El delito también mutó por la “proximidad”

En el grupo de WhatsApp, la primera alerta sonó a las 2.30 de la madrugada de ayer. “Le están dando con la maza a la casa de un vecino”, escribió una mujer de calle Sofía Capdevila de Luque, donde Talleres Sud y villa Los Eucaliptos están separados sólo por un pasaje al que los vecinos…

El delito también mutó por la “proximidad”

En el grupo de WhatsApp, la primera alerta sonó a las 2.30 de la madrugada de ayer. “Le están dando con la maza a la casa de un vecino”, escribió una mujer de calle Sofía Capdevila de Luque, donde Talleres Sud y villa Los Eucaliptos están separados sólo por un pasaje al que los vecinos conocen como “Telecom”, porque allí se erigen unos galpones de la firma de comunicación.

Una denominación que en la vida cotidiana separa dos mundos bien distintos que conviven, casi por la fuerza de la proximidad, en ese conjunto de manzanas aglutinadas en cercanías del Arco de Córdoba, el otrora fastuoso ingreso a una ciudad que ya en sus orillas deja al desnudo sus contradicciones sociales más intensas.

Los policías de la comisaría 33, de barrio José Ignacio Díaz Primera Sección, contarían luego los vecinos, llegaron en un móvil, treparon al techo de la vivienda cuyo único morador no estaba presente (un joven que se mudó hace poco) y detectaron un pequeño hueco allí arriba. “Nadie puede entrar por acá”, dijeron los uniformados y se fueron.

Pero los mazazos continuaron. Cuando a la media hora otra patrulla regresó a esa vivienda, ante una nueva alerta en el grupo de WhatsApp, los policías se dieron cuenta de que ahora los potenciales intrusos habían violentado una puerta del patio. Pero, dijeron, había una reja que no había sido doblegada, por lo que otra vez llevaron un discurso tranquilizador: nadie podía entrar en la casa.

El móvil se fue y los mazazos continuaron. Y los vecinos vieron en vivo y en directo cómo funciona la impunidad. Un grupo de ladrones ingresó en la vivienda y comenzó a sacar absolutamente todo lo que encontró adentro. A esa altura, los mensajes en el grupo de WhatsApp ya no recibían contestación policial.

Los delincuentes se llevaron cargando a pie una heladera, un termotanque, ropa, dinero, aparatos electrónicos, elementos de cocina y todo lo de valor que encontraron. Y, también, un perro caniche.

No hubo rejas, ni puertas, ni muros que pudieran contener lo que fue un saqueo domiciliario. No le dejaron nada.

Agobiados

Los vecinos de Talleres Sud, cansados, decidieron salir a exponer esta situación de inseguridad agobiante. Si bien señalaron que desde hace largo tiempo conviven con los delincuentes, algunos también advierten que, desde que comenzó el aislamiento social obligatorio (la “cuarentena”), el delito en el sector trepó.

Una realidad que, si bien aún no figura en las estadísticas (el joven desvalijado tuvo que penar para que le tomaran la denuncia en la unidad judicial, que se negaba a atenderlo por la emergencia sanitaria por el coronavirus), ya se replica en diferentes barrios de la ciudad de Córdoba, según reconocen otros vecinos y fuentes policiales consultados por La Voz.

Como los controles se han intensificado en las avenidas y calles más concurridas, para evitar que los cordobeses circulen y violen la cuarentena, varios de los delincuentes han comenzado a robar en sus propios barrios.

Una vez adentro, los delincuentes se llevaron todo lo que encontraron de valor.

Una realidad delictiva que no nació de un día para el otro ante este cuadro excepcional de movilidad social acotada, pero que ahora se ve intensificada. O sea: hace bastante tiempo que el “hampa” ya no tiene aquel código que mandaba a no robar al vecino, aunque en estos días se ve cómo esa metodología comienza a ser más frecuente.

Así como se sugiere a los vecinos, en estos tiempos de cuarentena obligatoria, que busquen alimentos, remedios y repuestos hogareños en los negocios de proximidad, para evitar la circulación a mayor escala, en distintos barrios el delito también comenzó a circular “por proximidad”.

“En algunos sectores, como en las inmediaciones de la calle Mariano Fragueiro, el precio de la cocaína al menudeo se multiplicó por tres, algo que no desalentó el consumo, pero que sí disparó los robos en la propia zona, según remarcan los vecinos consultados”, publicó La Voz el lunes último en un artículo en el que se alertaba cómo el narcomenudeo también estaba mutando alrededor de la pandemia social que este virus está dejando otra vez al descubierto.

El sector comprendido entre Talleres Sud, Los Eucaliptos y José Ignacio Díaz no escapa a esta misma radiografía social, en la que las carencias estructurales acumuladas durante décadas terminan por engendrar “quioscos” de droga, tráfico de armas y todo un conjunto de organizaciones delictivas que parecen forjar sus propias normas internas de convivencia. Reglas que por lo general terminan por imponer la voluntad del más violento.

En todas partes

Esta modalidad de delitos “por proximidad” se repite en los cuatro puntos cardinales de la ciudad de Córdoba.

En el oeste capitalino, Las Violetas fue noticia la semana pasada, cuando residentes del mismo barrio saquearon el dispensario. Fue otro grupo de vecinos el que terminó por señalar a los delincuentes, por lo que la Policía logró recuperar parte de lo robado.

No sólo cargaron elementos pequeños, sino también una heladera y un termotanque, entre otros objetos. Y hasta un perro.

Más al sur de la ciudad, el martes último, delincuentes ingresaron en un jardín de infantes de barrio Los Olmos Sur y se llevaron un televisor, un equipo de música y un reproductor de DVD que la institución utilizaba para enseñar a los niños, según divulgó el periódico La Décima. Cuando llegó la Policía, alertada por la alarma, los ladrones estaban por llevarse las cajas del Paicor.

En el mismo sentido, una joven de ese barrio que trabaja en un hospital reseñó al mismo medio cómo es convivir a diario con el delito: “Los que salimos a trabajar temprano estamos muy desprotegidos. En mi caso, que trabajo en un hospital, tengo doble miedo: o te agarra el choro en la parada de colectivo o te agarra el coronavirus”.

Ella señala una realidad que hace tiempo padecen en los barrios de la Córdoba profunda, pero que ahora parece haber proliferado aún más: pese a que la inseguridad atraviesa todas las capas sociales, es en los sectores más postergados donde la convivencia con el delito se torna casi diaria, sólo que allí ya están resignados.

La falta de iluminación pública; el mal estado de las calles, que hace que la circulación no fluya; los baldíos con yuyos altos, y otras carencias urbanas que en la periferia se notan más que en el resto de la ciudad terminan por convertirse en un combo fértil para el delito “por proximidad”.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 4/04/2020 en nuestra edición impresa.

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