El misterio del helado Conogol: cuál fue el destino del primer cucurucho de kiosko

No es trending topic, pero… “Yo todavía me acuerdo cuándo me compraba un helado Conogol a $1.50 y era el más caro!!!!” Otro: “Alguien compraba el helado CONOGOL? era un cono de crema americana con baño de chocolate y me podía comer como 3 al día de los ricos que eran”. Más: “En Caseros, el Conogol era…

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No es trending topic, pero… “Yo todavía me acuerdo cuándo me compraba un helado Conogol a $1.50 y era el más caro!!!!” Otro: “Alguien compraba el helado CONOGOL? era un cono de crema americana con baño de chocolate y me podía comer como 3 al día de los ricos que eran”. Más: “En Caseros, el Conogol era un mito urbano.” 

¿Qué fue de su vida? Las redes están un toque melancólicas cuando se habla del tema. Nadie sabe qué pasó con él, y los que saben prefieren no informar. “Lamentablemente, no podemos ayudarte”, nos dicen allegados a la fábrica. Hemos recorrido no los 100, pero sí unos 12 barrios porteños. Se nos había antojado un Conogol y escapamos del home office con causa justificada. Específicamente, queríamos un Conogol de almendras. Misión imposible. Ahhh, ya habrán reparado en otro gran ausente old school: el Lollipop palmó sin que nos diéramos cuenta.

Mercurio, maestro heladero de la célebre Furchi, en Belgrano, inventor de gustos raros como manzana con apio y zapallo en almíbar, nos había advertido sobre el ocaso del cucurucho: “Engorda”, sentenció. Sí Mercurio, pero los vasitos de plástico contaminan el medio ambiente… “Pero si el barquillo le suma calorías al helado, querido, no hay ecología que alcance”.

Era un helado lujoso. ¿En pasado? Nunca nos alcanzaba para un Conogol de Frigor. A lo sumo llegábamos al Luxor Turrón. “A mí nunca me compraron uno porque éramos cuatro hermanos”, se queja el Toti, amigo internauta que también busca saber qué paso con el cono nominalmente futbolero de origen nacional. Algunos comerciantes nos dicen, durante la recorrida, que a esta altura el Conogol se convirtió en un “genérico”. Es decir, pedís Conogol y te dan Epa!. “El 90 por ciento no repara en la diferencia”. Triste la realidad.

Hoy pedís un Conogol y te dan un Epa!. No hay información oficial, pero el conocido cucurucho habría dejado de existir hace dos o tres años.

Nota al pie: Hacia fines de los ’80, Laponia lanzó el Epa, un cono acorde a tiempos hiperinflacionarios. Después pasó a ser un producto de Frigor y Frigor pasó a ser un producto de Nestlé que, a su vez, se asoció con una firma multinacional.

Caro, una chica que cambió cuatro veces de carrera y ahora tampoco está del todo segura de que le guste la que eligió, se pone mustia recordando: “¡Dios! ¿Se acuerdan del Conogol? Era fanática, lo seguía desde Cemento…

Llegar al Conogol era un incentivo de movilidad social. Significaba pasar del helado de agua a una categoría que hoy sería emocionalmente premium. ¿Se habrá ido extinguiendo como el oso panda? ¿Quedará el Conogol arraigado a la educación dulcera y sentimental de maravillas kiosqueras como del Tubby 3 y Tubby 4?

Millennial, ¿llegaste a conocerlo? ¿Supiste de su base de chocolate rematando, sólidamente, el último crocante del cucurucho? El Conogol llegaba a los kioscos a fines de agosto y el cartel de Frigor lo anunciaba clásico o con variantes tuneadas. Lo tenemos presente en el afiche con el siempre resucitado Patalín, para muchos el mejor helado de crema en palito que se haya inventado.

El Conogol era como el Big Mac. “Conogol Extreme a 4 pesos, me acuerdo yo”, nos refresca Lucas Ramírez, un platense hincha de Estudiantes y de Gimnasia. En 1992 el Conogol era un helado más caro que el de algunas heladerías: costaba $1,50.

Alguien nos dice que debemos hablar con Llorente & Cuenca, consultora de comunicación de Nestlé. Vamos hacia allá con energía balcánica y, al principio, empiezan prometiéndonos hasta la verdadera historia del Conogol. Pero algo sucederá en el camino.

25 de agosto de 2020. Clarín se comunica con la consultora.

-Hoy Frigor es un joint venture, un proyecto conjunto entre Nestlé y Froneri (Froneri: unidad de negocios global dedicada a helados y alimentos congelados).

-Ajá…

-El problema es que preguntamos y nos dijeron que prefieren no avanzar con el tema.

-¿Con el tema del Conogol?

-Nestlé tuvo que consultarle a Froneri y Froneri no quiere participar, así que lamentablemente no te voy a poder ayudar con la información.

-Pero…

-Disculpamos, en esta oportunidad no podemos brindar información.

-¿Cuándo se dejó de fabricar?

-Ni idea. No te puedo ayudar.

Solos no podemos, así que decidimos llamar a Nicolás Wiñazki, pero su teléfono daba todo el tiempo ocupado. Entonces la molestamos a Naná, que lleva una década larga escribiendo un blog que la posiciona como primera y única crítica de golosinas de la República Argentina. Ella cree que el Conogol existe, pero pide averiguar. Al cabo de dos días nos hace llegar un esquivo diálogo que mantuvo con una distribuidora de alimentos congelados llamada AMT.

-Hola, quisiera consultar sobre el helado Conogol –dice Naná-, ¿actualmente está en el mercado?

-Hola, ¿en qué localidad tenés tu negocio?

-En Capital -responde ella.

-No pertenecemos a esa zona.

-¿Pero sabés si el Conogol está actualmente en el mercado?

-No sabría decirte.

La del ascensor no fue la única publicidad de Patricia Sarán. Ya en 1985 nos regaló una participación hot con el helado Conogol en el papel protagónico. A juicio de muchos, este aviso fue “más jugado” que el de los rigurosos jeans Jordache.

El Conogol, mientras duró, no conoció los precios cuidados ni las ediciones limitadas. “No va más desde hace tres años”, dicen en un local de la calle Medrano. En el conocido kiosco de José, pandemónium glotón de da zona de Mataderos, sostenían que el Conogol era “la Ferrari” de los helados. “Demasiado para nosotros, que vendíamos segundas marcas –cuenta Fabio, hijo del legendario José-. De todos modos mi viejo tenía un talento especial para la sustitución y, a su manera, lograba vender decenas de conogoles cada verano”.

A dos cuadras de esta esquina de Balvanera, en la década del ’80, había una heladería Tucán. En esos años, Tucán trataba de neutralizar al Conogol buscando mejorar el precio de venta: la primera heladería low cost de Argentina rivalizaba con Frigor, sin dudas la estrella congelada de los kioscos.

25-8-08, Tigre, lugar de la elaboración de los helados Frigor. En la línea de montaje se advierten los inequívocos cucuruchos Conogol. Ahora, una imagen casi vintage. Foto de Silvana Boemo.

“Dejo de existir hace menos de dos años”, planta bandera Stella Cabral, dueña de un polirrubro de la calle Arévalo. Afuera, con pito y cadena, el refrigerador enorme y azul anuncia al suplente: parece ser la temporada del Epa! con corazón de dulce de leche. En la pesquisa llegamos a un cartel de 2019 donde Frigor no tiene conogoles, pero promociona, sin empacho, otros cucuruchos: cucurucho Epa!, cucurucho Luxor, ¡cucurucho Oreo!… ¿Será un problema con el cucurucho top del siglo pasado?

Observamos las novedades con detenimiento y anotamos: el único sobreviviente de la vieja guardia es el Torpedo (frutilla o limón). El Epa! cuesta 160 pesos, mientras que el resistente Torpedo se vende a populares $70. “El Lollipop, aquel de dos palitos, cambió por el Popsy”, nos enseña Stella. “Te digo una cosa: el Conogol, por su precio, era el que menos se vendía. Igual nosotros tuvimos un cliente exclusivamente de Conogol. Nos dimos cuenta porque cuando le quisimos dar un Epa! se enojó bastante y no apareció más”.

Una década atrás, un ranking de “los diez mejores helados para comprar en el kiosco” ubicaba al Conogol Chocolate Full en el podio. La especialista decía: “Decoración de galletitas estilo tramontana y crema consistente y espesa en copos de chocolate que se funden con la cobertura. A medida que se avanza hacia el cucurucho -por demás correcto, dulce y sabroso- se intercala una salsa, que se mantiene líquida a pesar del frío”.

Así las cosas, técnicamente, el Conogol se dejó de fabricar. ¿Por qué? ¿Cuáles fueron las razones? Eso es un misterio. Las últimas imágenes industriales del querido helado fueron retratadas por este diario el 25 de agosto de 2008. El documento se inmortalizó en Tigre, uno de los 135 partidos que componen la provincia de Buenos Aires. Fue allí donde la fotógrafa Silvana Boemo pudo captar los indudables cucuruchos Conogol ordenados, uno al lado del otro, en la cadena de montaje de la planta que Nestlé tiene en Zona Norte.

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E.S.

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