Un viaje al Cosquín Rock que se convirtió en una pesadilla

El domingo 9 de febrero de 2020, caminaba junto con dos amigas hacia el predio de Santa María de Punilla. Iban comiendo un sándwich de milanesa cuando los interceptaron varias personas, a pocos metros del lugar donde cada año se vive la fiesta del rock.Pablo había ido muchas veces al Cosquín Rock. Algunas viajó a…

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El domingo 9 de febrero de 2020, caminaba junto con dos amigas hacia el predio de Santa María de Punilla. Iban comiendo un sándwich de milanesa cuando los interceptaron varias personas, a pocos metros del lugar donde cada año se vive la fiesta del rock.

Pablo había ido muchas veces al Cosquín Rock. Algunas viajó a cubrirlo como periodista especializado en este estilo de música. Pero esta vez iba sólo a disfrutar. No pensaba en esa caminata que se le venían días de terror.

“Me interceptó un hombre sin identificación. Me dijo que era policía. Enseguida cayeron varios más, algunos uniformados. Me preguntaron qué estaba haciendo. Me interrogaron y me revisaron”, recuerda Pablo.

En el bolsillo, llevaba dos cigarrillos de marihuana. Al detectarlo, la Policía detuvo a Pablo y, tras registrarle los datos, dejó ir a sus dos amigas. Tres horas estuvo el periodista al lado de un móvil policial esperando que lo liberaran. Pero no, le pusieron las esposas.

“Después me subieron a una camioneta. Me tuvieron seis horas esposado. No me dejaron ni siquiera orinar. Reclamé que me dejaran orinar. Se me acercaron los policías y me pegaron en el estómago. ‘Ahora resulta que el hijo de puta porteño quiere mear’, dijo un policía”, recuerda Pablo.

Tras seis horas, el periodista fue llevado a la Alcaidía de Carlos Paz. Lo metieron en una celda junto con otras tres personas, acusadas de estar robando en las inmediaciones del Cosquín Rock con la modalidad “punga”.

Al llegar a la Alcaidía, al detenido le sacaron todas sus pertenencias. Entre ellas había un teléfono Iphone 8 que había comprado dos meses atrás por 850 dólares y una billetera con cinco mil pesos y 50 reales. Le sacaron hasta los cordones de las zapatillas.

“Dos veces en siete días me dieron de comer una tarta que estaba en mal estado. Mi viejo de 70 años y mi tío de 75 viajaron el martes. Me llevaron de comer. Estuve cinco días sin bañarme por miedo. No quería ir al baño por miedo. Me insultaban y me silbaban por ser porteño”, recuerda.

El miércoles 12, Pablo fue trasladado a la Fiscalía a Cosquín para declarar. Su hermana viajó desde Buenos Aires para presentar recibos de sueldo, documento de la sociedad de un hostel del que Pablo es copropietario, recibos de expensas del departamento, y demás.

Ese día llegaron los antecedentes desde Buenos Aires, libres de cualquier acusación previa. Pero faltaba que la misma Policía de Córdoba entregara “una planilla con los antecedentes en la provincia”, que tampoco había, recuerda el protagonista de la historia.

Siete días preso estuvo Pablo. Lo largaron de la Alcaidía de Carlos Paz a las 2 de la madrugada del sábado siguiente. Al abrirle la puerta de la celda no le entregaron nada de lo que le habían secuestrado en el ingreso a ese mismo lugar.

Pablo asegura que él firmó una autorización para que peritaran el teléfono, dado que inicialmente había sido acusado de narcotraficante. Le dijeron que en un mes le iban a enviar una notificación para que recuperara sus pertenencias. Eso jamás sucedió.

En la noche que lo largaron, a Pablo le dijeron que allí no había pertenencias suyas. Indocumentado fue a la comisaría de Bialet Massé a consultar y le dijeron que no. Fue a la de Cosquin y le respondieron lo mismo. Sus cosas estaban en la Alcaídia de Carlos Paz.

A Pablo le devolvieron los cordones de sus zapatillas y el cinturón. Nada se supo de los cinco mil pesos que tenía en la billetera, con lo que iba a financiar todo su viaje dado que había ido en auto. Y mucho menos, el teléfono importado.

“Me boludearon porque soy porteño”, lamenta Pablo en diálogo con La Voz. “Sufrí un maltrato terrible. En joda me decían ‘de esta noche no pasás’. Fueron siete días infernales, sin comer, sin dormir y sin poder ir al baño por miedo”, recuerda el periodista.

La Fiscalía de Cosquín terminó cambiando la carátula de la causa de una acusación por presunto narcotráfico a una por tenencia simple de estupefacientes para consumo personal. Pero, a casi un año, Pablo sigue esperando que la Policía le devuelva lo que le pertenece.

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