¿Matarse es matar un poco a los que están cerca?

Las tensiones se incuban a fuego lento, pero cuando estallan dejan huellas explosivas. Eso pasa en muchas familias: lazos dolorosos (y complicados) se esconden, se disfrazan, se evaden, se silencian. Hasta que es tarde. Muchas veces ese “es tarde” no implica tragedia pero sí un distanciamiento ante el otro -soledad aumentada- y un doble enojo.…

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Las tensiones se incuban a fuego lento, pero cuando estallan dejan huellas explosivas. Eso pasa en muchas familias: lazos dolorosos (y complicados) se esconden, se disfrazan, se evaden, se silencian. Hasta que es tarde. Muchas veces ese “es tarde” no implica tragedia pero sí un distanciamiento ante el otro -soledad aumentada- y un doble enojo. Con uno, por no haberle encontrado el camino para desanudar, con ellos por no dialogar o abrirse o reconocer.

Hasta hace unos años, del suicidio no se hablaba. Incluso en los medios de comunicación temíamos hacerlo: se decía que producía “contagio” y ante el pavor de producir algo que se quiere evitar, nos callábamos. Ahora la OMS sostiene que sacarlo a luz de manera responsable puede ayudar a prevenirlo, a quitarle las capas de silencio que llevan a alguien afectado a coserse la boca.

Por eso vale el testimonio de hoy. Y hablar de esas ideas que envuelven a los supervivientes: el “si hubiera” hecho algo distinto, el cargo de culpa, el no haberse dado cuenta, el haber estado enojado (con razón muchas veces). A menudo es inevitable pero hay que poner límites. Sacando casos excepcionales, no somos responsables por el otro, ya nos cuesta bastante serlo con nosotros mismos. Y tampoco podemos creernos adivinos del futuro: Mayra tenía sus razones para la distancia.

¿Culpar a la persona que se mató? No lo sé… sí me queda claro que se trata de personas muy confundidas que necesitan una muerte que deje huella. Decir con su ausencia que ellos no pudieron pero quienes lo rodeaban tampoco. ¿Matarse es matar un poco a los que están cerca? Creo que en algunos casos, sí.

Y no podemos olvidar que, al menos en Occidente, la persona que se suicida está atravesada por algún tipo de deformación de la realidad que le impide ver luz. No se le puede pedir, desgraciadamente, claridad ni razones. Esa vida debe haber sido un gran conjunto de angustias, y en ese contexto hay que entender la decisión.

No sé si existen respuestas ni recetas. Pero sí me animo a plantear -como al inicio- que se debe evitar la burbuja, el encerrarse. Si tenemos diálogos pendientes, invitemos a tomar ese café. Algo tan inofensivo, con el tiempo, puede resultar salvador.

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