Esta noche arribarán a Fiambalá los restos del montañista cordobés

Casi 72 horas demandó la tarea de rescate del cuerpo de Emilio Sella (37), el montañista de Jesús María que perdió la vida a 5.900 metros de altura en el volcán Nevado Ojos del Salado, en la cordillera catamarqueña. Según confirmó Jonson Reynoso, un comunicador de Fiambalá con experiencia en montañismo, los restos del joven…

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Casi 72 horas demandó la tarea de rescate del cuerpo de Emilio Sella (37), el montañista de Jesús María que perdió la vida a 5.900 metros de altura en el volcán Nevado Ojos del Salado, en la cordillera catamarqueña. Según confirmó Jonson Reynoso, un comunicador de Fiambalá con experiencia en montañismo, los restos del joven escalador arribarían a la localidad entre las 20 y las 21 de este viernes.

El fiscal de la 5ª Circunscripción Judicial con asiento en Tinogasta, Jorge Barros Risatti, ya indagó a todos los excursionistas que acompañaban al joven fallecido y esperará los resultados del peritaje forense antes de decidir si toma alguna resolución respecto de ellos. Por el momento, la causa ha sido caratulada como muerte de etiología dudosa.

Vale recordar que, alrededor de las 4.40 del martes, cinco de los seis integrantes de la escalada iniciaron el último tramo del ascenso para hacer cumbre. La tarde anterior, Sella había decidido desistir de acometer con esa empresa y, según refirieron sus compañeros, se encontraba cansado, pero de buen ánimo. De hecho, ese martes se levantó, los saludó animadamente, los alentó y les dijo que los esperaba en el campamento para celebrar el regreso. Ese festejo nunca se dio. Al llegar sus compañeros, ya estaba muerto.

Tomaron la decisión de no movilizar el cuerpo y de dar aviso a la Policía. Primero, lo hicieron con una transmisión satelital que fue captada por Reynoso y después personalmente en la comisaría de Fiambalá.

No bien se anotició del hecho, el fiscal Barros Rissatti les pidió a los excursionistas que se quedaran en un refugio de montaña y les tomó declaración durante la jornada del jueves en Tinogasta. El guía de la excursión, Sebastián García, fue el único de los integrantes que se quedó todo el tiempo, excepto cuando declaró, junto al cuerpo de Sella y esperando que se pudiera concretar el rescate.

Según informó el diario El Ancasti, de Catamarca, el equipo de rescatistas que partió el miércoles no pudo completar la tarea porque dos de los integrantes de la comitiva se descompensaron. Por ese motivo, se decidió el retorno a Fiambalá.

El segundo intento, que se desarrolló desde la madrugada de hoy y a lo largo de toda la jornada, demandaba unas cuatro horas de ascenso hasta el sector donde se iba a producir la extracción del cuerpo. Una vez que hayan regresado a Fiambalá, se llevará a cabo la autopsia para poder determinar las causas de la muerte.

Una topografía difícil

Entre Tinogasta y Fiambalá median 50 kilómetros, y entre Fiambalá y la zona a la que pueden acceder vehículos de doble tracción antes del ascenso al volcán, otros 160 kilómetros.

Se trata de un suelo volcánico en el que hay muchísima piedra suelta –piedra pómez, entre otras– y donde los senderos muchas veces son los que van marcando las mulas. Hay un curso de agua en una zona que se llama Aguas Calientes y ya en el último tramo el líquido que se puede consumir es el que se derrite del hielo y de la nieve.

Un dato histórico llamativo tiene que ver con la primera incursión exitosa por parte de una delegación argentina a la cumbre del volcán. Ocurrió en enero de 1958 y esa delegación estaba repleta de cordobeses, entre ellos Daniel Powell, que tenía 17 años y estudiaba en el Colegio Nacional de Monserrat. Fue literalmente una locura lo que hicieron. No tenían vestimenta adecuada, ni equipos de comunicación, y tampoco estaban bien provistos de alimentos y de agua.

Pero lo curioso es que en esa primera incursión exitosa se perdió el también cordobés Alberto Angeleri, de Almafuerte, quien estuvo 10 días extraviado, sumó 12 días sin comer, tuvo alucinaciones y necesitó de 13 operaciones al retornar. Perdió varias falanges de los dedos de sus pies, mientras luchaba por su vida.

Cincuenta años más tarde, cuando Angeleri tenía 77 años, decidió festejar su cumpleaños en el mismo lugar por el que vagó extraviado en aquel enero de 1958. Un sobrino de Angeleri, Maximiliano, contó esa epopeya con los protagonistas en un documental de 2011 que lleva por título Aquí estoy.

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Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 6/03/2021 en nuestra edición impresa.