¿El fin de los compositores?: la industria de la música factura cada vez más, pero ellos ganan cada día menos

Días atrás, la publicación del reporte global anual de la IFPI (Federación Internacional de la Industria Fonográfica), correspondiente al año 2020, mostró un nuevo aumento en los ingresos del sector. Sin embargo, los beneficios de la industria no estarían llegando a los compositores. Como en tantos otros órdenes del mapa económico, la teoría del derrame queda…

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Días atrás, la publicación del reporte global anual de la IFPI (Federación Internacional de la Industria Fonográfica), correspondiente al año 2020, mostró un nuevo aumento en los ingresos del sector. Sin embargo, los beneficios de la industria no estarían llegando a los compositores.

Como en tantos otros órdenes del mapa económico, la teoría del derrame queda sepultada por la evidencia de un reparto desigual, donde suelen ser siempre los mismos pocos quienes se llevan la mejor tajada de la torta y distribuyen las sobras.

Por eso, cientos de autores firmaron una carta abierta titulada “Pay Songwriters” (Páguenle a los compositores), pidiendo un mejor tratamiento financiero de los sellos discográficos para los verdaderos creadores de la música.

Los artistas apuntaron a las compañías, que están montando “una marea de éxito impulsado por streaming”. Ese éxito se evidencia por las cifras que presenta el informe, que mostró que a pesar de la pandemia los ingresos mundiales de música grabada aumentaron un 7,4% en 2020.


Giorgio Moroder es uno de los nombres de gran relevancia que aparecen entre las firmas que respaldan el reclamo.

Ese porcentaje estuvo sólo ligeramente por debajo del 8,2% que alcanzó en 2019, con un aumento en los ingresos por streaming de hasta casi un 20% de un año a otro.

El texto fue firmado por docenas de compositores, productores y ejecutivos, entre ellos el británico Andrew Lloyd Webber, creador de musicales como El fantasma de la Ópera, Jesucristo Superstar y Evita; el italiano Giorgio Moroder, pionero en el uso de los sintetizadores.

También figuran en la lista los nombres de artistas como Jewel, Jimmy Hogart, Matt Chamberlain, Paloma Faith, el guitarrista de la banda de Paul McCartney Rusty Anderson y la cantante Siedah Garrett.

La carta, emitida por la Ivors Academy of Music Creators, con sede en el Reino Unido, fue encabezada como “Una carta abierta a los sellos discográficos”, y comienza con la sinopsis que sintetiza el espíritu del reclamo.

“Necesitamos un modelo sostenible de compensación para los escritores de música que reduzca el riesgo de que los escritores abandonen el negocio o tomen un segundo trabajo debido al aumento de los costos de operación”, dice.

“Todos sabemos en qué medida se confía en los compositores, no sólo para las canciones, sino para la inspiración, dirección y desarrollo dentro de la industria de la música contemporánea”, señala la misiva.

Para seguir: “Los artistas emergentes a menudo se ponen en manos de los compositores primero. Estos creadores realizan una enorme inversión personal y profesional en cada artista que camina a través de sus puertas”.

100 mil streams no pagan ni un café

Y sigue: “En el pasado, los compositores han cosechado grandes recompensas por su trabajo, y de hecho muchos aprendieron su oficio cuando esto todavía era la norma. Tristemente ya no”.

Entonces, los números son contundentes: “100 mil streams de una canción no cubren el precio de una taza de café. Un compositor podría tener muchos millones de streams y todavía ser incapaz de alquilar un departamento en la ciudad donde trabaja”.

La carta establece una comparación con tiempos pasados, y apunta a la falta de incentivo para desarrollar la actividad.

“Podemos ver que la industria discográfica ha experimentado un gran aumento en los ingresos mientras que las ganancias de los compositores se han derrumbado. Hay un peligro de que podamos perder toda una clase de escritores antes de que la gente realmente comprenda la situación”, advierte.

Y concluye: “Necesitamos un modelo sostenible de compensación para los escritores de música que reduzca el riesgo de que los escritores abandonen el negocio o asuman segundos trabajos debido al aumento de los costos de operación.”

En ese sentido, los firmantes proponen un par de opciones como un pago diario y una participación en la “propiedad” de su obra, a favor de quienes son, en definitiva, los primeros responsables de ese producto que finalmente llega a los oídos de millones.

Ahora, la pelota está en el campo de los ejecutivos, quienes deberán evaluar si acceden al pedido de examinar la propuesta y adoptar medidas al respecto lo antes posible. O si los algoritmos terminarán por arruinarlo todo definitivamente.

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E.S.

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