Cyrus Chestnut: un mensajero de Dios con swing y en clave jazzera

En el podio de los grandes pianistas de la escena internacional del jazz, Cyrus Chestnut es un artista de una técnica superlativa atravesada por un conmovedor toque góspel adquirido en su infancia y que el tiempo no ha logrado desdibujar. Músico de una enorme versatilidad, se ubica como uno de los pianistas modernos que sin…

Cyrus Chestnut: un mensajero de Dios con swing y en clave jazzera

En el podio de los grandes pianistas de la escena internacional del jazz, Cyrus Chestnut es un artista de una técnica superlativa atravesada por un conmovedor toque góspel adquirido en su infancia y que el tiempo no ha logrado desdibujar. Músico de una enorme versatilidad, se ubica como uno de los pianistas modernos que sin olvidar la tradición desarrolló un estilo propio. Definitivamente, el góspel y el jazz hacen un excelente maridaje en las manos de Chestnut, que se presentará en quinteto y en dúo, viernes 20 y sábado 21 de septiembre, en Bebop.

Chestnut respeta la tradición pero logra enriquecerla de manera creativa, lo que en su música equivale a hablar de libertad. Nos remite a un estilo cincelado por artistas como Art Tatum, Bud Powell u Oscar Peterson a lo que agrega un tratamiento exquisito del espacio y del tiempo. Tocó con Freddie Hubbard, Terence Blanchard, Wynton Marsalis, James Carter y Joe Lovano, pero quien lo marcó con una huella imborrable fue la genial cantante Betty Carter. “Tocar con ella fue sentir que me recibía de músico”, dice.

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Nacido en enero de 1963, en Baltimore, a los tres años comenzó con el piano y a los cinco tocaba en la iglesia evangelista Mount Calvany, donde su padre era organista. “Vi a mi padre tocar y sólo quise hacer lo que él estaba haciendo”. Chestnut tiene un lado marcadamente religioso. “Crecí tocando en la iglesia y ser parte de las iglesias es lo que soy. Siento a Dios arriba y abajo del escenario y en todo lo que hago; lo considero como el gran maestro de la música y me siento muy agradecido de ser uno de los mensajeros de Dios a través de la música; es un gran honor para mí”.

Cyrus Chestnut considera a Dios como un gran maestro de música. (Foto: Fernando de la Orden)

Entre 1992 y 2019 editó 27 discos, uno por año, y todos tienen ese tono original que tanto sus composiciones como sus arreglos consiguen transmitir. Tardó en lanzarse como solista; con 31 años editó The Nutman Speaks (1992), un trabajo con Cristian McBride en contrabajo y Carl Allen en batería con una versión de Caravan, con un original enfoque; dos años después llamó la atención con Revelation, y en 1996 con Another Direction. Todos en trío y con un espíritu innovador que lo llevaron a ser considerado la gran revelación pianística de ese tiempo.

Otros trabajos de gran calidad fueron Cyrus Chestnut (1998) con Joe Lovano, James Carter y Anita Baker, de invitados; Soul Food (2001), con Mc Bride y Lewis Nash en batería, Genuine Chestnut (2006), en cuarteto con el guitarrista Russell Malone; un excelente tributo a Elvis Presley Cyrus Plays Elvis (2008) o un extraordinario repaso de clásicos en Midnight Melodies (2014), en trío con Curtis Lundy y Victor Lewis, y un moderno y delicioso Kaleidoscope (2018), también en trío. En 1995 debutó como actor haciendo el papel de un joven Count Basie en la película Kansas City, de Robert Altman.

-¿Cuáles serían las claves a la hora de improvisar?

-Intento buscar buenas melodías. Todo lo que uno toca tiene que tener una intención y me gusta sentir cuando improviso que soy un compositor espontáneo, un compositor en tiempo real. La improvisación es realmente buena cuando estás creando en el momento, y eso se escucha.

-¿Cómo se definiría como compositor? ¿Cómo prepara su música?

-La composición sucede para mí de dos diferentes maneras. Una, es con el piano y otra, que es la que yo prefiero, lejos del instrumento, es decir, sin el piano para realmente escuchar las melodías en mi cabeza y no sentirlas una vez que ya las toqué en el piano. Mi tendencia es componer sin nada y después chequear cómo quedan en el piano. A veces me sucede que estoy en el piano y viene una melodía pero siempre intento hacerlo sin el piano porque la siento más orgánica. Es de esta manera en la que estoy influido por la vida, y no por el instrumento. El ritmo del subterráneo, los pájaros, el viento, ver algo, son siempre oportunidades para llegar a componer una melodía.

“El ritmo del subterráneo, los pájaros, el viento”, todo es una oportunidad para crear una melodía. (Foto: Fernando de la Orden)

-Gran parte de su carrera la hizo en trío, pero en Buenos Aires va a tocar en quinteto y en dúo. ¿Qué cambios supone en los materiales que habitualmente toca?

Me gustan todos los formatos porque todos tienen su desafío. En Buenos Aires haremos algunas composiciones originales, algunos arreglos originales de standards y algunos arreglos que salgan en el escenario mismo y hasta es posible que haga algún clásico.

-¿Puede que toquen Gymnopédie N° 1, de Erik Satie? (tema incluido en el último álbum del pianista Kaleidoscope).

-Es muy posible.

Chestnut adelantó que está escribiendo nuevas composiciones aunque no tiene claro si será para hacerlas en trío o con otra formación. Sobre sus conciertos en Buenos Aires, señala que tiene preparado algo para proponer, pero que quiere escuchar cómo suenan en grupo. “Lo más importante es encontrar una buena disposición artística y sobre todo humana. Tenemos que hacer que la música tome vida. No importa tanto cómo están tocando sino que la música tome vida y que la audiencia se vaya del club más feliz de como entró”, agrega.

La Master Class, de Betty

“Betty Carter vino a dar una master class en Berklee, en 1984. Yo ya estaba casi egresado, y ella hablaba y hablaba, y medio que me dormí, hasta que al terminar le empiezan a pedir que cante. ‘No tengo pianista’, dijo, y entonces alguien detrás de mí gritó ‘Cyrus’, y todos se pusieron a gritar mi nombre. No tenía alternativa, así me que me paré y me preguntó si me gustaba el jazz. Respondí que sí y fui hacia el piano. Mi primer temor fue que me pidiese una canción que no conociera, pero me propuso hacer Body & Soul, solo que antes de que llegar al piano me cambió la tonalidad. Me dijo: ‘La hacemos en sol’. Eso me puso muy nervioso. Recuerdo que temblaba y ya no recordaba ni siquiera el primer acorde. Todo lo que sabía se había ido a almorzar. Me quedé solo (se ríe), me equivoqué y toqué una parte en do. Terminé el tema con un sentimiento poco feliz, pero recibí el aplauso de todo el salón. Quedé confundido porque había muchos músicos en la audiencia. Y más confundido quedé cuando Betty se acercó y me dijo: ‘¡Maravilloso!’ Y me dio un abrazo Esa misma tarde me fui a una de las salas de práctica y toqué Body & Soul, en sol”, recuerda Chestnut, quien formó parte de la banda de Carter durante dos años y tres meses, participó del disco It’s Not About the Melody y admite haber crecido no sólo artísticamente sino emocionalmente a su lado.

“Me impulsó a querer ser más personal y correrme de esos lugares cómodos al que podemos recurrir. En el jazz, hay dos músicos que hicieron escuela, Art Blakey y Betty Carter”, añadió.

Cyrus Chestnut Quintet se presentará el viernes 20, a las 21 y el sábado21, a las 23.15 y el Cyrus Chestnut Duo, el viernes 20, a las 23.15 y el sábado 21, a las 21, en Bebop, Moreno 364. Entrada $650.