“Los hermanos sean unidos”: la historia detrás del abrazo que se hizo viral

Después del dolor colectivo de los casos de Solange Musse, Abigail Jiménez y Mauro Ledesma, víctimas de la “opresión estatal” por la pandemia, llegó el posteo de Ariel Giardina (46). Fue un mensaje simple y amoroso: “Sin palabras, después de 9 meses, dos hermanos se reencuentran. Los sentimientos siguen intactos y el amor nos demuestra que…

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Después del dolor colectivo de los casos de Solange Musse, Abigail Jiménez y Mauro Ledesma, víctimas de la “opresión estatal” por la pandemia, llegó el posteo de Ariel Giardina (46). Fue un mensaje simple y amoroso: “Sin palabras, después de 9 meses, dos hermanos se reencuentran. Los sentimientos siguen intactos y el amor nos demuestra que no hay cuarentena que lo supere”, escribió el papá de dos chicos que se fundieron en un abrazo.

En el trayecto de los 160 kilómetros que condujo desde San Juan a Mendoza, Ariel imaginaba la cara de felicidad de Juan Cruz (12) al verlo llegar con su hermano Vicente (4). Ariel vive en el municipio sanjuanino de Rivadavia con su esposa Cecilia y dos hijos pequeños, Vicente y Rafa (2). En Mendoza, su provincia natal, reside su primer hijo Juan Cruz, de su anterior matrimonio. Cada 15 días, Ariel viajaba a buscar y traer a Juan Cruz a San Juan. Otras veces, iban juntos a visitar a la familia que tienen en San Rafael, en el sur de Mendoza.

Abrazo de hermanos.

Pero el 18 de marzo fue la última vez que pudo visitarlo: “No sé cuándo podremos volver a vernos. Nos vamos a tener que despedir por un tiempo, esto está complicado”, recuerda que le dijo a su hijo cuando se avecinaba el aislamiento obligatorio por Covid-19. La espera fue angustiante para ambos. Recién el 7 de noviembre volvieron a encontrarse. Y, unas horas después, a las 11.42 del 8 de noviembre, momento exacto del posteo, el reencuentro se volvió viral.

Decidí publicar este video … sin palabras”, escribió en Facebook Ariel y obtuvo más miles de “Me gusta” y la réplica de su filmación casera apareció en los principales portales del país. Confiesa que jamás pensó que tanta gente iba a sentirse movilizada. “Gracias a la vida por hacerme tan feliz!!! (sic)”, cerró su comentario junto a la imagen del pequeño Vicente golpeando la puerta de la casa de su otro hijo, en un barrio privado de la capital mendocina.

Cuando Juan Cruz se asoma y ve al pequeño que no le llega a la cintura, se pone en cuclillas para envolverlo en sus brazos. Lo acaricia, se quita los lentes y no para de llorar sobre el hombro del pequeño. El abrazo es emoción pura.

Aún más impactante es escuchar el suspiro y llanto contenido del papá que detrás de un árbol filma la escena. Por la mente de Ariel pasaron los eternos días sin poder tenerlo cerca, las video llamadas para sentirse cerca de su hijo, los festejos de cumple virtuales, los retos porque no le prestaba atención, las consultas del colegio, y tantos momentos vividos a través de una pantalla. Por fin, había terminado la pesadilla que impuso la pandemia.

Quién podía pensar que viviendo tan cerca no íbamos a poder vernos”, dice Ariel. Y a la vez, siente que fue un privilegiado porque su hijo estaba cuidado, bien de salud, y no tuvo que mendigar un permiso como les ocurrió a los papás de Solange y Abigail; o encontrar el tremendo final de Mauro, ahogado en Formosa cuando cruzó el río para intentar encontrarse con su hija de tres años.

Ariel cuenta que es un simple laburante que la pelea cada día. Su trabajo, primero como empleado bancario y luego, administrador de empresas; lo llevó desde San Rafael a la ciudad de Mendoza cuando tenía 26 años. Y hace 10 años tuvo que volver a mudarse por trabajo a la capital sanjuanina. “Me separé cuando Juan Cruz tenía dos años, nuestra relación padre-hijo siguió siendo muy unida”, afirma. Y describe en su hijo mayor características de su personalidad: “Es un tipo sensible, igual que yo”.

Dice el papá que uno de los momentos inolvidables y que quizás expliquen la reacción de Juan Cruz al ser sorprendido por su hermano, fue cuando le contó a su hijo que iba a tener un hermano: “Se puso feliz, deseaba este hermano”, recuerda.

Desde que nació Vicente, los hermanos pasaban fines de semana juntos y compartían –más allá de la diferencia de 8 años- la pasión por los videojuegos y las películas de superhéroes.

Vicente, Juan Cruz y Rafa, antes de que cerraran las fronteras entre Mendoza y San Juan.

La magia de estos encuentros se rompió por las estrictas medidas en los límites provinciales. Hasta octubre, San Juan y Mendoza impusieron cuarentena obligatoria de 14 días a todos los que quisieran ingresar a sus provincias. Y en el caso de San Juan, sigue vigente la obligación de ingresar con hisopado negativo, aunque ya no hace falta el aislamiento. “Era imposible seguir trabajando si tenía que recluirme en un hotel 14 días en Mendoza y a la vuelta, otros 14 días en San Juan. Además que tenía que pagar cerca de 50 mil pesos por las estadías”, calcula Ariel.

Cuando por fin Mendoza eliminó la cuarentena a los viajeros, el papá viajó y pudo abrazar a su hijo. Antes le avisó a la mamá de Juan Cruz que le preparara un bolso porque iba a buscarlo para llevarlo a visitar a la abuela Mari y los tíos en San Rafael. “Que sea una sorpresa”, pidió.

No estaba planeado lo del video, pero mientras esperaba para ingresar al barrio ( que tiene estrictas medidas de seguridad) se me ocurrió decirle a Vicente, que vaya primero a sorprender a su hermano”. Así fue como apurado y con el pulso tiritando, sacó el teléfono y alcanzó a filmar el abrazo cargado de emoción y que muestra que los chicos, grandes olvidados durante la pandemia, han sufrido demasiado el encierro y el aislamiento social.

Papá Ariel y Juan Cruz. Filmó el video del reencuentro de sus hijos y lo subió a su Facebook.

Lo vuelvo a ver y se me hace un nudo en la garganta”, confiesa Ariel sobre el video. Decidió publicarlo en su Facebook para compartirlo con la familia y amigos. Recién tomó conciencia de lo que provocaba cuando comenzó a compartirse y una amiga periodista le habló del “valor simbólico” de dos hermanos que lograban reunirse en la adversidad.

Entonces leyó cada respuesta a su posteo, incluso algunas negativas que calificaban de intrascendente al video. Y pensó en tantos argentinos que estuvieron separados por la pandemia. Que hubo familias separadas por solo 10 kilómetros de distancia entre límites provinciales . Y sonrió. Al fin y al cabo sus hijos, con la pureza que transmiten los chicos, demostraron que el amor le ganó a la distancia.

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