Quejas y dosis recortadas, la repuesta de los pacientes ante las subas de medicamentos

El aumento de los precios de los medicamentos se refleja en las farmacias, donde los clientes empezaron a desarrollar distintas estrategias para paliar el impacto en el bolsillo. Entre quejas y la búsqueda de segundas marcas, la situación es alarmante, sobre todo porque en el afán de ahorrar hay casos en los que pacientes con una…

Quejas y dosis recortadas, la repuesta de los pacientes ante las subas de medicamentos

El aumento de los precios de los medicamentos se refleja en las farmacias, donde los clientes empezaron a desarrollar distintas estrategias para paliar el impacto en el bolsillo. Entre quejas y la búsqueda de segundas marcas, la situación es alarmante, sobre todo porque en el afán de ahorrar hay casos en los que pacientes con una medicación crónica empezaron a reducir las dosis recetadas para que los productos duren más.

“Está muy feo todo. Aumentaron todos los medicamentos y muchas veces siento que tengo que hacer magia para que me alcance“, dice Eduardo Karich, un jubilado de 76 años, en la puerta de una farmacia sobre la avenida Olivera al 100, en el barrio porteño de Vélez Sarsfield, donde acaba de comprar un inhalador para el asma, el llamado “puf”.

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“Yo tengo un medicamento que tengo que comprar sí o sí, porque sufro de asma. Esto —señala el dispositivo— cuesta $ 500, es una barbaridad. El año pasado estaba más o menos $ 180. Hay de distintos precios, pero depende para qué”, explica el hombre.

Según cuenta, el inhalador suele durarle cerca de dos meses. “Por suerte no me agarran ataques muy frecuentes, si no tendría que comprarlo más seguido”, señala en un intento de ponerle humor a la situación.

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Sin embargo, se pone serio cuando explica que debió reducir la cantidad de dispositivos debido a su precio. “Es que si no tengo uno siempre a mano, me agarra desesperación. Antes siempre tenía uno encima y otro en casa, pero ahora no llego a los dos”, señala.

En la farmacia “Candelaria”, en Floresta, dos farmacéuticas describen la situación como “terrible” desde el otro lado del mostrador. “Disminuyó la cantidad de gente que viene, pero sobre todo disminuyó el consumo de cada persona”, cuenta Marcela Katkownik. “Si llevaban dos cajitas, ahora es una y estiran la medicación. Hay gente que piensa: ‘en lugar de todos los días lo voy a tomar día por medio’. Eso con los medicamentos de uso crónico… no sé cómo hace la gente, no lleva su salud como corresponde“, dice.

Su compañera, Delia Sosa, agrega: “Si no, te piden una alternativa, buscan genéricos para que sean más económicos”. Son segundas marcas. Por ejemplo, sucede con los de la presión: en vez de Lotrial, llevan un enalapril (la droga) de un laboratorio que no es tan conocido y es más barato.

En la esquina de Juan Domingo Perón y Gascón, en Almagro, frente al Hospital Italiano, la farmacéutica Marcela Trujillo describe una panorama con algunas similitudes.

“Acá la gente sigue viniendo igual, no percibo que haya una disminución en el consumo, pero sí la gente se queja muchísimo de lo que cuestan los medicamentos“, indica. “Lo que pasa es que son remedios que no pueden dejar de consumir porque su vida depende de ellos”, observa y señala que “muchos eligen pagar en las dos cuotas que ofrece la farmacia”.

Trujillo también recurre al ejemplo del enalapril, la droga para tratar la hipertensión. “Se acercan a la mesa y dicen: ‘uh, aumentó como un 50%’, pero terminan llevándoselo igual”, cuenta.

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En Constitución, antes de entrar a la farmacia ubicada donde se cruzan la avenida San Juan y San José, Luna Álvarez, de 67 años, explica que para poder comprar los medicamentos que toma su marido, jubilado y de la misma edad, tuvo que recortar el consumo pero en otras áreas.

“Hay medicamentos, como este —muestra una caja con 10 miligramos de rosuvastatina, droga para diminuir el colesterol—, que no es posible dejar de tomarlos, aunque cueste casi $ 800 porque lo más importante es la salud”, asegura. “Pero ahora, en vez de comprar un kilo de carne, compramos medio; en vez de 3 kilos de papa, uno. Y así hacemos con casi todo“, concluye.