Caro en pesos, “una ganga” en dólares: para los extranjeros Argentina está regalada y esperan que abra sus fronteras

Rossana Laurenti es argentina pero vive en Roma hace muchos años. No ve la hora de viajar al país para reencontrarse con su familia pero también para aprovechar lo barato que está la Argentina para alguien que, como en su caso, trae euros en su billetera. Se le salen los ojos cuando calcula que por…

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Rossana Laurenti es argentina pero vive en Roma hace muchos años. No ve la hora de viajar al país para reencontrarse con su familia pero también para aprovechar lo barato que está la Argentina para alguien que, como en su caso, trae euros en su billetera. Se le salen los ojos cuando calcula que por 15 euros podrá invitar a su mamá a cenar en una parrilla premium como La Cabrera.

Desde su casa de Roma ya estuvo pispeando el menú online del restaurante palermitano e hizo una reserva ya con el menú requerido: comerán una molleja grillada de entrada, un bife de chorizo mariposa para compartir, acompañado de dos gaseosas y una degustación de helados. “El viernes vi que el euro blue cerró a 189 pesos ($ 196 para la venta), no me pude resistir“, explica esta diseñadora gráfica que vive en el barrio Vaticano.

La mujer que vive hace más de veinte años en Europa remarca que en Roma “la misma cena no baja de los 80 o 90 euros, si no me quedo corta”, dice Rossana, que hace el cálculo en el mercado blue, donde hoy le pagan 174 pesos por cada euro. País bipolar y cada vez más desigual, la Argentina resulta una ganga para los extranjeros que tienen dólares o euros, o para los compatriotas que tienen un colchoncito en esas divisas.

Turistas que viven en el país, argentinos que cobras en dólares o ahorristas que conservaron divisas extranjeras, los grandes beneficiados de una Argentina “regalada”.

“Yo tengo una jubilación en dólares y la verdad es que tengo una ventaja enorme porque vivo en pesos, aunque me duele lo que está viviendo el país, es inmensa la desproporción que hay entre el cambio oficial y el blue, nuestra moneda se echó a perder, desgraciadamente”, afirma Juan Carlos Aguado, de 77 años, que vivió y trabajó durante dos décadas en Nueva York.

“Los amigos que tengo de allá, del barrio de Queens, no pueden creer los montos que se están manejando aquí para quienes pudieran venir con dólares y los venden en el mercado negro. Me preguntan si me estoy haciendo la gran vidurria…”, comparte Juan Carlos, que estima que “en ningún lugar del mundo podrían comer o viajar como pasa en Argentina, aunque para nosotros, que vivimos del peso está carísimo”.

Comer un salmón con guarnición o un plato de pastas y una copa de vino en el barrio italiano de Nueva York no sale menos de 40 dólares. Un par de jeans cuesta 60 dólares y unas zapatillas orilla 80. “Imaginate si vienen acá con esa plata, al cambio blue se compran dos o tres unidades por los mismos valores”, describe el jubilado vip.

Si tomamos los valores del mercado informal, donde el dólar para la venta trepa a 174 pesos por unidad, nos encontramos con un panorama de precios irrisorios. Clarín tomó algunos ejemplos a vuelo de pájaro: en el supermercado Carrefour, una buena botella de un malbec promedio cuesta sólo US$ 1,40 ($ 244). Alojarse en pareja en el Sheraton de Retiro cotiza a US$ 48 la noche ($8.476). Y un viaje en subte, apenas 10 centavos de dólar ($19).

Este bife de chorizo con guarnición cuesta alrededor de 5 dólares ($ 900) en una parrilla de Palermo.

Precios que, de acuerdo con argentinos que viven en Madrid, Barcelona, Milán, Londres y Berlín, serían impensables son ahora una realidad en la devaluada Buenos Aires, que si tuviera abiertas las fronteras no tardaría de llenarse de extranjeros haciendo turismo, saliendo a comer y, también, yendo de shopping. ¿La contracara? Salir del país, si se pudiera, se volvió carísimo para el bolsillo argentino por el 65% de recargo (la medida tomada en septiembre por el Banco Central).

En Roma una pizza individual cuesta 7 euros, un par de zapatillas Nike entre 60 y 100 euros, un jean marca Levi’s desde 90, tomar un licuado de frutas con un tostado 8 euros, cortarse el pelo 15 (varones) y 25 (mujeres) y una noche en un hotel cinco estrellas no baja de los 300 euros. En Madrid es entre un 5 y 10 por ciento más barato: un combo en McDonalds orilla los 8 euros, una cena para dos en un restaurante céntrico asciende a 40 euros, un capuccino 2 euros, mientras que un ticket en metro está 1,50.

Para el economista Gabriel Zelpo esta amplia brecha “parte, básicamente, de un gobierno que tiene un déficit fiscal grande y necesita urgente financiamiento. Hay que decir que la cuarentena salió muy cara, más de lo previsto: se emitieron muchos pesos y se generó demasiado déficit. Y otro problema nada menor es que el argentino de a pie no quiere al peso como moneda corriente y hace lo que sea para sacárselo de encima más allá de los esfuerzos que intente el Gobierno para evitarlo”.

Zelpo hace hincapié en ese “intento” para que el argentino no se saque al peso de encima “lo que provoca que nuestra moneda pierda un valor abismal respecto del dólar, que es lo que está sucediendo ahora, que contamos con una divida totalmente depreciada, que repercute en el dólar paralelo que trepa a una cifra irrisoria. ¿Por qué? Por la cantidad de emisión que hubo en toda la cuarentena. Esta brecha se agudizó fuertemente, muy fuertemente en la pandemia“.

El periodista económico Willy Kohan informó el jueves que el Banco Central está emitiendo 200 mil millones de pesos por mes, “lo que equivale a 100 mil pesos por segundo”.

El Banco Central está emitiendo 200 mil millones de pesos mensuales. Foto: Marcelo Carroll

Laura Medina López es periodista de una empresa norteamericana y cobra en dólares, lo que le permite vivir holgadamente en Buenos Aires y no sufrir la constante devaluación del peso y la disparada de las monedas extranjeras. “Yo alquilo un departamento de 60 metros en Palermo que en 2018 pagaba 700 dólares -que por entonces se cotizaba unos 20 pesos- y hoy estoy abonando por la misma propiedad menos de 200. La verdad es que está regalada”.

La hija de Laura va al Liceo Francés, cuota mensual que actualmente está “en alrededor de 200 dólares cuando el valor histórico de ese colegio fue de 500 dólares. Es decir que en casi todo pago mucho menos, salvo en tecnología, que por lo general es importada“, hace saber la periodista que dice contar con “una cueva de confianza a la que siempre voy y también, durante la cuarentena, me contacté con un grupo de Facebook que compra y vende y es muy recomendado”.

Cuenta Laura que acaba de comprar por Internet unas zapatillas Adidas “y en comparación con el mismo modelo pero en el sitio de Internet de Adidas de Francia -donde tiene familia, por eso se fijó allí-, acá cuestan un 30 por ciento más baratas haciendo la cuenta al dólar blue, cosa que es inusual porque Argentina siempre fue inexplicablemente cara en materia de indumentaria”.

De normalizarse el turismo, ¿podría convertirse la Argentina en un destino de compras como lo fueron Miami y Santiago para el argentino en algún momento? “No creo que vengan a nuestro país de compras, porque en los shoppings, con la restricción a la importación que hay, los extranjeros no van a encontrar nada que los deslumbre en materia de tecnología y de telefonía, y menos ropa, que sigue siendo cara y la calidad bajó muchísimo”, analiza Zelpo.

Sin embargo, el economista sí es optimista en que “la Argentina se convertirá en un lugar para cosas puntuales: venir a comer un bife de chorizo, tomar un buen vino, pasar un fin de semana en una estancia, o viajar a lugares como las Cataratas del Iguazú, Salta, Mendoza, la Patagonia o CABA… Creo que en este aspecto sí será un boom y se vendrá un malón de chilenos y brasileños, que aquí se sentirán millonarios”.

Zelpo va al grano: “excepto Venezuela, la Argentina tiene el salario mínimo más bajo de la región, que oscila los 100 dólares, cuando en los países vecinos no baja de los 500 dólares. Imaginate lo que va a suceder cuando se flexibilice el turismo: vendrán y harán lo que quieran. Por eso me parece muy importante que economías regionales como Bariloche, Mendoza, Iguazú o Salta tomen nota de esto para que resurjan aprovechando el turismo focalizado que vendrá“.

¿Es circunstancial o esta situación llegó para quedarse? “Es por un tiempo, esperemos, yo creo que se puede revertir, pero sostengo que como primera medida se tiene que cerrar la canilla de emisión para reducir el déficit fiscal. Si no se acciona, no hay credibilidad posible”, concluye Zelpo.

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