Patricia Sosa: historia de una cuarentena que la llevó a convivir otra vez con Oscar Mediavilla

Recién cuando el avión que regresaba de Miami rozó el cemento de Ezeiza, Patricia Sosa sintió que los martillazos que daba su corazón volvían a recuperar la categoría de latidos. Un viaje relámpago terminó en una carrera desesperada contra el cierre de las fronteras. Tres vuelos suspendidos, un retorno finalmente a Buenos Aires y una…

Patricia Sosa: historia de una cuarentena que la llevó a convivir otra vez con Oscar Mediavilla

Recién cuando el avión que regresaba de Miami rozó el cemento de Ezeiza, Patricia Sosa sintió que los martillazos que daba su corazón volvían a recuperar la categoría de latidos. Un viaje relámpago terminó en una carrera desesperada contra el cierre de las fronteras. Tres vuelos suspendidos, un retorno finalmente a Buenos Aires y una declaración jurada: la cuarentena sería en su casa de Córdoba, con el hombre con el que se casó y se divorció. Y con quien reinventa el concepto de noviazgo.

La historia de amor de Oscar Mediavilla y Patricia es elástica, mutante, giratoria. Puede no resistir análisis, pero es el vínculo irrompible de dos que se construyeron musicalmente juntos, que decidieron ser padres, que pusieron punto final a la pareja y que cuando estamparon la firma en el acta de divorcio, se miraron como quien sabe que algo queda pendiente.   

El reenamoramiento, hace 20 años, se fue edificando bajo la premisa de techos separados. Como en un cuento romántico, la cuarentena llegó para unirlos en la casita de Córdoba, donde ella -vegetariana- elige cocinar polenta y guiso de lentejas para él, mientras prepara sus hamburguesas de garbanzo.

En su casa de Córdoba, mientras canta, cocina y se reúne vía Zoom. (Instagram).

“Fuimos por cuatro días a los Estados Unidos para arreglar cuestiones de mi sello digital y terminó convirtiéndose en una película de terror. Nos cancelaron tres veces el vuelo. Cuando llegamos pensé que lo mejor era firmar que haríamos la cuarentena en Córdoba, porque vivo con mi madre de 90 y no quería perjudicarla”, cuenta,  mientras Mediavilla musicaliza el silencio del refugio con vista al Uritorco.

“A mi vuelta, estuve dos días llorando. Estaba estresada, no podía ni meditar. Se cortaron todos los shows y hasta los festivales de septiembre. Mi escuela, El templo de la voz, cerró hasta que se reanude todo, aunque los profesores dan clases online, y mi centro cultural también sufrió el cierre, con el gasto que todo implica”. En medio del cachetazo a la industria, ella sigue el camino de tantos músicos: la reinvención, los recitales vía streaming, las redes sociales como estadios virtuales donde montar shows domésticos.

Siempre juntos y ahora más que nunca. Sosa y Mediavilla. (Foto: Andres D’elia).

Lavandina, alcohol en gel y mucho entrenamiento de la voz. Su enésima “luna de miel”, la más desinfectada de la historia, transcurre entre meditaciones diarias enviadas desde la India y canto subido a Instagram. Patricia sabe que cuando el virus se esfume y todo vuelva a la “normalidad” si es que el concepto normalidad puede aplicarse, quedarán como recuerdos de un “acuartelamiento” dulce sus conversaciones, pantalla partida en ocho, con Elena Roger, Lucía Galán, Julia Zenko, Sandra Mihanovich, Marcela Morelo, Marilina Ross y Virginia Tola.

El casamiento de Patricia Sosa y Oscar Mediavilla. Luego vino el divorcio y la reconciliación.

-La industria musical sufrió más que un golpe, un nocaut. ¿Cómo imaginás el futuro de la actividad artística a mediano plazo?

-Para los que dependemos de una convocatoria va a ser durísimo. Somos 500 mil personas afectadas en el mundo de la música, entre artistas, jefes de prensa, sonidistas, productores, jefes de escenario y demás. Los que pudimos ahorrar veremos hasta dónde tiramos. El resto está en una situación lamentable porque no se puede salir ni a tocar a la calle. Llegó el momento de mirar al costado.

-¿El streaming es una salida provisoria? ¿Se puede monetizar?

-Es complejo, con Instagram conseguimos sponsor, pero en un contexto así nadie “esponsorea”. YouTube sí se monetiza. Yo estuve subiendo material a mi canal. Vivo el ahora, tengo un cartel en la puerta de casa que dice “Mi vida es hoy”. Imagino que recién se reanudará todo cuando empiece el calor y hagamos recitales al aire libre, manteniendo las distancias.

Patricia Sosa y la forma de sacarle provecho al encierro.

-¿Qué sensación te gana, el miedo al “afuera” o el ahogo del encierro?

-Va fluctuando, a veces gana el miedo. Pero yo tengo una vida espiritualmente profunda, creo, rezo mucho. Saqué la conclusión de que estamos en un mundo violento, donde la gente no se deja cuidar. Y ahora, justamente, hay que dejarse cuidar y cuidar al otro. En Miami los argentinos se me tiraban encima para sacarse fotos, me decían “no hay problema con el coronavirus, somos argentinos”. Quedé como una agreta, pero en ese momento que empezaba todo, no se podía dar abrazos y ellos no tomaban conciencia todavía.

-¿Te angustia entender que vamos a perder la cultura del abrazo y el beso?

-Me duele. Yo que soy tan abracera y que necesito el abrazo de mi mamá y de mi hija, Marta, que está haciendo sola su cuarentena. Lo lindo es que Marta está plena, en un encierro recontra creativo, dictando y tomando clases, pasándola bien. En un punto todo esto es una prueba.

-¿La prueba de la convivencia definitiva con Oscar?

-Yo sé que habrá una futura convivencia. Lo veníamos pensando hace un año, no es el momento, hay que analizar el tema de las mudanzas. Pero esta convivencia obligatoria nos hizo dar cuenta de que nos llevamos bárbaro. Que estamos juntos desde los 16, cada uno con su mambo, y esos mambos se completan perfectamente. Todos los días me pregunto: ¿Por qué será que nos tocó esta experiencia terrenal, cuál es la misión? Los ríos más cristalinos, las toneladas de pajaritos que aparecen y nunca vimos. Todo esto es doloroso. Pero por algo tiene que ser.

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