguiría ‘hasta que te acostumbres’ permiten tener el dolo por claramente acreditado”, explica la jueza.

En su alegato, Vartorelli planteó que si Otero necesitó de la asistencia profesional de los equipos de la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM) y de la Dirección General de Acompañamiento, Orientación y Protección a las Víctimas (DOVIC) para reconocer los hechos de los que había sido víctima como una violación, tampoco podía darse por sabido que el imputado sí sabía que se trataba de un abuso sexual. “Esa afirmación resulta inaceptable”, concluye la jueza.

PS