Veinte años de Okupas: la serie que supo llevar la realidad de la calle a la TV

Rodrigo de la Serna arriesga con la palabra “mística”. Ariel Staltari habla de “fuego sagrado” y “aires de gloria”. Franco Tirri apela al término “magia”. Diego Alonso señala “cierta poética”. Y Bruno Stagnaro, a quien todos ellos ponen arriba en la escala de méritos, recuerda una “atmósfera de lanzarse al vacío sin red sostenida por…

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Rodrigo de la Serna arriesga con la palabra “mística”. Ariel Staltari habla de “fuego sagrado” y “aires de gloria”. Franco Tirri apela al término “magia”. Diego Alonso señala “cierta poética”. Y Bruno Stagnaro, a quien todos ellos ponen arriba en la escala de méritos, recuerda una “atmósfera de lanzarse al vacío sin red sostenida por una épica grupal“.

Actores y director buscan las palabras adecuadas para intentar describir lo vivido en el proceso creativo de una verdadera obra de arte como lo es Okupas, serie que tuvo su estreno el 18 de octubre del 2000 y ahora celebra 20 años.

Es entendible, no es fácil resumir en una frase lo que significó la aventura de jugarse por una apuesta diferente a lo conocido por la televisión argentina, de asumir una responsabilidad nunca antes vivida, de controlar el miedo a fallar y la presión, de seguir una corazonada pese a la existencia de un plan sin certezas, de tener que improvisar sobre la marcha, de exponer el cuerpo -y la cabeza- al máximo para, por ejemplo, grabar por 24 horas, después ir a la sala de edición y a escribir el guión para luego tener que regresar al rodaje…

A lo largo de once capítulos, Okupas contó la historia del profundo vínculo de amistad que formaron Ricardo (De la Serna), Walter (Staltari), El Pollo (Alonso) y El Chiqui (Tirri). Y lo hizo rompiendo los cánones de representación existentes.

Propuso una nueva estética, mucho más realista y alejada de la artificialidad que brindaban los estudios de grabación utilizados por las producciones de la época. Lo consiguió yendo a grabar a la calle, a veces con cámara en mano y sin ningún tipo de permiso, mostrando a Buenos Aires de una forma diferente, pero sumamente reconocible. Dándole visibilidad a nuevas caras, a otra forma de hablar, a un problema social y a una generación que estaba buscando su rumbo. Y, sobre todo, dejando un sello de marca autoral.

Por esto Okupas se convirtió en una serie de culto que hoy sigue estando presente y generando impacto, con un grupo de fieles fanáticos que la recuerda e incluso la trajo a esta época convirtiendo a sus personajes y a sus frases más recordadas en gifs y memes que deambulan por las redes sociales, donde constantemente se reclama que se le haga justicia pudiéndola ver en una calidad digna, muy superior a lo que se puede encontrar en YouTube.

Pedido que, para este cumpleaños de dos décadas, bien podría estar cerca de concretarse, ya que se están llevando adelante negociaciones con Netflix para resolver finalmente el asunto de los derechos de los temas que integran su excelente banda de sonido, conflicto que traba su exhibición.

Veinte años atrás

El miércoles 18 de octubre del 2000, a las 23, Okupas debutó en la pantalla de Canal 7 (hoy TV Pública) con un rating de 3,5 puntos. “Una propuesta interesantísima y original”, decía Clarín un día después. Ése sería el primero de tantos elogios que acumuló la ficción de parte del público y la crítica.

Pero para conocer el germen de esta historia hay que ir tiempo atrás, cuando un joven cinéfilo como era Stagnaro se sorprendía viendo American Graffiti (1973), filme de George Lucas.

“Fue como una gran influencia por el punto de vista de estos personajes, que son grandes amigos y se lanzan a una noche de aventuras. Todo lo que es el viaje a Quilmes de Okupas está bastante inspirado en American Graffiti“, reconoce Stagnaro, que también destaca las películas Los inútiles (1953), de Federico Fellini, y Cuenta conmigo (1986), de Rob Reiner, como algunas de sus referencias.

Otra parte que inspiró la idea original se puede encontrar en su peregrinaje adolescente por el centro porteño, donde cursó la secundaría y donde vivía su novia de entonces. “Me llamaba mucho la atención el contraste que se generaba entre la actividad diurna y la atmósfera que se generaba de noche. Eso impregnó mucho en mí y fue un gran antecedente tanto para Pizza... como después para Okupas“, dice el codirector junto a Adrián Caetano de Pizza, birra, faso (1998), una de las películas fundacionales del Nuevo Cine Argentino.

Bruno Stagnaro, en pleno rodaje de “Okupas”. Foto Archivo Clarín.

Cuenta Stagnaro que en el momento de mayor preocupación por la falta de dinero para editar su opera prima envió cartas a distintas productoras buscando una coproducción. Entre otras, recurrió a Ideas del Sur, de Marcelo Tinelli. Existió un contacto con Claudio Villaruel, entonces socio del conductor en la productora, pero no pasó a mayores.

Un año despúes llegó el llamado de Tinelli y allí fue Stagnaro con una breve descripción de su idea de cuatro amigos que conviven en una casa tomada. “Bruno se sorprendió de que yo lo llamara. No lo noté muy entusiasmado en la primera charla. Lo noté frío. ‘Bueno, dejámelo ver, lo voy a analizar’. No es que se tiró de palomita. Yo pensé que con la situación en la que estaba el país le iba a interesar más. Pero después re contra le interesó y se puso la camiseta e hizo un laburo impresionante, una joyita de arte”, rememora Tinelli sobre su primera ficción como productor.

Sobre ese recuerdo, Stagnaro, que en ese entonces tenía 27 años, analiza: “Puede haber sido algo de juventud. No es que era una pose que adoptaba frente a él, sino que era tímido. Me sentía más cómodo en el proceso de hacer el programa que en las reuniones previas”.

“Con Okupas cambiamos la televisión, no tengo ninguna duda. Hicimos algo diferente. Salimos del estudio y del decorado para pasar a una escenografía áspera de calle. Fuimos unos adelantados”.

Marcelo Tinelli

Productor

¿Por qué Canal 7? Tinelli responde: “Sentíamos que era un producto más de nicho. Los canales más grandes no lo iban a tomar. Canal 7 no estaba tan pendiente del rating. Era una apuesta”.

Ahí arrancó el proyecto que se caracterizó por la libertad creativa que Ideas del Sur les brindó a sus realizadores, que en su mayoría no superaban los 30 años. 

“A mí me gusta -dice Tinelli- trabajar con gente joven. Hay que dar oportunidades. En este tipo de ficciones o manifestaciones artísticas no creo que la experiencia te dé sabiduría, al contrario, te juega en contra. Había que poner al frente gente que nos mostrara algo que nosotros no habíamos visto. Acá íbamos con una hoja en blanco sin certezas. Para eso qué mejor que jóvenes que te puede dibujar la hoja de una manera diferente”.

Rodrigo de la Serna (protagonista), Marcelo Tinelli y Bruno Stagnaro, protagonista, productor y director de “Okupas”. Foto Archivo Clarín.

El casting

De la Serna era número puesto. Stagnaro pensó en él luego de ver su potencial en la comedia Naranja y media (Telefe, 1997). Él era el indicado para protagonizar y personificar la transformación de Ricardo, de joven de clase media hacia los márgenes de la sociedad.

“Leí el guión de los primeros tres capítulos y era literatura pura. Quedé cautivado. Ahí dije ‘hay que hacerlo'”, dice Rodrigo -hoy convertido en uno de los más destacados actores del país- sobre el papel que le permitió dar el gran salto en su carrera.

Rodrigo de la Serna, protagonista de “Okupas”, en la fachada de la casa okupa, ubicada en Congreso. Foto Archivo Clarín.

El personaje de El Chiqui también fue escrito pensado en quien lo interpretaría. Franco Tirri no tenía experiencia actoral, pero Stagnaro lo conocía por la relación de amistad que mantenía con su hermano, Matías Stagnaro, quien se desempeñó como asistente de dirección en Okupas.

“Cuando me llamó Bruno me dijo que le gustaba cómo yo transmitía ternura. Y que tendría que cumplir la función de unificar al grupo. Y, bueno, también la cosa medio bondadosa que tengo”, recuerda Franco, que en ese entonces trabajaba realizando los videos institucionales de la Feria de Mataderos.

Ariel Staltari, hijo y nieto de churreros, pasó todo el año previo a Okupas internado, luchando contra la leucemia. “Fue durísimo… Pero, apenas zafé, dije ‘No me postergo más’. Y me puse a estudiar teatro con Lito Cruz. Eso fue en febrero del 2000 y en agosto estaba firmando contrato como uno de los cuatro protagonistas de Okupas.

Rodrigo de la Serna, Diego Alonso, Franco Tirri y Ariel Staltari, protagonistas de “Okupas”. Foto gentileza Jorge Luengo.

Bruno estaba viendo los VHS con los casting para el personaje de Walter, el paseador de perros rolinga que “se cree más poronga” de lo que en realidad es y quien aporta los mayores pasajes de humor. Visualizaba treinta segundos y decía “siguiente”. Ésa era la rutina hasta que apareció Ariel en pantalla. “Lo vi y dije ‘Es éste’. Inmediatamente sentí que había algo en él”, comenta el director.

Cuando Matías Stagnaro lo llamó para decirle que el papel era suyo, Ariel pegó un grito que preocupó a sus padres, que lo relacionaron con su enfermedad. “Yo aún estaba entre algodones. Pero me tiré al piso, grité… estaba feliz. No entendía nada”, recuerda el actor.

De la Serna fue el primero que lo bajó a la realidad. “Una de las primeras veces que nos vimos -cuenta Ariel-, Rodrigo me dice ‘Aprovechá esta oportunidad porque cosas como éstas no siempre se dan en la vida. Andá a saber cuándo te vuelve a tocar un proyecto así’. Yo lo miraba y pensaba ‘¿Qué me está diciendo este flaco?’. Los libros me parecían excelentes, pero la verdad que no tenía experiencia para comparar”.

“Yo por primera vez sentía que había algo artístico real en la propuesta. Podía estar participando y colaborando con una obra de arte”.

Rodrigo de la Serna

Actor

Diego Alonso estudiaba guión en la escuela de Eliseo Subiela, aprovechando el tiempo libre que le dejaban en invierno sus heladerías. Juan Bautista Stagnaro, padre de Bruno, era uno de sus profesores y fue quien lo incentivó a que fuera al casting. Al llegar al teatro de Palermo donde se hacían las pruebas, Diego notó cierta falta de organización, vio su oportunidad de ingresar en el mundo audiovisual y se ofreció como planillero.

Así pasaron días hasta que llegó Bruno. “Me dijo ‘¿Qué estás haciendo? Mi viejo no te mandó para esto… tenés que hacer la prueba de cámara’“. En la prueba tuvo que hacer la escena en la que Ricardo y Walter le insisten a El Pollo -su rol- de ir a comprar droga, mientras él esta haciendo un arreglo en la casa.

Gustó, pero había otra opción. Jorge Sesán, el protagonista de Pizza, birra, faso, era quien Ideas del Sur quería para interpretar a El Pollo, que en la historia funciona como el mentor de Ricardo en este viaje por nuevas experiencias.

Diego Alonso, El Pollo en “Okupas”. Por su trabajo se llevó el Martín Fierro Revelación. Foto Archivo Clarín.

Fue una puja que llevó tiempo y se decidió días antes de iniciar el rodaje, cuando Diego ya estaba viendo la posibilidad de quedarse con algún trabajo detrás de cámara. Con mucho ensayo logró emparejar la diferencia en actuación que le llevaba Sesán, consiguió imponerse a través de la mirada, limitar sus movimientos y andar con las manos en los bolsillos de forma natural, motivos por los que Stagnaro se decidió por él.

Sesán, por su parte, a quien también le jugó en contra tener una apariencia similar a la de De la Serna, se quedó con el papel de Miguel, personaje clave que hace su aparición en el capítulo 7 de la serie.

El baile rolinga de Walter

Ariel le tenía pánico a los perros y le llevó tiempo familiarizarse con ellos para las escenas. Pero sí tenía información y algo para aportar en la otra gran característica de su personaje, como era el fanatismo de Walter por los Rolling Stones. Y se convirtió  en el primer rolinga que tuvo la televisión argentina.

Staltari tenía una banda, Perros de la Noche, donde era baterista. Llegaron a tocar en Cemento y grabaron un disco. El líder del grupo era su amigo Ricky, fana de los Stones, quien le explicó todo de la banda y a quien acompañaba desde Ciudadela a boliches de la Ciudad de Buenos Aires. “Ahí los veía a todos aleteando. No entendía qué era eso. Y era el baile rolinga, era el baile de Jagger. Entonces, él bailaba y yo lo cargaba”, ríe Ariel.

Nada de eso mostró en la etapa de casting, pero en un descanso de la grabación en la costa de Quilmes se empieza a escuchar música de los Stones que venía desde los bares del lugar. Entonces, en broma, empieza a bailar. “Rodrigo se empieza a cagar de risa. Me dice ‘boludo, eso lo tenés que hacer’. ‘No, boludo, si es como una ofensa. Estoy cargando a un rolinga, cómo voy a bailar así’. ‘Boludo, vos tenés que hacer eso. Hacelo’“.

“Yo lo veía jugar y le decía ‘Loco, todas estas cosas metelas’. Porque el programa pedía y vivía de esas cosas. Esa escena del bailecito en el Docke es tremenda. Es genial. Ariel le pone una complicidad y un humor… es un genio ese muchacho, un actorazo“, dice De la Serna, acumulando elogios para su compañero.

La escena que nombra es la famosa de “¿Quién es el más poronga de este conventillo de mierda?”, frase repetida una y otra vez por toda una generación. Ariel rememora el detrás de escena: “Yo estaba diciendo la frase marcada por guión y Bruno me grita desde atrás ‘¡Bailá, bailá!’ .Lo hago. Y, cuando dicen ‘Corte’ , los técnicos no podían parar de reírse, fue una explosión. Yo no entendía bien lo que pasaba. De verdad que no lo entendía. Y hoy, con el paso del tiempo, 20 años después, me doy cuenta de que esa escena es como un sello imborrable de la serie”.

La escena y el “mascapito”

​Son diez minutos de máxima tensión. Ricardo, mientras suena Almendra, viaja en colectivo cruzando el puente de Avellaneda rumbo a Dock Sud con la intención de ir a buscar a El Pollo al departamento donde paraba. Lo que no sabe es que Walter (después del bailecito) sacó un arma en frente de El Negro Pablo, el gran villano de la serie, y todo terminó mal. Al llegar salta a la vista que Ricardo no pertenece a ese lugar. “¿Sos amigo de El Pollo? Vení, pasá, esperalo. Está todo tranqui. Pasá monstruo. El Pollo está al caer”, le dice El Negro Pablo.

“La escena tenía que ser que el personaje de Ricardo viva una pesadilla y que, de alguna manera, el coqueteo que venía haciendo con la marginalidad mostrara un rostro menos amigable para él y para el espectador”, explica Stagnaro. Y sigue sobre el objetivo buscado: “Tenía que ser un momento como que la realidad parece quebrarse y estás enfrentando algo que básicamente es el terror total”.

Pasa el tiempo y El Pollo no llega. De la Serna aporta todo su talento para transmitir esa sensación de encierro. Se frota las manos, tira algún chiste, simula estar tranquilo mientras ve cómo se le van cerrando todos los caminos. Hasta que el Negro Pablo lanza: “Ahora vas a abrir el libro en la página siete” y llega el intento de violación. El actor Dante Mastropierro​ se luce y tira todo su repertorio de latiguillos en la escena: “Mascapito”, “paparulo”, “las llantas”, “poner el pecho”…

El casting de Dante, quien llegó por recomendación del jefe de producción Claudio Sambi, fue con esta escena. La consigna era que tenía que “boludear a un pibito de clase media” y cuenta la leyenda que el actor que le hacía de partenaire terminó llorando del miedo que sintió.

Stagnaro le baja un tono a la anécdota, pero sí recuerda que la tensión impactó a todos. Y destaca la importancia de ese actor -aún desconocido- que ocupó el lugar de Rodrigo en el casting: “Lamento no haberle dado algún papel después. Porque hizo un gran trabajo y muchas de las réplicas que él tiró también quedaron”.

“Okupas”, 20 años. Sebastián Roses (director de arte), Rodrigo de la Serna y Bruno Stagnaro. Foto Clarín Archivo.

“Lo que nunca me imaginé fue la aparición de Dante, que le pusiera verbalidad a esa situación. Porque por más que yo quisiera plasmarlo y tuviera una vivencia que pudiera ser análoga, creo que ni en pedo hubiera llegado a ese lugar si no hubiera sido a través de toda la verbalidad que aportó Dante”, confiesa el realizador sobre el actor. De hecho, la frase “¿Vos sos el mascapito?” se ganó el título del capítulo 5, el de la venganza de Ricardo.

“El resultado fue extraordinario. ¡Cómo narra esa situación Bruno! Es de una maestría, un muchacho que en ese momento tenía 27 años, cómo alguien de esa edad puede contar algo de esa manera, tan bien… El entorno, la crudeza del barrio, la verdad con la que los actores que estaban del otro lado también la hacían. Eso me ayudó muchísimo a entrar en la situación”, sostiene De la Serna, que compartió la escena con Dante y José Mastropierro, Sergio Podeley y Carmen Renard.

“Si ves la escena te falta el aire. Decís ‘Dios, qué está pasando’. Necesitas si o si abrir la ventana, tomar un vaso de agua y respirar. Si logramos eso me parece una maravilla”.

El plan de rodaje decía que debía resolverse en un día, pero después de muchas horas aún faltaban varias tomas. Bruno pidió un corte y se tiró al piso del departamento a pensar qué hacer. El resultado no lo estaba conformando y no quería terminarla de apuros. “De seguir no íbamos a llegar nunca a algo que explote totalmente las posiblidades que teníamos por delante, no íbamos a tener la frialdad para construir el clima necesario. Entonces, aprovechando un poco esta impunidad que teníamos en el proceso, tomamos la decisión de cortar y sumar otra jornada. Y de hecho fue así”, sostiene Bruno.

“No se equivocó con esa decisión porque es de las cosas mejores filmadas que vi en mi vida, de la tele, del cine. Como narró Bruno la situación es una cosa de locos”, resume Rodrigo, orgulloso del trabajo realizado.

Rodaje​ épico

​La primera jornada de grabación de Okupas duró ocho horas, la última, 24. El rodaje se inició el 23 de septiembre con la escena del desalojo de la casa que abre la serie y, menos de un mes después el programa empezó a salir al aire. El control que se puede tener filmando entre cuatro paredes no existía y toda esa tranquilidad inicial cambió abruptamente. “Nos come el aire”, era la frase más repetida.

20 años de Okupas serie dirigida por Bruno Stagnaro y protagonizada por Rodrigo de la Serna

Diego Alonso cuenta que el primer día fue a grabar con su mejor ropa, pero al llegar a Dock Sud se dio cuenta de que todo ese glamour que vendía la televisión no iba a suceder en este caso. Al tiempo ya estaban todos aprovechando cada minuto de descanso para dormir, comiendo pizza sentados en el piso, atentos al teléfono durante la noche porque podía llegar la convocatoria para grabar en plena madrugada…

Staltari resume: “Muchas veces grabamos en condiciones muy adversas y en escenarios muy complicados. Sin embargo, ninguno se borró, todos fuimos para adelante. En aquel momento todos tuvimos aires de gloria”.

Por su parte, De la Serna se sincera: “Éramos muy jóvenes y lo podíamos hacer. Hoy no se lo recomiendo a nadie. Un rodaje de 24 horas es algo que es muy duro, pero estaba la épica de estar todos convencidos y a gusto trabajando. Eso también es algo que no sucedería jamás. Hoy, si en una producción estoy más de 12 horas, me voy a la mierda”.

Bruno Stagnaro y Rodrigo de la Serna en un jornada de grabación de “Okupas”. Foto Archivo Clarín.

Las escenas del interior de la casa ocupada se grababan en San Fernando y allí, más o menos, reinaba la planificación. Pero después, en la calle, a veces recurrían a la improvisación y a la cámara oculta para lograr ese registro documental que tiene la serie, como lo fue en la escena del tren rumbo a Quilmes, del Chiqui pidiendo monedas entre los autos o de la caminata de Ricardo con Sofía (Rosina Soto) por el Congreso, con una marcha de jubilados detrás.

Las hacíamos tratando de no darnos a conocer. Igual tampoco había que hacer mucho esfuerzo, porque éramos dos cámaras y tres actores. Era la nada. Me parece que eso le dio un color especial”, analiza Bruno, quien más sintió ese desgaste y exigencia contrarreloj.

El que estaba detrás del teléfono apurándolo era Tinelli: “Bruno es muy talentoso, pero su gran tema, el que más discutíamos, era ‘Por favor, los tiempos de la tele’. Muchas veces estábamos a tres horas del aire e íbamos a buscar el material para cambiar alguna escena“.

“Después los productores de televisión se dieron cuenta que la realidad que retrataba Okupas vendía. Pero no sé si hubiera vendido si la serie no contaba con una historia tan sólida. La intención era reflejar una realidad que estaba emergiendo en la sociedad”.

“Nos iba ganando el proceso de filmación, nos quedábamos sin libros y entré en una vorágine en la que básicamente era escribir, filmar, editar y volver a escribir. El descanso no entraba dentro de la ecuación. Se empezó a tornar en algo medio espeso”, dice Bruno y suelta una confesión para ejemplificar esos momentos: “Me acuerdo de estar yendo de San Fernando a la isla de edición, que estaba en Palermo, a las 3 de la mañana por la autopista vacía, a 130 km/h y diciendo ‘Yo no sé si no me mato acá’. Entre el agotamiento físico, el sueño, el estrés… ‘Estoy apostando y ojalá me salga bien. Pero me puedo salir como el orto’. Estábamos todo el tiempo muy al límite. Y no sólo de la entrega del casete, sino con la vida. Y la verdad es que, si me preguntás hoy, definitivamente no justificaba llegar a ese límite porque obviamente nada lo justifica. Sin embargo, había un grado de inconsciencia, de adrenalina que te empujaba hacia eso. Era entregarlo todo por el proceso”.

-¿No había lugar para delegar, para resignar parte del control de la obra?

-Stagnaro: Supongo que podría haber resignado, pero no quise, porque eran cosas estructurales… guión, edición, rodaje. Por supuesto, eso después fue tremendo, no fue gratuito. Me sentí físicamente mal durante muchísimo tiempo y el cuerpo me cobró esa dinámica. Pero en alguna medida siento que eso se ve en Okupas. Siento que tiene esta atmósfera de algo que se va haciendo sobre la marcha y que respira mucho de una construcción grupal.

SL

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